Polémica: Ley de Tierras, periodismo y pueblos originarios

¿Cómo reflejan los medios oficialistas y los opositores el debate sobre el proyecto de Ley de Tierras? ¿Qué tan profundo es el debate sobre las contradicciones de un modelo productivo que elige ocultar sus debilidades y que silencia la voz de algunos actores muy importantes? A estas preguntas intenta responder Darío Aranda en una nota publicada hoy en Página 12.

 

Campesinos

Medios de comunicación “independientes” y opositores, de un lado. “Militantes” y oficialistas, del otro. En ese maniqueísmo se ha transformado buena parte de los grandes medios de comunicación. Ambos denuncian, y silencian, según sus conveniencias económicas y políticas.

El proyecto de ley para regular la venta de tierras a extranjeros se suma a la lista de ejemplos que deja en evidencia a los grandes medios. El primer grupo publica editoriales y otorga espacios a quienes se oponen a regular la extranjerización porque, afirman, se estaría por “violar” la Constitución nacional. Desde la otra vereda se resalta el proyecto de ley como una gran cruzada nacional, casi presentada como si fuera la reforma agraria.

Es llamativo que, salvo excepciones, los periodistas de los grandes medios no consulten a un actor fundamental del territorio: campesinos y pueblos originarios.

Dirigencia política y formadores de opinión invisibilizan a los sectores populares de la Argentina rural. Influyen el desconocimiento o la discriminación de clase (o un poco de ambos). O, quizá, se los evita porque campesinos y pueblos originarios son quienes más claramente pueden dejar al descubierto que la extranjerización de tierras no es un problema central de Argentina, sino que el origen de sus pesares está en el modelo extractivo que es política de Estado, y donde agronegocios, megaminería, forestales y petroleras (sólo sus caras más famosas) cuentan con permanente apoyo mediático y gubernamental.

Pocos pueden oponerse a legislar sobre la venta de tierras a extranjeros. Mucho menos se opondrán quienes impulsan el actual modelo agropecuario, porque una ley de ese tipo no afecta ningún interés de los ganadores del modelo.

Regular la extranjerización de tierras no combate el corazón de la injusticia rural: la concentración de la tierra. Datos duros del INTA: el 2 por ciento de las explotaciones agropecuarias controla la mitad de la tierra del país. Mientras que el 57 por ciento de las chacras cuenta sólo con el 3 por ciento de la tierra.

Empresarios y gobiernos extranjeros no necesitan comprar tierras de Argentina para explotarlas según su necesidad.

El gobierno de Río Negro firmó en octubre de 2010 un acuerdo con China para sembrar 240 mil hectáreas. El gobierno de Chaco firmó un acuerdo en febrero último con un “fondo inversor” de Arabia Saudita para que explote 200 mil hectáreas del Impenetrable.

También son extranjeros, y no verán afectados sus intereses, empresas mineras, petroleras y forestales que controlan amplias extensiones de territorio nacional.

El principal problema de campesinos e indígenas no es la extranjerización, sino el modelo agropecuario. En 2001 se sembraron en Argentina 10 millones de hectáreas con soja. En 2010 se llegó al record de 19 millones de hectáreas, el 56 por ciento de la tierra cultivada.

El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Vía Campesina) estima un piso de 200 mil familias rurales expulsadas por el avance sojero. Las topadoras suelen estar al servicio de empresarios que –la gran mayoría de las veces– son argentinos.

El Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) planifica la política agropecuaria para los próximos nueve años. Y logró lo que ninguna otra iniciativa kirchnerista había logrado: obtuvo el apoyo (o al menos la ausencia de críticas) de medios opositores y también de medios oficialistas.

El PEA impulsa aumentar la producción granaria un 60 por ciento en los próximos nueve años. Llama la atención que los periodistas que durante la 125 tanto cuestionaron la sojización ahora no hayan alertado sobre el aumento de desalojos, desmontes y del uso masivo de agrotóxicos que provocará lo pautado en el PEA. Una premisa básica del periodismo es no ocultar la realidad. Los “daños colaterales” de la “Argentina líder agroalimentaria” (eslogan del PEA) recaerá sobre los sectores populares del campo argentino. A pesar de ello, la gran mayoría de los periodistas de grandes medios publicitan el PEA como un hecho auspicioso y, como de costumbre, ignoran a campesinos y pueblos originarios.

