Mi primera construcción con Techo (y lo que significó para mi)

Por Agustín Fernandez Madero (*)

Mi primera casa para Techo

Era el fin de semana largo de octubre del año 2011.

Yo venía con mucho trabajo en la agencia de publicidad donde trabajaba, teníamos una presentación importante para un cliente grande que queríamos ganar. Mi cabeza estaba en cualquier lado, quería que me vaya bien.

Por cosas del destino, unas semanas antes me había anotado para construir con TECHO, en ese entonces Un Techo para mi País. Nunca había participado de una actividad de ese estilo, pero yo era voluntario del área de comunicación. Así que más o menos entendía con lo que me iba a encontrar. O por lo menos eso pensaba.

Viernes a la noche y ya estábamos en el asentamiento donde íbamos a construir. Éramos casi 100 voluntarios, durmiendo en una escuela de IAPI, Bernal.
Nos repartieron a todos un pedacito de una foto recortada con un número detrás. Nos juntamos 6 voluntarios, que nunca nos habíamos visto la cara, en una mesa, todos con el mismo número. Mi recorte de la foto eran los pies en el aire de una niña, sobre un fondo que no se distinguía qué era.

“Por qué me anoté este fin de semana largo, quién me manda acá”, pensaba. Mientras mis compañeros se presentaban, uno ordenaba todos los recortes de la foto en el medio de la mesa. Yo miraba, todos hablaban y mi cabeza poco a poco fue entendiendo. Era una madre sosteniendo a una niña, mi foto eran los pies de ella.

A un costado estaba otra nena más, con dos chicos que parecían ser sus hermanitos. Era una familia, la familia de Mabel. De repente dije en voz alta: “AH, ¡es a la familia a la que le vamos a construir!”. Todos mis compañeros me miraron como si fuese un idiota. Y lo era.

Después de esa construcción pasaron muchísimas más. Más barrios, más familias, más historias únicas y fotos recortadas. Pero siempre me voy a acordar de Mabel y su historia. Los almuerzos que compartimos, el esfuerzo que pusimos todos, las sonrisas, las risas, la entrega.

Ese fin de semana fue mágico, cambió mi vida. Porque una vez que se une la foto en tu cabeza, no hay vuelta atrás. No sos vos, él o el otro: somos todos. Y solo juntando todos los pedacitos de la foto cortada, vamos a tener la imagen completa.

5 años después volví a visitar a Mabel. Recordé en el momento la timidez de su mirada, lo tierno de sus abrazos, lo fuerte de sus pocas palabras. Me contó que los vecinos, mala junta de su hijo, le prendieron fuego la casa. Le prendieron fuego todo lo que tenía. La convencí para que solicite la entrevista que TECHO hace previo a asignar vivienda de emergencia, o por lo menos espero haberlo hecho. La abracé fuerte, le dije que la quería.

Mabel, tu historia es fuerte. Vos fuiste la persona que me abrió las puertas de tu casa para que se me abra la cabeza. Yo no voy a bajar los brazos, porque vos no los bajás. Vos no sabés todo lo que significás para mí y nunca voy a poder devolverte todo lo que me diste. Ese fin de semana construiste en mi algo más grande que una casa, más fuerte que un refugio y más cálido que un hogar. Construiste la esperanza de un país más justo y sin pobreza.

 

(*) Mi nombre es Agustin Fernandez Madero, latinoamericano nacido en la provincia de Buenos Aires. Y me siento como Penélope en la Odisea. De día trabajo para los malos: soy Redactor Creativo Senior y pasé por grandes agencias de publicidad en Argentina. En mi tiempo extra destejo: soy voluntario en TECHO Argentina; pasé un tiempo en Prójimo, una agencia en el asentamiento La Cava; y hasta tuve la oportunidad de trabajar con hermosas organizaciones como Greenpeace.

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