Nuevo buscador de datos públicos mundiales

 

El periódico inglés The Guardian lanzó esta semana un motor de búsqueda de datos públicos mundiales. El objetivo es que todos los datos públicos de la administración estén indexados y disponibles para su reutilización.


World-government-data

 

Existen datos sobre varias áreas de investigación. En cada caso se especifica la fuente gubernamental y una valoración de calidad. Si el usuario adapta los datos ofrecidos para su visualización, por ejemplo en un mapa, o crea una aplicación en base a esos datos, puede enviarla y compartirla en esa misma página con otros usuarios.

 

Aquí por ejemplo pueden ver una búsqueda que hice referente a cambio climático.


La evolución del periodismo

Pepe Eliachev publica un interesante artículo sobre la evolución del periodismo luego de los cambios provocados por las nuevas tecnologías de la información.


Máquina de escribir


¿Colapsó el periodismo profesional? Hay fuertes indicios de que tal episodio esté sucediendo, o a punto de consumarse. Es una mirada que viene del norte, lo admito, pero los rasgos del fenómeno se detectan también entre nosotros.


¿Colapsó el periodismo profesional? Hay fuertes indicios de que tal episodio esté sucediendo, o a punto de consumarse. Es una mirada que viene del norte, lo admito, pero los rasgos del fenómeno se detectan también entre nosotros. Quien sostiene en este momento en sus manos esta columna impresa en papel no debe ignorar que para los centros neurálgicos del negocio mediático, la comunicación digital se presenta como superior al periódico tradicional, en casi todos los rubros.
Más sustancial, todavía, o al menos ésa es mi sensación, vamos hacia lo que Mark Bowden denomina “un mundo post periodístico”. Denomina así a un conjunto de valores y prácticas para los que el sistema de la democracia es, por definición, sólo una batalla incesante entre políticos.

¿Qué tiene que ver este mapa de situación con la muerte del periodismo? Es el producto de una evolución que pone en el centro de las decisiones no la honesta y paciente recopilación de hechos y datos para que “el soberano” se informe y pueda tomar decisiones. Por el contrario, ese mundo post periodístico se va nutriendo, sobre todo desde y gracias a Internet, de un universo infestado de convicciones políticas un poco flojas de sustentos fácticos.
Bowden sabe de lo que habla. Periodista profesional nacido en julio de 1951 en Missouri, es hoy colaborador permanente de Vanity Fair, y fue redactor del clásico diario The Philadelphia Inquirer de1979 a 2003. Ganador de numerosos premios (el periodismo norteamericano está lleno de galardones serios, permanentes y rigurosos, que se otorgan hace décadas, sostenidos por iniciativas privadas, algo que no ofrece la proverbial menesterosidad del aldeano y egoísta periodismo argentino), Bowden ha escrito, además, para Men’s Journal, The Atlantic Monthly, Sports Illustrated y Rolling Stone. Su libro Black Hawk Down: A Story of Modern War, best seller a nivel mundial, fue la base de una película en 2001, dirigida por Ridley Scott. O sea, el tipo no es un mediocre resentido que sangra por las heridas. Se define, a los 58 años, como un viejo periodista que se lamenta de lo que denomina una profesión “moribunda”, la del periodismo.

Hay en este alegato una fibra de inexorable verosimilitud, que en mucho sigue de cerca la situación del propio periodismo argentino, donde se están desarticulando las redes de experiencia y trayectoria que le dan sustento a las fuertes organizaciones periodísticas. Junto con los ominosos esquemas laborales que aconsejan y producen racionalizaciones pragmáticas, pero necias, se va produciendo un inevitable adelgazamiento de la sustancia informativa.
No sólo la juventud es consagrada como un mérito en sí misma, sino que, por el contrario, una evidencia mundial es que en varias organizaciones noticiosas ese recambio generacional implica aceptar que las nuevas promociones no sólo desdeñan voluntariamente historias y densidades precedentes, sino que incluso verifican que sus exhibiciones de inmadurez e ignorancia son bienvenidas, por omisión al menos, por sus empleadores.
“Mientras los medios están despidiendo periodistas a carradas, astutos operadores políticos se lanzan vorazmente a llenar los vacíos”, afirma Bowden en su memorable ensayo The Store behind the Story, publicado por The Atlantic en octubre de 2009, una revista mensual que se publica desde 1857 y a la que estoy suscripto desde hace apenas 22 años.

En su artículo, Bowden se define como un viejo reportero que se formó como tal recorriendo la calle a pie. Definitivamente, tanto él, estrella de un periodismo grande, como quien firma, que labora en el sur profundo del planeta en condiciones mucho menos estimulantes, tenemos una identidad generacional parecida. Aunque empecé a teclear mis notas en una computadora allá por 1976, en la redacción de The Associated Press que quedaba en el 50 Rockefeller Plaza de Manhattan, me formé en Buenos Aires revisando archivos repletos de recortes de diarios. La palabra google podría haber sido usada, entonces, para comercializar goma de mascar y la computadora, sin Internet, no nos resolvía ningún problema.
Nadie puede negar que hoy, para sacar a un reportero a la calle, hay que llevarlo con la fuerza pública. Googlear, copiar y pegar se ha convertido en adicción tóxica, a la que nos cuesta escapar incluso a los veteranos. Lo que ha sucedido es que, además de ser una herramienta poderosamente democratizante de la actividad periodística, Internet va demoliendo el esquema de funcionamiento que durante décadas permitió la existencia de organizaciones noticiosas consagradas a publicar diarios y revistas y a sostener programaciones de radio y televisión.

En su reemplazo han ocupado espacio los medios devenidos en propietarios de bienes raíces. Eso son las radios, señales de cable y canales de TV que fueron reemplazando sus emprendimientos periodísticos propios para arrendar espacios de cuyos contenidos se desentienden.
Los medios gráficos nutridos de profesionales probados y sólidos se van poblando de personal joven, mucho más barato, pero naturalmente limitado por su inmadurez agraviante.
Aun cuando me hicieron periodista a los 19 años, mis primeros jefes fueron Rodolfo Pandolfi, Enrique Raab, Esteban Peicovich, Oscar Delgado y Edgardo Damommio, profesionales que sabían mucho e inspiraban un respeto temible.
La llamada “blogosfera”, que hoy parece convertir en periodista a cualquiera, va esmerilando esa constelación de sabiduría, prestigio y espesor que tipificaba unas redacciones donde había escalafones y valores. Razona Bowden: “El periodismo, correctamente ejercido, es enormemente poderoso, precisamente porque no procura el poder, busca la verdad. Los que renuncian a él para contrabandear productos o candidatos o partidos o ideologías disminuyen su propio poder. Se pierden la parte más divertida de este oficio”.
Quisiera ser tan luminoso como mi colega del Atlantic norteamericano. Vistas las cosas desde aquí, me temo que la propia idea fundante del periodismo se nos escurre de las manos.