Cambió el diseño de LaNación.com

LaNación volvió a cambiar su diseño enfocándose ahora en un layout mucho más visual y con mucha preponderancia de las conexiones con redes sociales como Facebook, Twitter y GooglePlus, además de los tradicionales comentarios de sus lectores que están aún más destacados.

 

Lanacion.com

 

Además de las redes sociales tomaron la importancia de la personalización y en cada una de las notas de opinión incorporaron en un lugar muy destacado las fotos de sus autores, muchas de las cuales están incluso en la home del sitio.

¿Qué te parece el cambio?





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Tito, Ricardo Fort y LaNacion.com

Primero Tinellizaron la televisión, pero yo no me preocupé porque no era parte de la tele.

Después tinellizaron la política, pero no me importó porque yo no era político.

Más tarde fueron los diarios, pero yo no me asusté porque yo era periodista…

Ahora están golpeando mi puerta.

Blogueros y Twitteros, agarrense, porque su Timeline y sus post se llenaran piñas mediáticas entre el muñeco inflado y su guardaespaldas, que me acabo de enterar es la nueva estrella de la farándula argentina.

¿A que viene esta irrespetuosa versión del poema de Martin Niemoeller que hice? A la sorpresa que me encuentro al entrar a Lanacion.com y descubrir que una de las noticias principales del día es una entrevista con Tito. Ojo, no se trata de un reportaje inedito al lider comunista yugoslavo, sino una exclusiva al guardaespaldas de Ricardo Fort.


Tito Fort
El Guardaespaldas de Fort y La Nacion.com


¿Donde quedaron los días en los que los redactores de La Nación buscaban realizar proezas literarias y periodísticas para deleitar a los niños bien del Jockey Club? ¿Donde quedó esa aristocracia argentina que gustaba de ese diario de proporciones gigantes que solo podía ser leído en una mesa con la tranquilidad que tienen los que poco tienen que preocuparse por ganarse el mango con el sudor de la frente?

Más allá de su clara línea ideológica, cuya coherencia me parece de lo más respetable que tienen, siempre ha promovido cierto periodismo de calidad y de excelencia. Por supuesto que publicar entrevistas a Tito es mucho más digno que publicar las editoriales del amigo de los genocidas del proceso, Mariano Grondona.

Sin embargo, y cayendo en la frase hecha, la culpa no la tiene el chancho sino el que le da de comer. ¿Por qué? La nota en cuestión es la más leída del día en el portal del diario. Si entre todas las opciones que nos da Internet terminamos prefiriendo leer lo que piensa este muchacho es porque tenemos una sociedad con el bocho bastante frito.

Pero para terminar el post con algo positivo, le voy a regalar una idea para nota a La Nación. Hace bastante días hubo un conflicto con los trabajadores de la fábrica de Fort, y pocos medios dieron cuenta de eso. Sería interesante conocer en profundidad como viven, cuales son las condiciones de trabajo, que reclaman los empleados del tipo que más exhibe su riqueza por todos los canales de la TV Argentina.

Los invito a uds a dejar en los comentarios ideas para los redactores de La Nación.

Días sin Crítica

Crítica de la Argentina apareció el 2 de marzo de 2008 y pintaba para más.

No porque desde la tapa, con fondo rojo, anunciaba que el dire era Jorge Lanata; ni por el “gran-lanzamiento-gran” que tuvo a celebrities e intentos de celebrities trasnochando en la Facultad de Derecho; ni porque agotó “en un 95% su tirada inaugural”; ni porque después de tanto alboroto inicial “en Florida, a las tres de la tarde, vendían el diario a nueve pesos”; ni siquiera porque “cuando se terminó de imprimir el número uno en el taller, todos los obreros gráficos pararon para aplaudir”; tampoco porque “en sus primeros seis minutos de vida –la edición digital- recibió 460 comentarios”.

