Emprendedores: ¿Qué falta para dar el gran salto?

Las condiciones económicas de la región son las más favorables de los últimos años. Hay un avance tecnológico constante, al que tenemos acceso de forma mucho más rápida que antes, todo el mundo mira a Latinoamérica como parte de la solución a la crisis global, entonces: ¿qué es lo que falta para que los emprendedores (y los emprendimientos) de base tecnológica de la región den el gran salto?

Innovación

A mi criterio, hay condiciones que deberían darse para el gran despegue, estas serian algunas:

  • Ser conscientes del cambio de paradigma: la era industrial forma parte del siglo pasado, están dadas las condiciones para poder iniciar emprendimientos acordes al nuevo paradigma desde su inicio que conlleven conductas no solo tecnológicas, sino también de métodos, organización y gestión de recursos humanos acordes a la era digital. Los nuevos emprendimientos deben crecer como organizaciones agiles, innovadoras, centradas y basadas en el cliente y en sus propios recursos humanos. Si se inicia un nuevo emprendimiento con los lineamientos estructurales de la era industrial se estará perdiendo la gran ventaja competitiva que significa nacer adaptados al nuevo modelo de gestión, sin necesidad de sufrir en transiciones, que si deberá tener una empresa tradicional.
  • Promover la inversión en emprendimientos de base tecnológica: la persona o asociación que esté dispuesta a invertir debe estar informada sobre esta opción de inversión. Tradicionalmente las opciones de inversión más comunes eran inmuebles, plazo fijo y algunos audaces también invertían en acciones o títulos públicos, y lo siguen siendo en el día de hoy. Debe fomentarse la inversión en estos emprendimientos como una alternativa más. Obviamente, que los emprendimientos de base tecnológica son riesgosos pero el beneficio / resultado es mucho mayor comparado con otro tipo de inversión y el riesgo puede minimizarse con un buen asesoramiento y eligiendo bien el o los proyectos en los que participar e invertir.
  • Educación universitaria: las universidades deben ofrecer la opción del emprendimiento a sus alumnos. Actualmente, los egresados de una carrera universitaria tienen dos opciones: emplearse en relación de dependencia o ejercer como investigador. Todos los programas deberían incluir materias (obligatorias u optativas) relacionadas con emprendimiento para poder dar esta opción al egresado. Otro cambio fundamental en las universidades debería ser la actualización de los programas de estudio, estos deben ser acordes a la época, por ejemplo, en algunas materias de administración todavía se siguen estudiando las escuelas pertenecientes a la era industrial (Taylor, Weber) y no se estudia a los referentes de la era digital (Gary Hamel, por ejemplo) o se los menciona muy escuetamente. Estos programas de estudio deben adaptarse a la realidad y al entorno de negocios que reina en la actualidad.
  • Creación de ecosistemas: la unión de todas las partes intervinientes es fundamental para el fomentar un ambiente emprendedor. Universidades, inversores, emprendedores, gobierno, todos deben estar en comunicación y compartir recursos para que crezca el sector y la capacidad emprendedora. Los nuevos emprendimientos son los que traccionaran el crecimiento de la economía de la región y es imprescindible la creación de ecosistemas donde estos puedan crecer y madurar.

Seguramente hay mas condiciones ideales que todavía faltan para dar el gran salto. Pero
considero que comenzando con estas cuatro se podrá iniciar un crecimiento que desembocara
en un cambio de modelo e inclusión de los emprendimientos de la era digital en la economía
latinoamericana.


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Emprender o no Emprender

Roger Cohen, fundador de Desarrollarme, un portal argentino que impulsa el desarrollo profesional, comparte con nosotros su visión sobre la aventura de emprender y da consejos para quienes estén analizando lanzarse a ese desafío.

Emprender o no

Existe una gran variedad de alternativas para obtener ingresos a partir de nuestro trabajo. Y si bien hay profesiones más propensas a desempeñarse bajo ciertas modalidades, prácticamente todas las carreras pueden traducirse en diversas formas de trabajo: relación de dependencia, profesional independiente, autoempleo, emprendimiento, empresa, etc..

