Sergio Federovisky también le responde a Clarín.

Parece que no soy el único enojado con la postura de Clarín en cuanto a los vecinos de Gualeguaychú. Hace un par de días, yo respondí a Ricardo Roa desde mi post “Estados Paralelos”

Sergio Federovisky, desde su newsletter “Ambiente y Medio”

Papeleras: se horrorizan por la “novedad” del peaje

Difícil será saber si se trató de una operación en contra de los asambleístas o de la habitual decisión de Clarín de hacer como que algo se descubre sólo cuando se publica en la tapa de ese diario. No obstante, sorprendió que el gran matutino argentino resolviera informar desde su portada, en condición de noticia exclusiva, que los asambleístas que mantienen cortada la ruta que una a Gualeguaychú con el puente que cruza a Fray Bentos desde hace catorce meses otorgan una suerte de pasaporte para que quienes precisan atravesar el paso por cuestiones laborales, principalmente, no tengan que explicarlo cada vez que enfrentan a los ambientalistas.

¿Qué suponía Clarín, que nadie jamás había necesitado sortear el corte? ¿Qué cuando esto ocurría los asambleístas prestos se disponían a escuchar una y otra vez la explicación de quien precisaba atravesar el corte?

Lo notable es que el gran diario argentino se horroriza con la “ilegalidad” que supone que los vecinos de Gualeguaychú que mantienen cortado el paso al Uruguay desde hace más de un año entreguen una especie de credencial que habilita el paso a quienes lo han justificado suficientemente. Más curioso es que el propio Clarín considere que “apenas” es ilegal ese pasaporte y no el hecho mismo del corte, que es el elemento que le da cabida a esa otra –y posterior- ilegalidad.

En realidad, miente aquel medio o aquel periodista que estuvo cubriendo el conflicto de los últimos tres años y no sabía que los asambleístas resolvían discrecionalmente quién atravesaba el corte y quién no (y en definitiva, de eso se trata ese “pasaporte”: de la decisión unilateral de hacer ciertas excepciones a la medida destinada a boicotear al Uruguay). El propio jefe de gabinete, Alberto Fernández, en una exposición complicada pues admitía una gruesa ilegalidad de origen, reconoció que “el asunto no es nuevo”, lo que no obstante, no explica por qué el gobierno no actuó antes.

Incluso Romina Picolotti, desde el exterior, señaló que “el reclamo es legítimo” y que los asambleístas “protestan a su modo”, configurando una nueva justificación oficial a una ilegalidad. Lo que no parece entenderse demasiado es por qué esos mismos funcionarios no razonan de la misma manera cuando la gente de Gualeguaychú pretende bloquear la salida de Buquebús: siempre las fuerzas de seguridad impidieron esa forma de lucha, y ningún representante del gobierno –ni siquiera Picolotti- salió a respaldarlo sosteniendo que “protestan a su modo”.

En todo caso, habrá que concluir una vez más que el encapsulamiento de la protesta frente a Fray Bentos, con la modalidad que se adopte, será tolerada por un gobierno que evaluó que sería mayor el costo de impedirlo que el que se paga por permitir el eterno corte sobre la ruta. En cambio, una protesta del mismo tenor de un corte de ruta en plena ciudad de Buenos Aires, destinada a impedir que la clase media porteña se desplace cómodamente hacia Punta del Este no es sopesada de la misma manera por el gobierno.

La novedad, si es que puede calificársela de tal, es el mensaje que la gente de Gualeguaychú le trasmitirá a la presidenta Cristina cuando finalmente se vean las caras esta semana. Demás está decir que los asambleístas no confían demasiado en la palabra de la presidenta y por eso viajan a Buenos Aires dispuestos a anticiparle que no acatarán el fallo de la Corte de La Haya en caso de que sea desfavorable para la Argentina (como todo parece indicar) y avale la permanencia de Botnia del otro lado del río Uruguay.

¿Seguirá Cristina diciendo que “todo se resume en La Haya” y que nada se podrá hacer si no se demuestra que Botnia contamina?

Junto con su desmesurado elogio a la metodología de lucha elegida por la gente de Gualeguaychú, Picolotti informó de la existencia de un monitoreo llamado “plan de vigilancia ambiental” que es de una “seriedad y aptitud inéditas”.

Sin embargo, no indicó si esa evaluación está indicando una alteración del ambiente por parte de Botnia desde su puesta en marcha, y puede inferirse que no, puesto que de lo contrario Picolotti hubiera sido la primera en afirmar que la pastera está vulnerando los estándares permitidos para los distintos contaminantes estudiados.

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