El diario prometía mucho más por todo eso junto y porque intentaba, cuando no independencia política, innovación periodística. Lo mejor fue, para mí, la grilla que permitía ir viendo cómo se armaba el diario del otro día y los blogs, que de la mano de “Fumado” y “La peleadora”, lograron por primera vez hacer una contratapa online.

Lo cierto es que Lanata había anticipado el final al segundo día. En la edición de lunes (la misma en la que se pueden encontrar todas las frases entrecomilladas del primer párrafo), Jorge cerró su columna advirtiendo: “ayer comenzó, verdaderamente, la construcción de este diario. Sólo podemos hacerlo juntos”. Un año después renunció y dijo que se había desprendido de las acciones (aunque parece ser que nunca estuvieron a su nombre). Por entonces, acusaron al diario de no respetar los derechos de autor de una fotografía histórica. Luego, de robarse una investigación. Meses más tarde, so pretexto de no tener pauta estatal, dejaron de pagar sueldos. Y hoy el diario no-ta-más (caput, c’est fini).


Nota: Donde dice “Intentá acceder más tarde” debería decir “este diario no pudo cumplir con el convenio salarial acordado dos meses atrás y luego de varios paros parciales sus trabajadores dijeron BASTA”.

Volver, ni a palos.

Yo lo vi.

Quizá vos también lo viste, o te lo contó algún amigo.

Si no tenías idea de esta campaña de Volver para dar lástima hasta la deshidratación por la crueldad de la Ley de Medios, tampoco creo que pudieras haberlo notado de otra forma. A pesar de su nostalgia, utilizando el miedo como estrategia empática para con sus televidentes, apelando a la memoria y al pasado (técnica utilizada también por el Gobierno K -recuérdese la frase de CFK en la que dijo, cargada de angustia y repudio, nos secuestran los goles-), difícil es notar algo de todo su discurso plasmado en la realidad.

Hoy, Volver renovó su imagen institucional y anunció novedades en su programación como la emisión de 099 Central o las películas La Puta y la Ballena y XXY. Lo único que veo es que Volver sigue en pantalla y el Grupo sigue aumentando sus precios, y mintiéndole a la gente sobre la realidad. Y este spot, sólo puede producir un revoltijo pútrido de desaprobación en el estómago.

Nuevo buscador de datos públicos mundiales

 

El periódico inglés The Guardian lanzó esta semana un motor de búsqueda de datos públicos mundiales. El objetivo es que todos los datos públicos de la administración estén indexados y disponibles para su reutilización.


World-government-data

 

Existen datos sobre varias áreas de investigación. En cada caso se especifica la fuente gubernamental y una valoración de calidad. Si el usuario adapta los datos ofrecidos para su visualización, por ejemplo en un mapa, o crea una aplicación en base a esos datos, puede enviarla y compartirla en esa misma página con otros usuarios.

 

Aquí por ejemplo pueden ver una búsqueda que hice referente a cambio climático.


La evolución del periodismo

Pepe Eliachev publica un interesante artículo sobre la evolución del periodismo luego de los cambios provocados por las nuevas tecnologías de la información.


Máquina de escribir


¿Colapsó el periodismo profesional? Hay fuertes indicios de que tal episodio esté sucediendo, o a punto de consumarse. Es una mirada que viene del norte, lo admito, pero los rasgos del fenómeno se detectan también entre nosotros.


¿Colapsó el periodismo profesional? Hay fuertes indicios de que tal episodio esté sucediendo, o a punto de consumarse. Es una mirada que viene del norte, lo admito, pero los rasgos del fenómeno se detectan también entre nosotros. Quien sostiene en este momento en sus manos esta columna impresa en papel no debe ignorar que para los centros neurálgicos del negocio mediático, la comunicación digital se presenta como superior al periódico tradicional, en casi todos los rubros.
Más sustancial, todavía, o al menos ésa es mi sensación, vamos hacia lo que Mark Bowden denomina “un mundo post periodístico”. Denomina así a un conjunto de valores y prácticas para los que el sistema de la democracia es, por definición, sólo una batalla incesante entre políticos.