¿Quién no quiere ser “su propio jefe”?

El independizarse no es para todos. Ni tampoco debería verse como un objetivo per sé. Lo importante es qué nos brinda a nosotros la relación de dependencia y qué nos brinda el trabajo independiente. De cualquiera de las dos formas se puede disfrutar o no, progresar o no, ser feliz o no..

Lo que queremos plantear acá es una arista clave del desarrollo de tu carrera profesional, que tiene que ver con la elección de la modalidad de trabajo más conveniente para tu propio proyecto de vida, a diferencia de la tradicional presunción de un único camino de desarrollo profesional posible.

¿Cuándo independizarme?

La gran ventaja que ofrece la juventud como etapa para lanzarse a la aventura de emprender, es que se tiene un menor costo de oportunidad; es decir, el sueldo y los beneficios (económicos, de reconocimiento, de supuesta estabilidad, etc.) que se deja de percibir al no trabajar en relación de dependencia, no es tan significativo como cuando se es más grande.

Al mismo tiempo, tampoco se tienen las mismas necesidades financieras, se suele tener menos o ninguna necesidad económica familiar, etc. Esto es importante para tenerlo en cuenta ya que a medida que vayas creciendo en tu carrera, te pesará más el costo de oportunidad. Y el “peor de los mundos” será aquel en el cual a pesar de estar siendo exitoso según los parámetros externos, te encuentre insatisfecho, frustrado y enojado con vos mismo por no animarte a salir de la zona de confort.

¿20 años de experiencia o 1 año de experiencia repetido 20 años?

El trabajo en relación de dependencia te permite aprender mientras te pagan. Pero la curva de aprendizaje se va achatando, y llega un punto en que esto deja de tener valor significativo para tu desarrollo. Inclusive puede suceder que el aprendizaje que estás adquiriendo sólo sirva para la realización de ciertas funciones en un número muy acotado de empresas y bajo circunstancias casi únicas. Si no es aplicable a otras circunstancias o empresas, ¿realmente estás adquiriendo un aprendizaje útil para vos?

Tené en cuenta qué aprendizajes generalizables te puede aportar tu puesto de trabajo. Por ejemplo, lo que aprendas respecto a administración del tiempo, gestión de proyectos, negociación, trato con el cliente, ventas, etc. te será útil para una gran variedad de oportunidades laborales o de negocios independientes.

Ingresos vs tiempo vs resultados

Salvo a tu jefe, al resto de la Humanidad no le importa cuántas horas le dedicás a tu trabajo, sino cuánto valor agregás con lo que hacés. Por ejemplo, ¿pagarías el doble por uno de mis cursos si te dijera que me costó el doble de tiempo prepararlo? El trabajo independiente puede permitirte desconectar tiempo y dinero. Pero no siempre. Por ejemplo, si tu trabajo independiente consiste en cobrar una tarifa horaria y la misma no depende significativamente de la calidad de tu trabajo o de tu habilidad comercial, dicha desconexión no se produce. Solamente estarás intercambiando la seguridad en cantidad de horas que te brinda el trabajo en relación de dependencia por la incertidumbre e inestabilidad que implica el flujo irregular de carga de trabajo de la modalidad independiente.

La seguridad que te brinda la relación de dependencia

Al trabajar en relación de dependencia, tenés la “seguridad” de recibir una suma predeterminada a fin de mes. Esto te permite planificar y hasta endeudarte, accediendo más fácilmente al crédito que si no tuvieras un trabajo en relación de dependencia. Sin embargo, cualquier inversionista sabe que poner “todos los huevos en una misma canasta” es un mal negocio. De buenas a primeras podés quedarte sin ninguna fuente de ingresos, ya que en menos de un minuto puede tu empleador comunicarte que estás despedido, cuando menos te lo imaginás. En cambio, si bien el trabajo independiente no te asegura una suma fija cada mes, podés construir una base de clientes y/o productos más amplia, que te permita diversificar riesgos. La probabilidad de que al mismo tiempo todos tus clientes se caigan o todos tus productos dejen de ser vendidos, es mucho menor que si solamente ofrecés un producto a un único cliente: tus horas de trabajo a un único empleador.

