Australia: Gran avance contra las tabacaleras y su industria de la muerte

Sin duda el cigarrillo es uno de los asesinos silenciosos más letales de la humanidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) solamente en 2011 murieron más 5.000.000 de personas a causa del tabaco y 600.000 por tabaquismo pasivo.

Este flagelo, que es responsable de 1 de cada 10 muertes de adultos, es difícil de detener por los poderosos intereses que hay detrás que buscan evitar cualquier limitación de su desarrollo. Pero por suerte, estos mercaderes de la muerte, a veces encuentran gente valiente que les pone freno.

Cigarrillos-Malvoro

 

En Australia se aprobó una ley que establece que a partir del primero de diciembre próximo todos los cigarrillos de cualquier marca deberán venderse en un paquete verde oliva, que incluyan imagenes demostrativas de los efectos del cigarrillo en el cuerpo humano. Esta ley fue cuestionada por las empresas British American Tobacco, Britain’s Imperial Tobacco, Philip Morris y Japan Tobacco quienes decían que la ley era inconstitucional. Sin embargo, en un breve comunicado, el Tribunal Superior dijo que la mayoría de sus siete jueces creían que esta nueva legislación no viola la Constitución de Australia.

Las leyes están en consonancia con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y están siendo vistas de cerca por Gran Bretaña, Noruega, Nueva Zelanda, Canadá y la India, que están considerando medidas similares para ayudar a los fumadores en su lucha por abandonar la adicción.

El Fiscal General de Australia, Nicolas Roxon elogió el fallo expresando que este es “un momento decisivo para el control del tabaco en todo el mundo”.

Esperemos que esta buena noticia se extienda rapidamente a otros países y que avancen las medidas similares.

Fuente: Trust.org

 



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El tipo que murió al revés

Juan es un tipo que murió al revés. No murió ni boca arriba ni boca abajo. No murió de noche ni de día. Simplemente, murió al revés.

Siempre supe que Juan iba a morir así. Se lo dije hace unos años en un asado: “vos, de seguir así, vas a morir al revés”.

Juan se rió de mí, en verdad, todos se rieron de mí…. Pero lo cierto es que hace unas horas encontraron muerto a Juan, y claramente, estaba al revés.

Si me hubiera escuchado cuando se lo avisé, quizás ahora la historia sería distinta. Pero ya no hay vuelta atrás (ni adelante), es imposible enderezar a alguien que murió al revés.

Miren que experiencia no me falta eh… cómo muchos de ustedes sabrán, mi familia supo tener cocherías y velatorios. Así que algo del tema sé. Por eso, se lo avisé, de onda, de amigo. Pero no quiso escuchar.

Lo complicado, ahora, es encontrar un cajón para velar a Juan. No todas las funerarias están preparadas para alguien que muere del revés.-

Y después, el cementerio. Ahí la cosa se pone más fiera. Te quieren cobrar parcela doble, te empiezan con que no cuentan con el espacio suficiente, ni con la tecnología para darle reposo eterno a alguien que murió así.

Y la familia, desconcertada, opta por lo que parece algo más sencillo, pero que no es, cremar a Juan.

Y ahí, se vuelve a complicar todo. Horas y horas debatiendo si cremarlo o no, si las cenizas se las quedan o las tiran en la canchita dónde Juan jugaba a la pelota, o las llevan a Mar del plata, esa ciudad dónde Juan pasaba todas sus vacaciones. Y en el medio de toda esa discusión, algún cuñado mal habido, empieza a tirar frases cómo “mirá que venir a morirse al revés…éste Juan no te la hace fácil ni de muerto”, o la clásica “cómo hace alguien para morir y seguir complicándote la vida desde el más allá”. Y una tía de Juan, que no lo veía desde hacía nueve años, mira extrañada la forma del cajón y pregunta por lo bajo a su hija:

– che… ¿ Tan gordo estaba Juancito?

– No, mamá. ¿No entendés que murió al revés?