¿Qué tiene que ver este mapa de situación con la muerte del periodismo? Es el producto de una evolución que pone en el centro de las decisiones no la honesta y paciente recopilación de hechos y datos para que “el soberano” se informe y pueda tomar decisiones. Por el contrario, ese mundo post periodístico se va nutriendo, sobre todo desde y gracias a Internet, de un universo infestado de convicciones políticas un poco flojas de sustentos fácticos.
Bowden sabe de lo que habla. Periodista profesional nacido en julio de 1951 en Missouri, es hoy colaborador permanente de Vanity Fair, y fue redactor del clásico diario The Philadelphia Inquirer de1979 a 2003. Ganador de numerosos premios (el periodismo norteamericano está lleno de galardones serios, permanentes y rigurosos, que se otorgan hace décadas, sostenidos por iniciativas privadas, algo que no ofrece la proverbial menesterosidad del aldeano y egoísta periodismo argentino), Bowden ha escrito, además, para Men’s Journal, The Atlantic Monthly, Sports Illustrated y Rolling Stone. Su libro Black Hawk Down: A Story of Modern War, best seller a nivel mundial, fue la base de una película en 2001, dirigida por Ridley Scott. O sea, el tipo no es un mediocre resentido que sangra por las heridas. Se define, a los 58 años, como un viejo periodista que se lamenta de lo que denomina una profesión “moribunda”, la del periodismo.

Hay en este alegato una fibra de inexorable verosimilitud, que en mucho sigue de cerca la situación del propio periodismo argentino, donde se están desarticulando las redes de experiencia y trayectoria que le dan sustento a las fuertes organizaciones periodísticas. Junto con los ominosos esquemas laborales que aconsejan y producen racionalizaciones pragmáticas, pero necias, se va produciendo un inevitable adelgazamiento de la sustancia informativa.
No sólo la juventud es consagrada como un mérito en sí misma, sino que, por el contrario, una evidencia mundial es que en varias organizaciones noticiosas ese recambio generacional implica aceptar que las nuevas promociones no sólo desdeñan voluntariamente historias y densidades precedentes, sino que incluso verifican que sus exhibiciones de inmadurez e ignorancia son bienvenidas, por omisión al menos, por sus empleadores.
“Mientras los medios están despidiendo periodistas a carradas, astutos operadores políticos se lanzan vorazmente a llenar los vacíos”, afirma Bowden en su memorable ensayo The Store behind the Story, publicado por The Atlantic en octubre de 2009, una revista mensual que se publica desde 1857 y a la que estoy suscripto desde hace apenas 22 años.

En su artículo, Bowden se define como un viejo reportero que se formó como tal recorriendo la calle a pie. Definitivamente, tanto él, estrella de un periodismo grande, como quien firma, que labora en el sur profundo del planeta en condiciones mucho menos estimulantes, tenemos una identidad generacional parecida. Aunque empecé a teclear mis notas en una computadora allá por 1976, en la redacción de The Associated Press que quedaba en el 50 Rockefeller Plaza de Manhattan, me formé en Buenos Aires revisando archivos repletos de recortes de diarios. La palabra google podría haber sido usada, entonces, para comercializar goma de mascar y la computadora, sin Internet, no nos resolvía ningún problema.
Nadie puede negar que hoy, para sacar a un reportero a la calle, hay que llevarlo con la fuerza pública. Googlear, copiar y pegar se ha convertido en adicción tóxica, a la que nos cuesta escapar incluso a los veteranos. Lo que ha sucedido es que, además de ser una herramienta poderosamente democratizante de la actividad periodística, Internet va demoliendo el esquema de funcionamiento que durante décadas permitió la existencia de organizaciones noticiosas consagradas a publicar diarios y revistas y a sostener programaciones de radio y televisión.