Fuente: Diario Perfil

El auge y la caída de Myspace


MySpace ha pasado por su momento de gloria y con el surgimiento de Facebook, entró en una caída vertiginosa que ha tratado, hasta ahora sin éxito, de contrarrestar. En esta nota del Financial Times que traduje se analiza este proceso.

Rupert Murdoch


En el verano de 2005, después de haber pasado cuarenta años construyendo un imperio mediático formado por periódicos, cine y televisión, Rupert Murdoch decidió que había llegado el momento para tomar en serio Internet. Como fundador y presidente de News Corporation, uno de los más grandes y poderoso conglomerado de medios de comunicación del mundo, Murdoch controla una cartera ecléctica de negocios que van desde el diario The Sun para el hasta el estudio de cine 20th Century Fox. Sin embargo, con jóvenes “que ven menos televisión y leen menos periódicos”, como observó este verano, News Corp necesitaba desesperadamente una mayor presencia en Internet.


Después de mucha deliberación entre la cúpula de News Corp, se decidió comprar Intermix, una compañía con sede en Los Angeles cuyo principal activo era de MySpace, un sitio web que lograba sorprendentemente 70.000 nuevos usuarios cada día. MySpace fue parte de la vanguardia de la Web 2.0, la etiqueta que en ese momento se aplicaba a un nuevo nivel de funcionalidad del software que ayudaba a los usuarios de Internet para interactuar directamente con otros. Como una red social online, MySpace ofrecía un nuevo tipo de experiencia compartida, conectando a millones de usuarios a través de intereses en música, cine y cultura popular.


Decir que MySpace era propiedad muy valiosa en el 2005 es una subestimación. La rápida expansión de su tribu de usuarios había atraído la atención de otros compradores potenciales. Viacom, por ejemplo, un conglomerado de medios rival que posee empresas como Paramount Pictures y Comedy Central, estaba mirando esta red social como un vehículo para reactivar su canal MTV, una marca similar orientada a los jóvenes.


Sin embargo, Murdoch llegó primero y el trato de $ 580 millones dio como resultado una transformación de su imagen. El barón cascarrabias de los medios de comunicación, cuyos logros incluían romper los sindicatos de imprentas de Fleet Street y el lanzamiento del canal de cable conservador Fox News, se había reinventado a sí mismo. Wall Street tomó unos meses para apreciar la magnitud de la operación, pero la compra lentamente comenzó a impregnar de News Corp con algo que le faltaba y no tiene precio: onda.

Millones de adolescentes en todo el mundo adoraban a MySpace, pasando horas todos los días conectados  y ajustando las páginas de sus perfiles personales que reflejan sus gustos y personalidades. News Corp había reencontrado prestigio cultural gracias a ellos – y a la popularidad de MySpace con los nuevos cineastas y músicos como los Arctic Monkeys y Lily Allen, quien se convirtió en sensación en el sitio, presentando sus canciones a los aficionados antes de editar sus discos por primera vez.


Meses después de la adquisición, Murdoch encontró otro motivo para sentirse satisfecho: MySpace firmó un contrato de tres años de publicidad con Google por valor de 900 millones de dólares. Google compró el derecho a convertirse en parte del sitio de MySpace, que le permitió mostrar sus anuncios de texto a millones de usuarios de esa red. Este precio fue muy discutido, con Yahoo y Microsoft quienes también intentaron comprar el sitio antes que ganara Google. Larry Page y Sergey Brin, fundadores del motor de búsqueda, volaron en helicóptero para sellar el acuerdo en un refugio de estrellas de News Corp en Pebble Beach, lugar donde entre los que solían estar ahí se encontraban Bono y Tony Blair.


Con el precio de las acciones de News Corp navegando sobre la ola de MySpace, Murdoch, opinó sobre el potencial del sitio en las conferencias de medios de comunicación. Formó una estrecha relación con Chris DeWolfe, el carismático co-fundador de la red social, y juntos hicieron una recorrida conjunta de eventos como el Foro Económico Mundial en Davos y otras reuniones de ricos y poderosos. Era una imagen incongruente: DeWolfe, con sus vaqueros, su pelo largo y su grueso anillo de plata, parecía más un músico o un actor que un ejecutivo corporativo, al lado de Murdoch, un viejo multimillonario quien había usado traje durante toda su vida.


También era claro que, a diferencia de muchas empresas que fueron estrellas de Internet, MySpace podría alcanzar su subsistencia. A los 15 meses de la adquisición, los ingresos habían saltado de U$S 1.000.000 a 50 millones de dólares mensuales: la mitad proveniente de la publicidad vendida por el nuevo equipo de ventas que News Corp había instalado y el resto de la oferta de Google. Como los anunciantes se apresuraron a segmentar la audiencia de rápido crecimiento del sitio, se abrieron nuevas oficinas en Japón, Corea del Sur, China, mientras que un servicio de música gratuita se puso en marcha lo que implicó un gasto considerable.


Pero a principios de 2008, las cosas empezaron a andar mal. Facebook, una red social rival que era más simple y más fácil de usar, estaba ganando impulso y empezó a crecer más rápidamente que MySpace. Murdoch aseguró que MySpace ganaría más de mil millones de dólares en ingresos por publicidad en 2008 -, pero la compañía no cumplió su objetivo. Los usuarios comenzaron a abandonar el sitio, que se había llenado de anuncios de poco atractivo para enderezar los dientes y productos para perder peso. Los ejecutivos de News Corp no podían ocultar su disgusto, y en abril de este año, DeWolfe se retiró, seguido de cerca por la mayor parte de su equipo directivo.


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La homosexualidad y los medios de comunicación


La Dra. Laura Schlessinger es una conocida locutora de radio de los Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono.

Recientemente saltó la polémica (y más cuando se mezclan temas de religión y homosexualidad, donde cada persona interpreta lo que dice Dios y la Biblia de una manera distinta) cuando la presentadora atacó a los homosexuales.


Esta locutora ha dicho recientemente que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, versículos 18:22, y por tanto no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia.


Lo que a continuación transcribimos es una carta abierta dirigida a la Dra. Laura escrita por un residente en los Estados Unidos, que ha sido hecha pública en Internet (no tiene desperdicio):


Casamiento de homosexuales

Querida Dra. Laura:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.