¿Por oportunidad o por necesidad?

En épocas de alta tasa de desempleo, es que mucha gente decide emprender un proyecto propio porque no encuentra otra alternativa para obtener ingresos; esto es lo que se denomina “emprender por necesidad”. Sobre todo sucedió en Argentina en la década de 1990, cuando la gran oleada de privatizaciones y cierres de empresas generaron una gran cantidad de personas desocupadas con un cierto capital disponible (proveniente de sus indemnizaciones). Pero gran parte fracasó porque si bien contaba con el capital, no contaba con la idea de negocio correcta, o no tenía las características emprendedoras requeridas para llevarla a cabo. Se supone que quienes emprenden por oportunidad y no por necesidad, tienen mayores chances de que les vaya bien. Pero esto no tiene por qué ser así; lo importante es si uno cuenta con lo que hay que contar para triunfar, independientemente de cómo se llegó a la definición de emprender de manera independiente un proyecto.

¿Motivado a escapar de la empresa anterior o a crear una nueva?

Muchas veces se llega a emprender o a trabajar de manera independiente como una salida necesaria a una situación insoportable en la empresa donde se trabajaba. El problema es que se puede llegar a reemplazar una prisión por otra si no se tienen en claro y se respetan ciertos criterios no negociables que buscamos en la independencia. Y esto es conveniente tenerlo claro de antemano. Por ejemplo, si te espantaba el tener que lidiar con atender clientes maleducados sin poder responderles como querrías, ¿qué vas a hacer diferente en tu nuevo emprendimiento que te permita darte el lujo de elegir clientes? ¿Vas a trabajar solo con unos pocos clientes? ¿Cómo los vas a captar y retener? ¿Por qué te pagarían tanto que con ellos solos podrías mantener y hacer crecer tu negocio? Si te aburría el trabajo monótono, ¿qué roles vas a ocupar en tu emprendimiento que van a mantenerte entretenido y al mismo tiempo estarás aprovechando realmente tus fortalezas al servicio de este nuevo negocio? Si te molestaba la cantidad de horas que debías trabajar, ¿cuán realista es tu idea de que de manera independiente vas a poder trabajar menos horas? ¿Estarías dispuesto a trabajar incluso más horas pero si a cambio lograras algo más de flexibilidad horaria?

Te sugerimos responder a estas preguntas:

• ¿Cuáles son las razones que te harían “escapar” de tu trabajo en relación de dependencia hoy en día, y qué grado de criticidad tienen para vos?

• ¿Qué alternativas existen para evitar las causas anteriores, sin trabajar de manera independiente?

• ¿Cómo harías para asegurarte, trabajando de manera independiente, que esas causas no existirán?

¿Tengo lo que hay que tener para emprender?

Para que el emprendimiento sea exitoso, hace falta contar con el capital necesario, contar con la idea de negocios adecuada, y contar con las características emprendedoras necesarias para lograr una implementación exitosa del proyecto. Con que falle cualquiera de estos tres elementos, alcanzará para asegurar el fracaso del emprendimiento. Muchas veces se pone el foco en las cuestiones externas: capital e idea de negocio, pero lo más crítico es el emprendedor. Con las características adecuadas, se consiguen las ideas y el capital para llevar adelante el emprendimiento.

Algunas de las características que Andy Freire en su libro “Pasión por Emprender” y compartimos: que el dinero no sea la principal motivación sino una consecuencia lógica de emprender exitosamente, elegir un emprendimiento que realmente nos apasione, estar dispuesto a trabajar duramente (embarrarse) en busca de resultados y no quedarte soñando, combinar el desarrollo del emprendimiento con un profundo proceso de desarrollo personal, buscar continuamente el aprendizaje sin creernos expertos en nada, y tomar siempre el rol de protagonista –y no de víctima- frente a los desafíos y obstáculos que se nos presenten.

Por último, te dejamos el siguiente ejercicio, que te puede servir para decidir tu salida de la relación de dependencia (o tu feliz permanencia): Imaginate trabajando de manera independiente. ¿Qué características buscarías en los siguientes aspectos y por qué serían importantes para vos?