En su reemplazo han ocupado espacio los medios devenidos en propietarios de bienes raíces. Eso son las radios, señales de cable y canales de TV que fueron reemplazando sus emprendimientos periodísticos propios para arrendar espacios de cuyos contenidos se desentienden.
Los medios gráficos nutridos de profesionales probados y sólidos se van poblando de personal joven, mucho más barato, pero naturalmente limitado por su inmadurez agraviante.
Aun cuando me hicieron periodista a los 19 años, mis primeros jefes fueron Rodolfo Pandolfi, Enrique Raab, Esteban Peicovich, Oscar Delgado y Edgardo Damommio, profesionales que sabían mucho e inspiraban un respeto temible.
La llamada “blogosfera”, que hoy parece convertir en periodista a cualquiera, va esmerilando esa constelación de sabiduría, prestigio y espesor que tipificaba unas redacciones donde había escalafones y valores. Razona Bowden: “El periodismo, correctamente ejercido, es enormemente poderoso, precisamente porque no procura el poder, busca la verdad. Los que renuncian a él para contrabandear productos o candidatos o partidos o ideologías disminuyen su propio poder. Se pierden la parte más divertida de este oficio”.
Quisiera ser tan luminoso como mi colega del Atlantic norteamericano. Vistas las cosas desde aquí, me temo que la propia idea fundante del periodismo se nos escurre de las manos.


Fuente: Diario Perfil

Hadopi, la ley contrarevolucionaria que penaliza las descargas ilegales en Francia


Transcribo un artículo de Eliseo Verón, semiólogo y profesor plenario Universidad de San Andrés sobre la nueva ley francesa que penaliza las descargas ilegales.


Interesante para reflexionar sobre el futuro del derecho de autor y como las leyes tratan de regular, algunas veces, contra la voluntad de las sociedades y el desconocimiento total de los movimientos culturales que las generan y que a su vez, realimentan. El artículo fue publicado originalmente en el diario Perfil.


p2p


Las aventuras de Hadopi

A pesar de la globalización, el mundo de los medios de cada país sigue teniendo fuertes características propias, y cuando uno llega a un país extranjero (aunque se lo frecuente con cierta regularidad), siempre lleva unos días acomodarse a los temas dominantes en las tapas de los diarios, en la radio, en la televisión; familiarizarse con las modalidades de poner énfasis en cierto tipo de noticias, con los estilos de interpelar al receptor, etcétera.


Llegado a París hace poco más de una semana, me llamó la atención un tema cuyo clímax ya ha pasado, pero que fue central en los medios franceses durante siete meses, agitando profundamente a la clase política y produciendo fuertes polémicas: Hadopi.


Hadopi es la sigla de: Haute Autorité pour la Diffusion des œuvres et la Protection des droits sur Internet –Alta autoridad para la difusión de las obras y la protección de los derechos en Internet–. Hadopi acaba de ser promulgada como ley: después de un período de advertencias, se penalizará a los internautas identificados como autores de descargas ilícitas de material sometido a derechos de autor, con penas que pueden ir hasta la suspensión del servicio de Internet, aunque la decisión final quedará en manos de un juez y no de un servicio administrativo, como era el propósito inicial.


El proyecto atravesó innumerables episodios: varias idas y vueltas al Parlamento; el rechazo de su primera versión por el Consejo Constitucional (que es la Corte Suprema de Francia), debido a la inconstitucionalidad de varios de sus artículos; legisladores del oficialismo que se oponían al proyecto; conflicto en la oposición entre quienes lo apoyaban y quienes no y, como se puede imaginar, una tormenta permanente en la Red –se llegó a hablar de la telenovela de Hadopi–. Aquí el tema central es el entretenimiento, el consumo de música y video, pero la situación tiene bastantes puntos en común con la que se ha venido discutiendo, en las columnas de este diario, sobre el periodismo en Internet. En Rue 89, uno de los mejores sitios de periodismo electrónico de Francia, el bloguero Versac (Nicolas Vanbremeersch) ha explicado de una manera muy clara lo que está en juego: la cuestión de la creación de valor, tema de mi columna de hace quince días. Durante mucho tiempo los valores culturales han sido valores privados: cuando compro el soporte (libro, disco, imágenes grabadas), el bien me pertenece. El valor cultural creado se transforma en valor económico en el instante único en que compro el soporte, que no es reproducible por quien lo ha comprado. Internet desmaterializa las creaciones culturales y les otorga dos propiedades: no rivales (si yo gozo del bien, eso no impide que otro lo haga) y no excluyentes (a priori, nadie está excluido del goce).“Cuando un bien no es rival ni excluyente, se ha transformado en un bien público”, dice Vanbremeersch, evocando el ejemplo de una ruta. Los bienes públicos, dice Versac, se facturan indirectamente, porque “nadie ha encontrado la manera de hacer pagar directamente un bien público accesible libremente a todos”. Esta revolución cuestiona todo el ecosistema de la creación cultural y los fundamentos tradicionales del negocio del entretenimiento están desapareciendo. “Por ecosistema, insiste Vanbremeersch, no hay que pensar simplemente ‘empleo’ o ‘facturación anual’; de lo que se trata es de equilibrios, de la manera en que aparece y se concretiza la creación de valor.”