De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

a) Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿Qué precio piensa que sería el más adecuado?

b) El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses. Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?.

c) Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 5:19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

d) Tengo un vecino que insiste en trabajar en el Sábado. El Éxodo 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte.¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?

e) En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?

f) La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

g) Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿Puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?

h) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).

Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.

Fuente: Jorge Lanata

El Diario de Morón cumple 20 años

20 años del Diario de Morón
20 años del Diario de Morón


Felicidades a “El Diario de Morón” por sus 20 años.


Hoy estuve en la fiesta en la Plaza de Morón en donde tuvo lugar una charla sobre “Poder y Medios de Comunicación” a cargo del director del diario Javier Romero, y los periodistas Miriam Lewin, Miguel Jorquera y Martín Caparrós.


Hadopi, la ley contrarevolucionaria que penaliza las descargas ilegales en Francia


Transcribo un artículo de Eliseo Verón, semiólogo y profesor plenario Universidad de San Andrés sobre la nueva ley francesa que penaliza las descargas ilegales.


Interesante para reflexionar sobre el futuro del derecho de autor y como las leyes tratan de regular, algunas veces, contra la voluntad de las sociedades y el desconocimiento total de los movimientos culturales que las generan y que a su vez, realimentan. El artículo fue publicado originalmente en el diario Perfil.


p2p


Las aventuras de Hadopi

A pesar de la globalización, el mundo de los medios de cada país sigue teniendo fuertes características propias, y cuando uno llega a un país extranjero (aunque se lo frecuente con cierta regularidad), siempre lleva unos días acomodarse a los temas dominantes en las tapas de los diarios, en la radio, en la televisión; familiarizarse con las modalidades de poner énfasis en cierto tipo de noticias, con los estilos de interpelar al receptor, etcétera.


Llegado a París hace poco más de una semana, me llamó la atención un tema cuyo clímax ya ha pasado, pero que fue central en los medios franceses durante siete meses, agitando profundamente a la clase política y produciendo fuertes polémicas: Hadopi.


Hadopi es la sigla de: Haute Autorité pour la Diffusion des œuvres et la Protection des droits sur Internet –Alta autoridad para la difusión de las obras y la protección de los derechos en Internet–. Hadopi acaba de ser promulgada como ley: después de un período de advertencias, se penalizará a los internautas identificados como autores de descargas ilícitas de material sometido a derechos de autor, con penas que pueden ir hasta la suspensión del servicio de Internet, aunque la decisión final quedará en manos de un juez y no de un servicio administrativo, como era el propósito inicial.


El proyecto atravesó innumerables episodios: varias idas y vueltas al Parlamento; el rechazo de su primera versión por el Consejo Constitucional (que es la Corte Suprema de Francia), debido a la inconstitucionalidad de varios de sus artículos; legisladores del oficialismo que se oponían al proyecto; conflicto en la oposición entre quienes lo apoyaban y quienes no y, como se puede imaginar, una tormenta permanente en la Red –se llegó a hablar de la telenovela de Hadopi–. Aquí el tema central es el entretenimiento, el consumo de música y video, pero la situación tiene bastantes puntos en común con la que se ha venido discutiendo, en las columnas de este diario, sobre el periodismo en Internet. En Rue 89, uno de los mejores sitios de periodismo electrónico de Francia, el bloguero Versac (Nicolas Vanbremeersch) ha explicado de una manera muy clara lo que está en juego: la cuestión de la creación de valor, tema de mi columna de hace quince días. Durante mucho tiempo los valores culturales han sido valores privados: cuando compro el soporte (libro, disco, imágenes grabadas), el bien me pertenece. El valor cultural creado se transforma en valor económico en el instante único en que compro el soporte, que no es reproducible por quien lo ha comprado. Internet desmaterializa las creaciones culturales y les otorga dos propiedades: no rivales (si yo gozo del bien, eso no impide que otro lo haga) y no excluyentes (a priori, nadie está excluido del goce).“Cuando un bien no es rival ni excluyente, se ha transformado en un bien público”, dice Vanbremeersch, evocando el ejemplo de una ruta. Los bienes públicos, dice Versac, se facturan indirectamente, porque “nadie ha encontrado la manera de hacer pagar directamente un bien público accesible libremente a todos”. Esta revolución cuestiona todo el ecosistema de la creación cultural y los fundamentos tradicionales del negocio del entretenimiento están desapareciendo. “Por ecosistema, insiste Vanbremeersch, no hay que pensar simplemente ‘empleo’ o ‘facturación anual’; de lo que se trata es de equilibrios, de la manera en que aparece y se concretiza la creación de valor.”


Hadopi es una ley contrarrevolucionaria y la defensa de los derechos de autor apenas un pretexto para defender, hasta cuando sea posible, un mercado destinado a desaparecer. El presidente de la comisión que preparó el proyecto de ley es el ex CEO de la Fnac, una de las principales cadenas francesas de venta de libros, discos y videos: flagrante conflicto de intereses. Y según parece, antes de ser votada, Hadopi estaba ya superada técnicamente: el P2P (peer to peer) está cayendo en desuso y los nuevos dispositivos de descarga de archivos que se están generalizando son cifrados: imposible identificar al internauta y tampoco el contenido del archivo que se descarga. Para enfrentar estos nuevos procesos, habrá que ejercitar la imaginación. Me permito una cita del último libro de Jacques Rancière, que acaba de aparecer y no tiene nada que ver con el tema: “Una fuerte tensión. Mucho trabajo en perspectiva para quien no quiere morir idiota. Y tanto peor para la gente cansada”.

¿Un debate válido sobre el rol de los medios?


En este caso el post está a cargo de Mixtli Cano Moreno (*), periodista invitada a través de una búsqueda en Twitter.


Periodismo


Sin llegar a la afirmación de Marshall Mc Luhan de que “el medio es el mensaje” no se puede separar la evolución del periodismo y de las teorías de la comunicación social del contexto en el que se desarrollaron.


En la segunda mitad del siglo XIX, aparecieron y se popularizaron distintas formas de tecnologías de medios. La mayoría de los teóricos de esta época se mostraron extremadamente pesimistas ante el auge de las comunicaciones. Para muchos, los nuevos medios masivos tenían cierta responsabilidad en la transformación de la sociedad de rural a urbana, en la proliferación del crimen y en la inestabilidad de los sistemas políticos. La mayoría de estos académicos eran miembros de las élites dominantes y acusaban a los medios de modelar los gustos y la moral de las clases más bajas o menos educadas, a las que consideraban vulnerables a sus mensajes.

