¿Ébola y Sida? ¿Qué se puede aprender para luchar contra ambas enfermedades?

Leandro Cahn, Director de Comunicación y Recaudación de Fondos de Fundación Huesped indaga sobre las relaciones entre la lucha contra el ébola y la iniciada hace ya varias décadas contra el Sida. 

La Lucha contra el Ébola
La Lucha contra el Ébola

El nuevo brote de Ébola acapara los titulares de los medios del mundo. Ayer, el Dr. Thomas Frieden, Director del Centro de Control de Enfermedades de EEUU (CDC), comparó este nuevo brote con los inicios de la epidemia de sida en los ´80. “Será una guerra larga; en los 30 años que trabajo en el sector de la salud pública, la única cosa comparable [al Ébola] fue el sida”, manifestó el Dr. Frieden.

Si bien el virus fue descubierto en 1976 y ha habido diferentes brotes a lo largo de estos 38 años, la situación actual no tiene precedente por varios motivos: se han registrado más de 7000 casos, con más de 3300 muertes; es la primera vez que ciudades capitales con gran densidad de población están afectadas y -ojo al dato porque he aquí parte del por qué estamos tan alertas al tema- es la primera vez que el virus se ha diagnosticado fuera de Africa.

Ahora bien, ¿qué tienen en común el Ébola y el VIH? O, mejor dicho, ¿qué podemos encontrar en común en la historia de la respuesta al VIH para ayudarnos a responder mejor al Ébola?

En primer lugar, el mundo abrió los ojos cuando comenzaron a llegar a Europa y EEUU los primeros casos. La semana pasada se publicó en la Revista Science un artículo que pone fecha y lugar a los primeros casos de VIH: 1920 en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. Sin embargo, solo supimos de lo que luego se descubrió era una inmunodeficiencia producida por un virus en 1981 a partir de la publicación del CDC de un raro caso de neumonía de un paciente gay. A partir de allí se empezó a investigar sobre el tema y se han producido enormes avances en estos 30 años de historia. Sin embargo, ahora que la epidemia del VIH parece plausible de ser controlada, corre serio riesgo de salir de la agenda internacional (y por ende quedarse sin financiamiento), por lo que ese posible control en nuestra generación seguramente sea más utópico que real.

Y he aquí una segunda coincidencia: it´s all about money. La misma noticiaque nos cuenta acerca de la comparación que realizó el Dr. Frieden entre el VIH y el Ébola también informa que los países donantes solo han aportado un tercio de los 988 millones de dólares que las Naciones Unidas solicitaron para confrontar el Ébola. Una vez más, el mundo tiene plata para salvar bancos y empresas multinacionales pero se les encogen los bolsillos cuando de crisis humanitarias y salud pública se trata. Más allá de los condicionantes dados por el número de casos, hay indicios de la falta de respuesta temprana por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por falta de fondos y de staff. El Dr. Peter Piot (Profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, ex — Director Ejecutivo de ONUSIDA y co-descubridor del Ébola en 1976) señaló recientemente en unaentrevista que la respuesta tardía de la OMS se debió, por un lado, a que en la oficina regional en África el staff es más político que técnico y, por el otro, debido a que la sede central en Ginebra ha sufrido grandes recortes presupuestarios acordados por los países miembros. El Dr. Piot menciona específicamente los recortes al Departamento para la Fiebre Hemorrágica y al Departamento encargado de emergencias epidemiológicas. ¿Les suena?

Las condiciones de (no) desarrollo de los países africanos afectados no son agentes externos a ese nuevo brote. Algunos de los países estaban saliendo de sangrientas guerras civiles, y muchos de los integrantes del equipo de salud habían muerto y el sistema de salud colapsado. En Liberia en 2010 había 51! médicos en todo el país, y muchos han muerto de ébola desde este nuevo brote. Como dijo en la misma entrevista antes mencionada el Dr. Peter Piot, “esta no es una epidemia más. Esta es una catástrofe humanitaria. No necesitamos solamente personal, sino también expertos en logística, camines, jeeps y alimentos. Una epidemia como esta puede desestabilizar regiones enteras”.

A diferencia del VIH, en donde los síntomas pueden o no aparecer y la transmisión se puede dar da en todo el período en el que la persona tenga el virus, en el caso del Ébola la enfermedad no es contagiosa mientras el paciente no tenga sangrado, vómitos y diarrea. Es decir, sin síntomas no hay Ébola. Y como el virus no está “circulando” comunitariamente en todo el mundo, sino que se encuentra concentrado en cuatro países del África Occidental, es posible aislar rápidamente a quienes arriben provenientes de esos países y presenten síntomas. Sin embargo, como el período de incubación (aquel entre el momento en que se adquiere la infección y el que se presentan los síntomas) es de 2 a 21 días, hay que alertar a los pasajeros provenientes de zonas de riesgo porque un pasajero puede no presentar signos al momento de subir al avión pero desarrollarlos luego.

Pasado en limpio, el factor geográfico juega aún un rol fundamental y podemos evitar una pandemia controlando las fronteras e identificando tempranamente los casos. En Argentina el Ministerio de Salud de la Nación ha establecido un protocolo claro de atención ante pacientes de los que se sospeche pueden tener el virus. Sin embargo, pensarlo solamente de esa manera hará que la fiebre por el Ébola pase en algunos meses para que todo siga igual en Africa. Y en Africa trabaja mucha gente de la India, que luego volverá a sus países, y si la India no está preparada para identificar y aislar rápidamente podríamos tener un brote allí. Y ahí te quiero ver.

Volviendo al título de la nota, el mundo tiene para aprender de la respuesta al VIH: si se mejoran los sistemas de salud, se asiste mejor a la población. Si se fomentan estrategias de prevención basadas en la evidencia y no en creencias religiosas, culturales y etc, se previene mejor. Si se invierte dinero en investigación, se investiga mejor. Si se aúnan los esfuerzos buscando llegar directamente a las poblaciones afectadas, se responde mejor.

En síntesis, bajar el pánico (el virus no se transmite por el aire, sino solo por contacto con fluidos de una persona que presenta síntomas o a través del contacto con mamíferos salvajes, que por sus fluidos contagian a los seres humanos), extremar a nivel sanitario las precauciones y dejar un rato de tiempo (y mucho de dinero) para repensar en serio, y de una puta vez, qué hacemos de verdad para contribuir al desarrollo de los países. Porque como dijo el Dr. Ramón Carrillo hace muchos años, frente a las desigualdades que genera el sistema, la pobreza, la exclusión, etc, los microbios como causa de enfermedades son unas pobres causas.

Este artículo fue publicado originalmente en Medium