  1. Cantidad de gente a cargo (estar solo, como profesional independiente, o liderar equipos)
  2. Cantidad de horas dedicadas, y en qué horarios
  3. Ubicación geográfica, viajes, ámbito, etc.
  4. Socios, equipo directivo (solo, con socios, de qué características, con empleados en cargos directivos)
  5. Capital invertido e ingresos a obtener a lo largo del tiempo
  6. Seguridad, estabilidad, diversificación de riesgo Roles a ejercer por vos, y su relación con tus fortalezas y debilidades
  7. Networking actual vs networking necesario
  8. Tu familia
  9. Impacto social

Una nota personal respecto a la relación de dependencia y el miedo a la libertad

La relación de dependencia nos brinda un marco en el cual en mayor o menor medida sabemos qué se espera de nosotros, tenemos un rol, un lugar, una “posición” (así se suele llamar a los puestos de trabajo, ¿no?). Puede ser que algunos empleados no estén conformes con lo que dicha posición implica, con sus jefes, con sus pares, con la remuneración, con los desafíos, etc..

Sin embargo, el solo hecho de ser parte en esa relación de dependencia, nos ayuda muchísimo, mucho más de lo que nos imaginamos: nos hace olvidar que estamos solos en la vida; que nacemos y morimos solos, que el mundo existía antes y seguirá existiendo después de nosotros..

Según nos explica brillantemente Erich Fromm , los humanos no toleramos esa sensación de soledad en el mundo, y la necesitamos tapar de alguna manera. Sin entrar en detalles -por mi desconocimiento intelectual y por exceder el objetivo de este apartado de la guía-, Fromm demuestra que tanto el sádico como el masoquista, lo son para solucionar este problema insoportable: ambos tienen una dependencia de la existencia de la otra persona, y así dejan de estar solos.

Otros ejemplos analizados por Fromm, son la esclavitud, cierto tipo de religiosidad, y la super-actividad frenética. Se trata de estar respondiendo a los mandatos de un otro, sea una persona o sea algo más abstracto como la “opinión pública”, las costumbres, etc.

¿Qué sucede cuando uno sale o intenta salir de la relación de dependencia?: uno gana en “libertad de”, pero si no encuentra rápidamente su “libertad para”, se enfrenta con este abismo insoportable y lo va a necesitar solucionar cuanto antes. (Estos dos conceptos de libertad son de Fromm.)

En nuestro ejemplo, nos liberamos de tener un jefe, de tener que cumplir un horario, de tener que compartir el almuerzo con gente que tal vez no queremos tener al lado, de realizar actividades que nos disgustan, etc.. Pero necesitamos también abrazar la libertad para buscar qué es lo que queremos hacer realmente con nuestra vida, qué sentido le podemos dar a nuestra existencia, qué queremos hacer con nuestro tiempo… Son preguntas muy difíciles de encarar, pero totalmente necesarias. Si no, de alguna u otra manera terminarás tapando ese abismo con las soluciones perjudiciales que cité antes. Inclusive podés dejar de trabajar para otros y simplemente haber reemplazado unas dependencias por otras -por ejemplo, si no tenés más jefe pero respondés a un estereotipo de emprendedor sin cuestionarlo).

¿Recomiendo a todo el mundo ser emprendedor? Para nada, si entendemos por emprendedor al no ser empleado. Lo único que puedo recomendar es a emprender la búsqueda de tu propia voz; a hacerte esas preguntas difíciles, aunque no encuentres nunca todas las respuestas. Y sólo si tenés bien en claro para qué vas a usar esa libertad, y si el mejor medio para alcanzar tus sueños es a través de un proyecto independiente, que lo emprendas.

Por otro lado, no descartes la posibilidad de que lo más conveniente para lograr tus sueños sea continuar trabajando como empleado. La libertad no pasa por quién te transfiere el dinero, si un empleador o un cliente; pasa por la coherencia que tiene tu día a día con tus características que te hacen un Ser Humano único e irrepetible.




 

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