Fotos con una mirada distinta del mundo.

Chicos carenciados de entre 10 y 20 años aprenden a “mirar y mostrar las distintas realidades de sus vidas” gracias a los talleres que dicta la Fundación Ph 15 en Ciudad Oculta y Boulogne. Los cursos, de 4 años, les permiten obtener una salida laboral e incorporarse como docentes a los talleres. Sus obras fueron editadas en un libro y recorrieron muestras grandes y chicas de todo el país. La idea es extenderse en otros barrios.

Israel Nieves


Desde el centro comunitario de su propio barrio, hasta el Palaise de Glace; desde una escuela del conurbano bonaerense hasta las páginas de un libro de 80 páginas.

Las fotografías de los chicos recorren distintas exposiciones y también cruzan fronteras: por caso, desde el 1º de noviembre y hasta el 7 de diciembre, sus obras podrán conocerse en la ciudad de Rosario, en el Museo de La Memoria. Pero no sólo aprenden y fotografían, también venden sus obras y los ya graduados se suman a la docencia, dictando talleres en escuelas del conurbano bonaerense.

“También participan de otros talleres que ofrecen artistas y personas que se acercan a ofrecerlos; ya hicieron talleres de escritura, de cómo nutrirse mejor, de relevamiento del espacio público donde viven… Todo lo que ellos desean hacer”, explicó Moira Rubio, codirectora y docente de Ph 15.

“Ellos fueron quienes decidieron empezar con esta iniciativa, y son ellos quienes deciden todos los proyectos a emprender”, agregó. En efecto, Ph 15 nació en 2000 gracias a la inquietud de un grupo de chicos de Ciudad Oculta, que querían aprender fotografía.

El fundador de la Fundación comenzó a dictarles algunas clases y con el paso del tiempo, esta iniciativa se fue consolidando. Hasta el año pasado, todas las actividades eran realizadas por fotógrafos y docentes voluntarios, a pulmón, hasta que obtuvieron una donación parcial de la Fundación Panamericana. Desde entonces, los talleres se extendieron a Boulogne, a través de una alianza que realizó la Fundación con la organización Crear Vale la Pena.

Tienen proyectado seguir abriendo talleres en otros barrios carenciados. “La idea es hacerlo vinculándonos con organizaciones de cada lugar, que conocen bien sus problemáticas y necesidades, para adaptar los talleres a su realidad social”, destacó Rubio. Hasta el año pasado, la duración del curso era de dos años, pero con la donación pudieron incorporar dos más.

“El primer año es sólo de expresión fotográfica y los chicos se inician con una cámara plástica básica, sin automatismo. Y una vez que aprenden a producir les enseñamos el lenguaje fotográfico”, explica Rubio.

En 2º año, los chicos comienzan a incursionar en la técnica fotográfica, con una cámara manual, y en el revelado de fotos en el laboratorio del que disponen en el centro comunitario, pero sólo en blanco y negro por una cuestión de costos. “Este año se abrió tercero, en el que incorporamos fotografía digital y la enseñanza de programas de manejo de imagen, como photoshop, que les permite tener una salida laboral más amplia.

En 2008, se abrirá un cuatro año, con enseñanza de video, para que obtengan una formación audiovisual”, contó Rubio. Además, cada vez que los chicos de Ph 15 son invitados para exponer sus obras en el interior del país, también se dictan talleres cortos de fotografía estenopeica, una técnica que “consiste sacar fotos con cámaras armadas con cajas o latas”, según explicó Rubio. Es decir, en los talleres se les enseña a los chicos a construir sus propias cámaras de fotos, a sacar algunas fotografías y a revelarlas en el mismo lugar, porque el procesamiento no necesita más que de un cuarto oscuro.

“Es una experiencia buenísima porque desmitifica esto de que sólo se pueden sacar fotos con una supercámara. Luego, las fotos que surgen de ese taller se cuelgan junto con las obras de nuestros chicos de Ph 15”, señala Rubio. La experiencia de estos talleres, que duran entre dos y cuatro días, también se llevan a escuelas de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, y son los mismos chicos ya graduados de los cursos de Ph 15 quienes los dictan.

“Pero la fotografía no lo es todo en los barrios carenciados; es más bien una excusa, porque a partir de los talleres y el trato cotidiano con estos chicos surgen muchas otras problemáticas que también tratamos de solucionar. Por eso, además de un grupo de docentes de fotografía, Ph 15 cuenta con una red de amigos y voluntarios de todas las profesiones, que están dispuestos a ayudar”, cuenta Rubio. Desde psicólogos y maestros que dan clases de apoyo escolar hasta médicos… Ph 15 está allí, para acompañarlos.

Actualmente, los talleres de Ph 5 en Ciudad Oculta cuentan con 30 alumnos, y los de Boulogne con 9. Las clases se dictan todos los sábados por la mañana en el centro comunitario de cada lugar.

Mientras tanto, el libro “ph15: fotografías por chicos de Ciudad Oculta” se vende en varias librerías para financiar la actividad. Se trata de una edición de 80 páginas a todo color, que contiene las obras de todos los alumnos de los talleres.

¿La meta más ambiciosa? Hacer una exposición conjunta con los chicos que forman parte de este tipo de talleres en los países de Latinoamérica.

“Tenemos los contactos e intercambiamos fotografías constantemente, pero nos falta el financiamiento y la logística. Algún día lo lograremos”, concluyó Rubio.

Pablo Danese
Pablo Danese

Pablo Danese

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Morena Sosa
Morena Sosa

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