 

 

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Noticias Hiperlocales


Los nuevos medios nos brindan la posibilidad de acceder a noticias globales de cualquier parte del mundo, pero también, está generando un nuevo fenómeno, publicaciones hipersegmentadas a un nivel microlocal.


Leyendo el blog de Cristopher Wink encontré un interesante post sobre los medios hiperlocales.


Según su definición las noticias hiperlocales son una recopilación de información de una determinada comunidad que forma parte o formó parte de una cobertura mucho más amplia que si misma.


Para él, “el movimiento hiperlocal está encapsulando un amplio movimiento que va desde ciudadanos periodistas  de barrios o ciudades de unos pocos miles de personas o incluso menos, hasta emprendedores mediáticos que están tratando de crear sistemas de gestión de noticias la obtención de noticias que cubren áreas geográficas pequeñas.”


Respondiendo este post de Wink, en el blog Data Mining de Matthew Hurst, se propone una ampliación del concepto.


Este autor cree que el término “hiperlocal” debe tener en cuenta:

  • Que permite a los residentes estar mejor informados sobre su entorno
  • La información permite a los residentes mejorar su calidad de vida
  • Estas nuevas tecnologías permiten a los residentes a estar mejor conectados
  • Las comunidades pueden ser más ricas y mejor gobernadas

En resumen para Hurst lo hiperlocal incluye [los datos, los comportamientos, las tecnologías] que apoyan el sentido de pertenencia de un residente con su comunidad específica. En otras palabras, para él el concepto ya no debe pensarse solamente en término de noticias solamente.


Interesante sería pensar como lo hiperlocal se integra con una segmentación no dada ya por la ubicación geográfica sino por el interés del individuo. ¿Cual será entonces la mayor fuerza de atracción para el usuario a la hora de elegir sus prácticas? ¿Seguirá estructurándose por su lugar de nacimiento o residencia o preferirá a una comunidad conformada por intereses comunes?


“¿Sabe por qué defiendo a Maradona? Por personas como ud”


En “La Venganza será terrible” , el programa radial de Alejandro Dolina, ante el mensaje de una oyente, el conductor se expidió con vehemencia sobre el Maradonagate.


Alejandro Dolina

Ilustración por Alan Girotto

 

“Una oyente dice: ‘Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer’.

Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y eso de “que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial”… ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir “pero mirá que bien pensó éste”. Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre”.

Esto recién empieza

Un articulo de Washington Uranga publicado en Página 12.

Terminó un capítulo y el 10 de octubre de 2009 tendrá que ser recordado como un día trascendental para la democracia y para el derecho a la comunicación en la Argentina. Pero así como es necesario ponderar y valorar el hecho, hay que ubicarlo también en el marco de un proceso que no ha llegado a su fin. Es la manera de no incurrir en nuevos errores. El que se cerró ayer en el Senado es un capítulo muy importante que precede a otros que no lo son menos. Existe una norma que, a la vez que supera ampliamente a la que existía dejando atrás resabios de la dictadura, habilita la construcción de nuevas oportunidades. Y de esto se trata. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual carecerá de sentido si no es acompañada por una política pública en materia de comunicación que, apoyada en la letra aprobada, refuerce el sentido democrático, plural y participativo dándole vida y dinamismo ciudadano. Sin política pública de comunicación no habrá pluralidad, no tendremos diversidad, no existirán nuevos medios y otras voces. En otras palabras: lejos de haber terminado, esto recién empieza.

El análisis político coyuntural (que muchas veces termina siendo cortoplacista) dirá que ganó el Gobierno. Es una manera de decirlo. Se puede coincidir en la afirmación si se tiene en cuenta que además de una victoria parlamentaria, el Gobierno logró abrir el espectro de sus alianzas y sumó en este caso voces de otros que no suelen acompañarlo. Del mismo modo esto último es parte del triunfo para un gobierno que viene saliendo de una derrota electoral. También porque –más allá de lo que digan parte de la oposición y los grupos económicos concentrados que controlan los medios y que resultan directamente afectados en sus intereses– ésta no es “una ley K”. Es una ley resultante del esfuerzo y la militancia de muchos actores diversos, algunos reunidos en la Coalición por una Radiodifusión Democrática y otros que ni siquiera se inscriben en ese marco pero que también aportaron a este logro. Al Gobierno, a este gobierno, hay que reconocerle la audacia de impulsar la iniciativa en circunstancias políticamente difíciles. También la capacidad política de haber aceptado un centenar de cambios en el tratamiento en Diputados. Por eso ganó el Gobierno: porque tuvo amplitud para aceptar correcciones y sumar otras miradas. Y en ese sentido al mismo tiempo ganó la democracia. Ojalá algunos actores gubernamentales aprendan también la lección para otros ejercicios políticos: buscar consensos, sumar a los diversos es una tarea propia e indispensable de la política. Pasado el fragor del debate quizá también haya espacio para reconocer los errores cometidos: en general por la dirigencia política que tardó 26 años en habilitar esta ley y, en particular, por la gestión kirchnerista que como sus predecesores creyó en determinado momento que haciendo concesiones a los poderes mediáticos concentrados correría mejor suerte o podría generar alianzas que la favorecieran. Es el mismo error que ahora siguen cometiendo ciertos dirigentes de la oposición actuando como monaguillos de grupos mediáticos.

En otro sentido ganó la política: la movilización generada en torno del proyecto de ley reinstauró el sentido de la participación, de la movilización, el valor de la incidencia como ejercicio ciudadano en una sociedad que reincide en el descreimiento y la apatía. Este es otro saldo positivo.

Si todas estas cuestiones se comprendieran es indudable que habremos ganado todos.

El desarrollo tecnológico y los cambios de la sociedad en que vivimos hacen que esta ley no sea suficiente ni que absuelva de aplicar correctivos o añadir nuevos capítulos. La norma es perfectible y habrá que seguir debatiendo sobre otros muchos temas. Ojalá con la misma pasión, pero con más apertura de mentes y positivo sentido de construcción.

