Beatriz Sarlo escribe sobre Borges


Sabemos que Borges no buscó ser el Escritor Nacional. Borges no quiso ser canonizado, ni quiso ser santo.

En realidad, Borges fue Borges porque trabajó contra todas las formas mayores de la literatura. Ya en la década del veinte, cuando él, como el siglo, tenía poco más de veinte años, conocía los riesgos que acechan a una literatura nacional en un país periférico: el regionalismo pintoresco, el entusiasmo retórico para afirmar una voz propia que todavía no se tiene, el folclorismo nostálgico o la literatura de tesis que explique al mundo nuestra peculiaridad. En una palabra, Borges conocía los riesgos del modernismo, que todavía no había pasado del todo, y del latinoamericanismo, que entonces se respiraba en el aire de los tiempos.

Contra todo esto escribió Borges. Lo que hizo fue una operación irónica: ya que los argentinos somos una versión menor de las naciones mayores, ya que hablamos una forma &quotmenor” del español, ya que hemos llegado con algunos siglos de retraso a las bibliotecas de Occidente, transformemos estos rasgos obligados en una elección. Quiero decir: dupliquemos la apuesta, convirtamos a la marginalidad de origen en una marginalidad que se elige.

Para Borges, la pretensión más ampulosa (y, en consecuencia, más ridícula) de un escritor argentino consistía precisamente en errar este reconocimiento. Como una compadrada, Borges elige aquello que no puede rechazar. O, si se quiere más trágicamente, acepta su destino. Eso le permite, en los años cuarenta, escribir dos o tres libros de relatos que son el momento clásico de su obra y la justicia poética los coloca entre los grandes textos de este siglo. Puede escribir El Aleph y Ficciones porque, antes, había triunfado en la escritura marginal.

Borges fue Borges porque se propuso escribir sobre un poeta menor, Evaristo Carriego, porque publicó en Crítica (un diario popular, sensacionalista y chantajista) los textos &quotmenores” de Historia universal de la infamia. Borges fue Borges porque se negó a las grandes poéticas de fin de siglo y de las vanguardias (se negó al modernismo, al simbolismo, al surrealismo) y buscó una voz en las líneas menores y en la literatura gauchesca. Sin duda, leyó todo. Pero un escritor no es todo lo que lee. Un gran escritor es, más bien, todo lo que rechaza de lo que lee. Todo lo que se niega.

Por eso, el tono de Borges es atenuado. Esas dobles y triples negaciones que se leen en sus textos son formas de la atenuación, de la afirmación indirecta, de lo que los ingleses llaman el understatement, una palabra que caracteriza más que ninguna otra a Borges: decir menos de lo que se quiere decir, contar menos de lo que cualquier otro hubiera contado. Cuando Borges recuerda, admirado, el pudor de unos versos de Enrique Banchs, podemos creerle porque el pudor, la negativa a mostrar del todo, es una marca original de su propia literatura.

Borges eligió lo &quotmenor” dentro de las tradiciones mayores: el policial, la reseña de libros, las versiones de otros textos, la traducción. Se hizo experto en disfraces (una estrategia que los menores usan para superar a los mayores) y por eso escribió ensayos que son en realidad cuentos, y relatos que tienen la forma del ensayo. Por eso también, Borges tuvo la astucia de las citas. Nadie más astuto, nadie más engañador en el uso de la cita: nunca pueden creerse del todo, nunca están en el lugar completamente adecuado y, muchas veces, parecen arbitrarias, puestas como para mostrar otra cosa. Las citas no son un aparato de pruebas, no son una red de seguridad en los textos de Borges. Las citas son, por el contrario, el lugar donde un escrito se fractura y corre peligro. Solo la prosa académica piensa que es fácil seguir adelante después de una cita.

Borges citaba para no escribir y escribía para citar. Ese gesto es humilde solo en apariencia. El elogio de la lectura, que hizo muchas veces, es el elogio de la cita. El uso de la cita fue un programa de relación con la literatura mundial de la que la Argentina era una zona mínima. Quizás esto Borges lo supo antes que ningún otro.

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