Hadopi es una ley contrarrevolucionaria y la defensa de los derechos de autor apenas un pretexto para defender, hasta cuando sea posible, un mercado destinado a desaparecer. El presidente de la comisión que preparó el proyecto de ley es el ex CEO de la Fnac, una de las principales cadenas francesas de venta de libros, discos y videos: flagrante conflicto de intereses. Y según parece, antes de ser votada, Hadopi estaba ya superada técnicamente: el P2P (peer to peer) está cayendo en desuso y los nuevos dispositivos de descarga de archivos que se están generalizando son cifrados: imposible identificar al internauta y tampoco el contenido del archivo que se descarga. Para enfrentar estos nuevos procesos, habrá que ejercitar la imaginación. Me permito una cita del último libro de Jacques Rancière, que acaba de aparecer y no tiene nada que ver con el tema: “Una fuerte tensión. Mucho trabajo en perspectiva para quien no quiere morir idiota. Y tanto peor para la gente cansada”.

“Hay masturbación narcisista”

ENTREVISTA CON EL ESPAÑOL-COLOMBIANO JESUS MARTIN BARBERO

“Hay masturbación narcisista”

El especialista en comunicación, invitado al Festival de Video de Rosario, criticó el escaso poder transformador de los medios y de los organismos culturales. Señaló, además, la “manipulación ideológica” que sufre la sociedad.

JESUS MARTIN BARBERO

Jesús Martín Barbero nació en España, aunque se radicó en Colombia desde su exilio de la España franquista.

Fue invitado para dar una conferencia en el XI Festival de Video de Rosario, donde Barbero explicó que muy distinto hubiese sido el pensamiento en la comunicación sin la unión que dio el exilio político de los que “descienden de los barcos” con los que descienden de los mayas, aztecas e incas. Barbero recibió también el título de profesor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario.

Se doctoró en Bélgica en 1971 en Filosofía y Letras, fue director de Comunicación de la Universidad del Valle en Cali (Colombia), ejerció la docencia en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente en Monterrey, México, fue presidente de la Alaic (Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación), miembro de la Felafacs (Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social) y ha publicado decenas de libros que se estudian en las carreras de Comunicación de América latina.

Barbero se refiere al poder de las ciencias de la comunicación para interactuar con lo que “sucede”.

–¿Cuál es el poder real de la comunicación para transformar lo que sucede?

–El discurso científico es una retórica incapaz de interpelar al FMI y al Banco Mundial si no hay instituciones mundiales que nos amparen, que tengan alguna clase de poder de decisión. Hay un bla bla bla baboso sobre el asunto de la diversidad, por ejemplo. No tenemos nada, es pura masturbación narcicista. Los idiomas se mueren en estos días, y no pasa nada.

Estoy pensando en otro tipo de organización cultural fuera de la Unesco, para que no pase lo que sucedió en la cumbre de la Sociedad de la Información, donde el Estado se fue borrando y quedaron las empresas conversando con los organismos sociales, las ONG. –Para colmo, frente a una gran ignorancia internacional de la superpotencia…–Existe un grupo íntimo dentro de los que rodean a George W. Bush que no es tan ignorante como parece. Susan Sontag lo escribió en un artículo muy interesante. Las fotos que aparecieron de Irak parecían una tortura más, pero los norteamericanos sabían bien las diferencias de los machos islámicos: desnudarlos ante una mujer en público era una forma de romper su estima.