Pero la norma no surtirá un efecto mágico. Necesita de políticas públicas activas. No habrá más diversidad, más producción nacional y otras voces porque lo dice el texto legal. El Estado y los mismos que hasta ahora lucharon por obtener la sanción de la ley tendrán que seguir trabajando con creatividad para garantizar el derecho a la comunicación de todos y todas. También la oposición política si está dispuesta, como declama, a contribuir a la libertad de expresión y a la comunicación democrática

Ciclo de Cine: Los medios justifican el fin

Viernes de octubre a las 20 hs. en Alsina 1744 – Capital

· 9-10 “Puente Llaguno. Claves de una masacre”
El mundo conoció que el 11 de abril de 2002 durante el golpe de estado en Venezuela, ocurrió una masacre. Varias personas que disparaban desde un puente de Caracas fueron señaladas por los medios de comunicación como los autores de la masacre que cobró 19 víctimas fatales. Pero junto a los muertos y heridos de ese día, aparece otra víctima: la verdad.
· 16-10 “El Diario de Agustín”
¿Quién es realmente Agustín Edwards? ¿Y cómo el diario que dirige se transformó en un agente político que estuvo detrás del derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y, posteriormente, del ascenso de la dictadura militar de Augusto Pinochet? El documental se dedica a relatar casi cuarenta años de acción política desde las oficinas de redacción del llamado «decano» del periodismo chileno y revela cómo desde sus páginas se desinformó, ocultó información y promovió la violación a los derechos humanos, en una especie de juicio pendiente al que comparecen agentes de la dictadura, directores y periodistas del diario, víctimas de la represión, sus familiares y abogados.
· 23-10 Cortos “Barricada TV”, “Antena negra”, “PTS TV” y “Distorsión Armónica”
El lugar de los medios alternativos. Radio y TV. Generación de información alternativa. Espacio en el Proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Entrada libre y gratuita

Invitan:

· América Profunda – Sábados de 18 a 20 hs – FM 98.7 Radio Nacional Folcórica.
· Casa de la Amistad Argentino Cubana de Buenos Aires.
· Revista Contracultural – http://www.contracultural.com.ar/ – 8 años de comunicación alternativa.

Contacto: casaargentinocubana@hotmail.com Tel. 4374-3944

"Lo que se puede y lo que no" por Raul Degrossi

Comparto con uds un texto que me envió el doctor Roberto Amenta.

Es un artículo escrito por Raúl Degrossi, director general de la Dirección de Asuntos Jurídicos, Sta. Fe y autor del libro “Nuevo Diccionario Político Argentino”

  • Se puede criticar al gobierno, a la presidenta, a los funcionarios, a los jueces, a los empresarios, a los sindicalistas y hasta al Papa, porque eso es libertad de expresión.

    No se puede cuestionar un artículo, una nota, un editorial, a un periodista o la orientación de un medio de comunicación, porque eso es censura.

  • Se puede mostrar a personas desnudas en el cine, en teatro, en televisión e Internet, aunque sean de menores de edad y esté penado por las leyes, o vaya en contra de sus derechos.

    No se puede mostrar el rostro del principal ejecutivo del Grupo Clarín, porque eso es un ataque a la libertad de prensa, abusando de una persona enferma.

  • Se puede conocer el patrimonio de los funcionarios públicos, desde la Presidenta para abajo, accediendo por Internet a sus declaraciones juradas.

    No se puede conocer en detalle quienes son los verdaderos propietarios de algunos medios de comunicación, o cuanto ganan mensualmente algunos periodistas estrella de la radio y la televisión que pontifican sobre la honestidad, la ética y la transparencia.

  • Se puede conocer en cuanto se han enriquecido los funcionarios públicos durante el ejercicio de sus funciones, analizar si lo han hecho en forma ilícita a partir de sus ingresos declarados, y hasta llevarlos a juicio si se presume que lo han hecho en forma ilícita

    No se puede saber a ciencia cierta cuánto dinero facturan los grandes grupos económicos que dominan el negocio de la comunicación, si pagan regularmente los (pocos) impuestos que les corresponden, y si han declarado al fisco todos sus activos en el exterior.

  • Se puede echar sombra sobre la honestidad de los legisladores que votan de un determinado modo en el Congreso, si el sentido de su voto (aunque haya sido negativo) favorece la sanción de una iniciativa promovida por el gobierno.

    No se puede ni siquiera dudar en público o por escrito de los motivos que convencieron a los legisladores de votar la ley de protección de empresas culturales, que salvó de la quiebra a un connotado grupo de multimedios, o a un presidente de disponer por decreto la pesificación de deudas en dólares que licuó los pasivos de ése mismo grupo.

  • Se puede conocer en detalle la lista de los periodistas perseguidos, secuestrados, torturados, desaparecidos o muertos por la última dictadura militar.

    No se puede conocer la lista de los periodistas que durante años obtuvieron el beneficio de gozar de jugosos sobresueldos pagados con fondos reservados de la SIDE, para elogiar al gobierno de turno, u ocultar sus errores y corruptelas.

  • Se puede intentar la búsqueda de la verdad histórica y la justicia por los horrores de la dictadura, venciendo todo tipo de obstáculos, y permitir que más de cien chicos conozcan su verdadera identidad.

    No se puede saber a ciencia cierta si los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble son o no hijos de desaparecidos ilegítimamente apropiados.

  • Se puede conocer hasta el más mínimo detalle de las quejas y reclamos al gobierno de la Mesa de Enlace, la UIA, la Unión Industrial, los bancos o cualquier otro grupo de presión, incluso hasta de origen sindical según quien sea el que lo formule, porque son legítimas demandas de la sociedad.

    No se puede saber en qué condiciones trabajan los empleados de los medios de comunicación, si sus patrones respetan las leyes laborales, si han sido justamente despedidos cuando lo son, si se les pagan las indemnizaciones o se les otorgan aumentos de sueldo o los reclaman, porque ninguna información sobre eso circula en los medios de comunicación.

  • Se pueden invocar todos los pactos y tratados internacionales de derechos humanos para defender nuestros derechos, incorporarlos a la Constitución Nacional para darles más valor y, en base a ellos, derribar las leyes que construyeron un muro de impunidad para los crímenes de la dictadura.

    No se puede aplicar, invocar, legislar ni reglamentar el derecho de réplica que esos mismos pactos consagran, porque es considerado atentatorio de la libertad de expresión.

  • Se puede investigar a fondo cómo una empresa, un negocio o un servicio son privatizados o concedidos, o vuelven a la órbita del Estado, quienes y en que condiciones los compraron o vendieron, cuanto pagaron o les pagaron por hacerlo.

    No se puede saber con detalle en que condiciones los dos principales diarios del país obtuvieron de la dictadura el control monopólico de la mayor proveedora de papel para impresión del país, y en que condiciones lo venden al resto de los diarios aprovechando esa condición dominante.

  • Se pueden utilizar los medios para insultar, agredir, descalificar, injuriar, mentir, ocultar, extorsionar, operar para obtener una medida del gobierno o para impedirla, todo claro está adornado con el bello nombre de la libertad de prensa.

