"A una mendiga pelirroja" por C. Baudelaire

Charles Baudeliere

Blanca chica pelirroja,

cuyo traje por sus rotos

la pobreza deja ver

y la belleza,

para mí, pobre poeta,

tu joven cuerpo enfermizo,

todo de pecas cubierto,

su dulzor tiene.

Llevás más galanamente

que una reina de novela

sus coturnos de velludo,

tus zapatones.

En vez de un harapo corto,

que un vestido cortesano

en pliegues cuelgue brillante

sobre tus pies;

que en lugar de rotas medias,

para el ojo libertino

en tu pierna un puñal de oro

reluzca aún;

que nudos mal apretados

muestren, para nuestra culpas

tus bellos senos, radiantes

como los ojos;

y que para desnudarte

tus brazos se hagan rogar

y auyenten con golpes pícaros

dedos traviesos,

perlas del agua más bella

sonetos del señor Belleau

por tus galanes esclavos

dados sin tregua,

pajes al azar prendados,

¡mil señores y Ronsares,

espiarían divertiods

tu fresca alcoba!

Contarías en tus lechos

muchos más besos que lises

¡y tus leyes serviría

más de un Valois!

-Vas en cambio mendigando

algún despojo caído

al umbral de algún Véfour

de encrucijada;

vas mirando de reojo

joyas de cuarenta escudos

que, ¡perdóname!, no puedo

yo regalarte.

Vete, pues, sin otro adorno

perfumes, perlas, diamantes

que tu flaca desnudez,

¡oh mi belleza!

De Las flores del mal (1857)

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