– Ah.- dice la tía que adopta una posición de yoga para lograr ver el cajón en toda su extensión.

En fin, mi amigo Juan murió al revés. Era un tipo común, pero, yo se la había vaticinado sin resultados.

Hoy, finalmente, creman a Juan, pese a la negativa del crematorio, ya que por la puerta del horno no pasa el cajón. Parece que decidieron hacerlo a la antigua… un colchón de madera, arriba el jonca y que arda todo en una hoguera.

La abuela de Juan no quiso saber nada con estar presente. Dijo que su nieto era Juan, y no Juana para que le anden prendiendo una hoguera.

La madre de Juan, por otro lado, me comentó que ella sabía que iba a terminar así.

Todos lloran a Juan, salvo su cuñado, que se está perdiendo el partido de Velez.

Yo me animo y me anoto para presenciar el asado, digo, el fuego.

Veo arder a mi amigo en su retorcida caja final y por dentro, pienso que debería haber sido más bueno con nosotros, con los suyos, y tener la delicadeza, al menos al momento de morir, de hacerlo del derecho. Pero que va, ya no importa mucho. Ya no. Chau, Juan.

Apóstoles (12 cuentos)

Andrés

Andrés nació el 3 de abril del 82. Ese día había amanecido nublado. Un cielo negro y cargado de humedad le indicó a Laura, su mamá, que Andrés vendría a este mundo. Pero la sensación era extraña, Laura siempre supo reconocer cuando las cosas no iban bien. No se equivocaba. No sobrevivió a las complicaciones del parto. Andrés estaba trabado en el vientre, eso dijeron. El papá queda fuera de este parto, estaba embarrado en Malvinas, matando ingleses.
Lo crió Pepa, su abuela materna. Ella vieja y enferma como estaba, hizo de madre y padre a la vez. Ella fue quién tomó la foto con la instantánea brasilera cuando él dio sus primeros pasos. Ella lo vestía a la mañana y lo desvestía a la hora de acostarse. Ella lo llevaba al médico cuándo le dolía algo. Ella le regaló su primer juguete, y su primer libro: Una Biblia para chicos. Ella fue, también, quién le habló del sexo, de los pecados, y de la poderosa manera de Dios de castigar a los pecadores La abuela Pepa fue quién le habló de Dios, Jesús y los apóstoles.
Ahí Andrés conoció a Andrés el apóstol…
El ejemplo fue claro: “Tu papá murió en la guerra por culpa de sus pecados”. Muchos años después Andrés entendería que en verdad su papá murió por los pecados de todos.
En el colegio era buen alumno, aunque poco participativo y muy callado. No tenía amigos, salvo su abuela, por eso en los recreos, miraba desde la ventana del aula cómo los demás parecían bestias recién salidas de una jaula tras años de encierro. Los envidiaba.
En un acto del 2 de abril la maestra le pidió que leyera un poema sobre las Malvinas. Andrés se negó sin dar demasiadas explicaciones. Ese fue su primer 1. Su primer mala nota. Su primer comunicado que empezaba con el Sres. Padres. en su cuaderno de forro azul.
Terminó la primaria con las notas más bajas del curso.
La secundaria lo recibió con otra muerte. Pepa murió de cáncer en su propia cama el primer día de clases. Andrés y sus 14 años dejaron de estudiar. Andrés ahora no sabía que hacer.
Una vecina le preparaba la comida, a cambio que él le mantenga el jardín en condiciones.
Un día la señora no abrió la puerta… Nunca más la vio. Andrés dejó de comer.
Murió a los 16 años encerrado en la misma habitación donde murió su abuela. En la misma cama donde noche a noche le hablaba y le preguntaba cosas, sin respuestas.
Se dejó ir. Allá, creía, lo esperaban sus papás. Se equivocaba.
Andrés fue el primer apóstol de esta historia.

Podés leer los otros cuentos de los apóstoles en

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