    No se puede usar la palabra Clarín en un blog.

  • Se puede cuestionar, discutir, debatir y poner en tela de juicio todas y cada una de las decisiones de éste gobierno y de todos los anteriores y los que lo sucederán, criticando su oportunidad, su acierto, sus intenciones, sus contenidos y sus resultados.

    No se puede discutir, en democracia y por el Congreso, una ley que reglamente el funcionamiento de los medios de comunicación audiovisual, porque es un intento despótico de controlar al periodismo independiente.

Viendo todo lo que se puede y lo que no se puede hacer me pregunto: ¿por qué razón siguen llamando al periodismo, la prensa o los medios de comunicación “el cuarto poder”?

¿Cuáles son los otros tres que están por encima de ellos?

La velocidad de las noticias

La característica más importante de Twitter es la velocidad de comunicación en tiempo real de un usuario a otro, o a grupos grandes de usuarios.

El impacto sobre el uso que los usuarios hacen como medio informativo no está muy estudiado. Tampoco su influencia en la transformación del periodismo.

En este sentido, comparto con uds un gráfico que tweeteó (Si es que se puede crear ese verbo) @Piscitelli hace un rato que explica el tiempo real que tarda una noticia en Twitter para llegar al usuario final, en comparación con otros medios.

Una mirada (interesada) sobre la Ley de Medios

Uno de los periodistas que más admiro es Javier Romero.

Javier, es el director de El Diario de Morón. Es el tipo que me dió la posibilidad de mi primer laburo en periodismo. En ese diario, que cada día crece más y que ya cumplió 20 años de trabajo, aprendí que ser independiente y ético es posible. Que se puede hacer periodismo en serio. En esa redacción ví discusiones basadas en ver que notas eran las más interesantes, cuales eran las que más fuerza tenían. Se pensaba como “descubrir la verdad”. Fue una gran experiencia empezar mi formación viendo que las tapas se decidían siguiendo esa búsqueda y no pensando en los beneficios económicos de un posible apriete mediático. En otros caminos periodísticos que recorrí después no encontré lo mismo.

Javier es un buen tipo que conozco hace casi 10 años. Y sigue laburando con la misma fuerza y el mismo coraje.

Para quienes no hayan leído “Vale Todo”, su biografia sobre Daniel Hadad, les recomiendo que lo hagan para entender un poco como se llegó al actual esquema de medios de comunicación.

Hace unos días, Javier publicó en su blog un artículo en referencia a la nueva ley de medios que está tratándose en el Congreso.

Comparto con uds la nota, y los invitó, como ya lo hice en otras ocasiones a seguir los escritos de Javier Romero.

No bajé ayer de Marte. No nací de un repollo ni de una probeta. Empecé mi secundaria en un barrio del conurbano en marzo del 76, casi en paralelo con el golpe genocida. En el 82, Alcoyana, Alcoyana, comencé la colimba al mismo tiempo que un general borracho le declaraba la guerra a Inglaterra por las Malvinas. Allí también masacraron a mi generación.

Me ilusioné con Alfonsín en el 83. Me desilusioné con la economía de guerra contra la población y de paz con el poder económico del 85. Peor cuando lo escuché calificar a quienes estaquearon a mis compañeros en las islas como “Héroes de Malvinas”. Y más aún cuando indultó al resto de los asesinos del proceso.

Por entonces busqué en los medios la expresión de mi bronca. Me costó horrores. Sólo había un puñado de excepciones. La mayoría de los medios se había acostumbrado a obedecer, primero a los milicos, negociando silencio manchado de sangre por más jugosos negocios y después al poder económico y a la Embajada, como se conoce en la Argentina a la representación diplomática de los Estados Unidos.

Acompañé entonces, de cerca, el nacimiento y desarrollo de medios comunitarios y alternativos. Medios truchos, fueron enseguida bautizados. Los grandes medios fueron de nuevo feroces y, a medida que crecían en audiencia e influencia, fueron perseguidos y atacados.

Había que correr con los equipos de trasmisión de un lado al otro.

Me decidí entonces a acompañar esas voces con un medio escrito. Así nacía El diario de Morón. Otra coincidencia, justo en el 89, casi en paralelo con Carlos Menem, por entonces con patillas y lejos del gran entregador de los 90.

Los grandes medios, como el resto de la economía se concentraron como nunca antes. Cinco medios, sentados alrededor de una paqueta mesa, y en muchos casos asociados a pooles extranjeros, decidían entonces qué debíamos saber o conocer el resto de los argentinos. Tenían medios escritos y llegaban con sus tentáculos al 80% de la audiencia de radios y televisión de nuestro país.

Encima, de la mano de un escandaloso acuerdo con la AFA, tenían también en sus manos el monopolio del deporte más popular de nuestro país, el fútbol. Fueron entonces, por los pequeños canales de cable del interior.

La maniobra funcionó más o menos así: llegaban a una ciudad, por ejemplo Mar del Plata. Montaban un canal de cable. Dejaban de venderle el fútbol al pequeño operador de Cable Color. El Grupo, entonces le ofrecía a los mismos abonados de Cable Color la señal al mismo precio, pero con fútbol. El pequeño canal con su noticiero propio y con varios programas locales a cuesta, se fundía y cerraba. El Grupo se quedaba con todo, y entonces el precio subía. Capitalismo salvaje. Capitalismo en su máxima pureza.

Así, sólo ese Grupo, que además tiene diarios, revistas, libros, radios, canales de TV, sitios de internet, entre otras pequeñeces, se quedó con el 60% del cable de la Argentina.

Ahogadas la mayoría de las radios comunitarias con el apoyo de las autoridades, después de cerrar cientos de señales locales de televisión, decidió ir también por los pequeños diarios locales. Y lanzó el Clarín Zonal. La política, entonces, no fue distinta: avisos debajo del costo, aprovechamiento de la imagen de marca gracias a la monopolización de la audiencia y la mirada entre venal y asustadiza de enfrentarse con el monstruo de los medios, de parte de los poderes de turno. Resultado cantado: cientos de pequeños diarios vecinales cerrados y el resto empobrecido. El derecho a la información, bien gracias.

Alfonsín los toleró, Menem los fortaleció, De la Rúa los obedeció, Duhalde les hizo una ley a medida y Néstor los toreó y les permitió una fusión vergonzosa. Pero este mes, todo cambió. Primero la desmonopolización del fútbol, y ahora el envío de una nueva ley de comunicación, fruto de la discusión de 1.200 organizaciones sociales.
Otra coincidencia. El mismo día, pero de hace 20 años, nacía El diario de Morón. Lo tomo como un regalo de cumpleaños. Gracias.