Es como los campos de concentración de Hitler y familia. Ellos no fueron unos locos, tuvieron ingenieros, psicoanalistas. Tal vez tengan cierta clase de ignorancia histórica, pero sólo cuando necesitan tenerla. La manera en que robaron los museos de Bagdad es increíble, estoy seguro de que entre los soldados había antropólogos, arqueólogos. Las piezas robadas van aparecer en los museos norteamericanos dentro de poco. El mundo no ha encontrado una energía renovable para sostener el funcionamiento del planeta como el petróleo. Ni Colin Powell creía lo que decía en la última conferencia de la ONU antes de la guerra.

–¿Cuál puede ser el rol de los medios comerciales?

–El problema central es que los medios tradicionales tienen una visión monolítica de la sociedad. Los estudios de recepción han intentado meterse a pensar sobre lo que supuestamente la gente quiere ver en cine, donde la hegemonía norteamericana hace perder el sentido de la diferencia. En la Argentina está el asunto de los piqueteros, por ejemplo. Hay un grado de manipulación ideológica fortísima sobre lo que parece que es “lo que la gente quiere ver”, “lo que la gente siente”. No quiere decir que no haya una cierta convergencia en el sentir de la gente sobre la inseguridad urbana. Pero hasta en México, López Obrador, dirigente de izquierda, está pensando una reglamentación para las marchas de las grandes ciudades. Cuando se corta una ciudad completa se genera malestar, y muchos piensan que hay que buscar equilibrios entre derechos de unos y derechos de otros.

–¿El gobierno de Kirchner interactúa sólo mediáticamente?

–En muchas cosas me saco el sombrero con el gobierno de Kirchner, que se paró frente a los jubilados alemanes que invirtieron en bonos argentinos con tasas del 40 por ciento, y quieren recuperar la inversión. Pero hubiera necesitado un apoyo más fuerte para que el relanzamiento tenga repercusiones sociales concretas. Eso no se pudo hacer, se terminó la desestabilización, había expectativas en el origen de la desestabilización de la Argentina que quedó reventada hacia a la Argentina reinventada. Hay algo de verdad en la sensación de inestabilidad. Pero el discurso lo que hace es ocultar, olvidar el origen desestabilizador porque sirve a los intereses privados que movilizan esa inestabilidad.

–¿Se necesita más densidad mediática?

–Más densidad y opacidad. Lo de Beatriz Sarlo sobre Borges, por ejemplo, que dice que Borges une lo que la sociedad separa. Nuestros intelectuales piensan que los gustos populares son una mierda, les da asco al estómago. Después legitiman, argumentan, pero argumentan sobre el dolor de su propio estómago: los pobres tienen mal gusto, dicen. En Colombia logramos por primera vez hacer una encuesta nacional sobre los consumos culturales. ¿Sabe cuál salió el acontecimiento más importante para Colombia? El reinado de la belleza de Cartagena. Pero en vez de salir a decir “este país es una mierda”, ¿por qué no se preguntan qué está pasando ahí? Nunca se hace algo sin que conecte en algún nivel.

–Pero los medios tienen una responsabilidad, ¿o no?

Rambo I es culpa del productor, pero Rambo II… ¿de quién es culpa? Y el III, el IV, realmente remite a la sociedad. La TV tiene la culpa, entonces les suelo decir a las personas: enfrenten a la TV; pero todos se quejan y nadie hace nada. Aunque es cierto que hay una miopía de los editores, de no saber reubicarse en los países, hay una gran inercia. Una vez estaba en Roma dando una conferencia de la ONU y un director de publicidad me escuchó y me dijo: “Lo que usted dijo es una estupidez, quiero ayudarle a salir de ella. La publicidad no es paternalista, xenofóbica ni machista. Los publicistas sí somos paternalistas, xenofóbicos y machistas, pero no está demostrado que eso venda más”. Seis meses después salió la campaña de Benetton. Como dijo un norteamericano, los miedos refuerzan los prejuicios, pero son débiles para romperlos.