Javier Romero
Director El Diario de Morón

Además les dejo un video con una recopilación de opiniones que suman a este debate.

Más opiniones sobre la nueva Ley de Radiodifusión


Comparto con uds dos artículos de Jorge Muracciole y Ricardo Forster sobre el proyecto para la Nueva Ley de Radiodifusión.

Memoria social y ley de medios

La historia contemporánea es rica en diversidad de proyectos que supieron conectar con las necesidades de las grandes mayorías en un momento histórico. En general, estos proyectos dieron a luz o comenzaron a gestarse ante una profunda crisis de hegemonía de los sectores dominantes y una deslegitimación ideológica del ideario que disciplinaba a los más diversos sectores subalternos en cada sociedad.

Diciembre de 2001 en el caso argentino fue una oportunidad histórica para la gestación de un proyecto que tuviera en cuenta a las grandes mayorías perjudicadas por el integrismo neoliberal instalado por décadas. La crisis de la convertibilidad como modelo de país estalló, y demostró el flagrante desatino de pensar una sociedad donde su reproducción social esté ligada a la destrucción de las fuerzas productivas. La alucinación de un país “moderno”, como un país sin chimeneas, fue un despropósito fundante que expulsó a millones de argentinos de sus puestos de trabajo, con el discurso privatista como bandera. La venta de las joyas de la abuela y de las empresas estratégicas en materia de energía, recursos naturales, transportes y comunicaciones, permitieron perpetuar por casi una década una fantasía económica, naturalizada en el imaginario de grandes sectores de las capas medias, que disfrutaron de esos servicios a precio dólar en el famoso uno a uno.

Luego lo tristemente conocido, las rebajas salariales, el congelamiento de los haberes jubilatorios, el crecimiento exponencial de la desocupación y un país hiperdependiente a los avatares de las crisis financieras recurrentes, que llevaron a un cuello de botella que terminó con el corralón, el corralito y sus consecuencias económicas, sociales y políticas. La única virtud que tuvo la crisis fue su carácter transversal; la extensión de los afectados fue tan amplia, que dio origen a un nivel de novilización en el verano del 2001- 2002 impensado tan sólo un año antes. Todos deberíamos recordar la debacle de la convertibilidad para definir con más claridad qué proyecto de país es el que queremos.

En la crisis del 2001 se expresó el hartazgo de millones de argentinos a una década de especulación, negociados y exclusión. Fueron días de bronca e impotencia, momento en que se hablaba de déficit cero, y el riesgo país. Mientras tanto el futuro de todos se decidía en cada viaje que el superministro Domingo Cavallo realizaba a Washington o Nueva York. La convertibilidad escondía una profunda devaluación social, que nos sumergía en un uno a uno perpetuo de atomización.

El 19 de diciembre vimos a través de las pantallas de la realidad televisiva, decenas de saqueos a supermercados del Gran Buenos Aires. Todo se encaminaba hacia el discurso legitimador del estado de sitio, del gobierno de De la Rúa, pero el sonido atronador de las cacerolas inundó de humanidad las principales arterias porteñas y dio –esa noche– lugar a lo imprevisible. Luego de la caída del gobierno de la Alianza, la crisis política no daba respiro y se sucedían los presidentes semana a semana. El “que se vayan todos” fue la consigna durante todo el verano y pese a los malos augurios de los gurúes del neoliberalismo que pronosticaban un dólar a 15 pesos, se llegó a las elecciones del 2003, con los partidos tradicionales profundamente debilitados y fragmentados. A tal punto que con un 23% de los sufragios, el espanto al pasado de la inmensa mayoría de la sociedad hizo imposible un ballottage al pasado menemista.

Ese sentido común, saturado de neoliberalismo, fue la argamasa social que posibilitó el proceso abierto en el 2003, y que instaló en la escena nacional al kirchnerismo, con la profunda debilidad de ser tan sólo una ínfima fracción de uno de los partidos tradicionalmente mayoritarios.
El concepto de transversalidad y la apuesta a una Argentina progresista, plural y con memoria del pasado, fue la que permitió retomar la tarea pendiente en materia de derechos humanos e intentar navegar, durante los primeros cuatro años del gobierno k, en un mar de intereses contradictorios que el viento de cola en materia de demanda internacional de productos primarios permitió un trayecto con escasas turbulencias. Pero la historia volvió a mostrar su naturaleza paradojal, y las razones por las cuales fue posible el desarrollo del proyecto k, fueron las mismas causas que afectaron el interior de su bloque social que le daba sustento. Las perspectivas de crecimientos sin límites de los precios de la oleaginosa estrella –la soja– fue el detonante de una puja –meses antes– impensada. Y se constituyó de tal forma que al modificarse alteró toda la ecuación social del gobierno kirchnerista.

Hoy, a año y medio de dicho punto de inflexión nos encontramos ante la necesidad de debatir, ante la ruptura de ese bloque, cuál es el proyecto de país que queremos la mayoría de los argentinos. Y esa batalla no puede darse con la profunda asimetría existente en materia comunicacional, heredada de la Argentina dictatorial y preservada por veinte años de democracia formal, de ese consenso ecuménico, entre el stablishment y los partidos mayoritarios, de alternancia parlamentaria para no cambiar las profundas raíces de iniquidad de las estructuras económicas y sociales, que perpetúan la desigualdad entre los grupos económicos y la inmensa mayoría de los que viven de su trabajo.

De ahí que la batalla por la democratización que se sintetiza en la nueva ley de medios audiovisuales, que se debatirá en el Parlamento, y de las modificaciones en lo concerniente a la desmonopolización y distribución entre las fuerzas de la sociedad civil como cooperativas, sindicatos y universidades, de la posesión de los medios de comunicación de masas, sea la madre de todas las batallas.

Poder debatir en igualdad de condiciones implica que los medios de comunicación –herramienta fundamental para dotar de sentido los hechos de la realidad cotidiana tanto en materia económica, política y social– tendrán que dejar de estar en manos de grandes grupos monopólicos que representan intereses económicos y sociales infinitamente minoritarios.

Jorge Muracciole
Sociólogo docente Fac. de C. Sociales UBA

El carrusel argentino y el debate por la ley de medios

El carrusel argentino sigue dando vueltas y, cada tanto, se detiene esperando que quien tuvo la suerte de sacar la sortija la devuelva para que siga girando y girando mientras los que van dentro buscan afanosamente hacerse con el premio. El 28 de junio eran muchas, diversas, pero fácilmente reconocibles las voces que expresaban su certeza de ser los tocadas, ahora sí, por la magia de la calesita y de su sortija. Se anunciaba a viva voz que aquello inaugurado en mayo del 2003 se cerraba inexorablemente, que los tiempos estaban cumplidos y que desde ese día poselectoral se trataría, casi exclusivamente, de preparar todo para una transición ordenada hacia el 2011.

Mientras esa alianza variopinta y algo impresentable comenzaba a disputar quién se quedaba con el premio; mientras los “periodistas independientes”, esos que siempre hacen fe de objetividad informativa y de virtuosismo republicano, pero que nunca se atreven a poner en discusión la estructura de poder que se esconde en el entramado corporativo-monopólico de las empresas mediáticas que contratan sus servicios, nos explicaban de mil maneras la felicidad que sentían por el fin del kirchnerismo; mientras los dueños de la tierra volvían a disfrutar de un déjà vu que los depositaba en la Argentina del Primer Centenario y no dejaban de mostrarse como los emergentes victoriosos de unas elecciones a las que ellos contribuyeron con su mística campestre y su vocación patriótica; mientras otras corporaciones económicas, en especial las que reúnen a los grandes empresarios, se sentían nuevamente habilitados para descargar toda la batería de su ideología neoliberal.

Mientras muchas de estas cosas sucedían, lo que imprevistamente aconteció fue, de nuevo, el horror de los horrores: el gobierno de Cristina Fernández, lejos de mostrar las inequívocas señales de la retirada, ordenada o desordenada, prolija o desprolija, en el 2011 o antes, regresó sobre su incuestionable vocación de actuar políticamente, de tomar el toro por las astas, y se dedicó, para desconcierto de todos esos anticipados ganadores del premio mayor, a colocar en el corazón de la vida argentina una serie de notables medidas que no han dejado de sacudir y de conmover el escenario contemporáneo.

Inició ese itinerario sorprendente con la decisión de viajar a Honduras en apoyo al gobierno democrático de Zelaya (y no dejaría de asumir un rol protagónico en las semanas sucesivas y en el memorable debate que la Unasur llevó a cabo en Bariloche para discutir el asentamiento de nuevas bases militares norteamericanas en Colombia); continuó con el diálogo político al mismo tiempo que lograba por amplia mayoría prorrogar los poderes especiales.

En el ínterin, todos aquellos que iban en el carrusel comenzaron a mirarse entre espantados, sorprendidos y confundidos. ¿Qué estaba pasando? Acaso no habían ganado las elecciones, acaso no estaba decretado el certificado de defunción de un gobierno populista y confrontativo.

Mareados contemplaron, ahora sí sin red de contención, de qué modo el fútbol, núcleo clave de la cultura cotidiana de los argentinos, ya no sería el objeto de un negocio espectacular de la corporación mediática, sino que sería distribuido democráticamente por la televisión pública a todos los hogares del país.

Casi como al descuido, y viniendo de otro poder, la Corte Suprema se despachó con la legalización del consumo personal e íntimo de la marihuana y otras yerbas, acercándose a un viejo reclamo del propio Poder Ejecutivo y logrando espantar, como era lógico, a la caterva conservadora-ultramontana que salió a manifestar su oposición absoluta y a denunciar la complicidad de los jueces de la Corte con el narco.

Todas las alarmas se encendieron pero la confusión era completa, asfixiante. No podían ponerse de acuerdo, todos hablaban a la vez y no lograban consolidar nada en común. Reutemann, el candidato soñado desde las entrañas del consevadurismo duhaldista, entraba, de nuevo, en su laberinto inextricable y oscuro; Macri tenía que deshacerse, por el efecto de una amplia movilización de diversos sectores sociales, políticos y derechos humanos, del “Fino” Palacios mientras De Narváez ensayaba, con su escaso vocabulario político y sus frases minúsculas, la defensa de la libertad de expresión ante la avanzada, ¡cuidado!, del chavismo; el Grupo Clarín profundizaba su metamorfosis hasta ofrecerse, a la opinión pública, como una desesperada empresa en vías de perder sus extraordinarios privilegios y sus fabulosas ganancias; Grondona y Morales Solá, desde las páginas de La Nación, emitían amargas quejas ante tanta ineptitud opositora y el empresario Daniel Vila vomitaba todo su odio y su resentimiento.

Pero el fútbol estaba anticipando aquello que hoy conmueve profundamente a todos aquellos que desde los albores de la recuperación democrática vienen bregando por una nueva ley de radiodifusión. Lo que venía siendo eternamente postergado, lo que encallaba ante la presión y el chantaje de la corporación mediática, aquello que nos recordaba, como si fuera un insulto, que entre nosotros persistía todavía la dictadura, encontró, desde el Poder Ejecutivo, pero en consonancia con años de acción militante de infinidad de organizaciones y personalidades que lucharon por la democratización de la comunicación, el camino, ahora sí, hacia el Congreso de la Nación.

La entrada, la semana pasada, del proyecto de ley de servicios audiovisuales supone, estimado lector, un acontecimiento histórico de enorme magnitud y no sólo por su relevancia en la esfera de la comunicación y la información, sino porque habilita un extraordinario debate que atraviesa de lado a lado la vida de los argentinos. Todo se está y se seguirá discutiendo: la significación de los lenguajes audiovisuales en la trama de nuestra cotidianidad; la relación entre democracia y corporaciones económicas; lo público y lo privado, el mercado y la cultura; el poder y sus modalidades; la libertad de expresión, los monopolios y el rol de las empresas mediáticas; los distintos modos de la distribución tanto de la riqueza material como de la cultural-simbólica. Algo de inusual importancia se ha liberado en el presente nacional; algo que supone abrir los múltiples tonos de un debate fundacional y decisivo.

No se trata, entonces, de un problema entre el Gobierno y el Grupo Clarín. Se trata de algo mucho más sustancial y decisivo, se trata de la democracia, de su calidad, de su diversidad y de su multiplicidad. Se trata de abrir espacios para que aquellos que no suelen tenerlos puedan manifestarse. Voces y más voces para ampliar la democracia y la participación. Pero se trata, también, de enfrentar la naturalización neoliberal que nos hizo creer que el mundo de la comunicación y de la información se correspondía con la única forma viable en la época del capitalismo especulativo-financiero: el mercado y sus leyes, el mercado y sus beneficios. Este giro inesperado supone abrir las compuertas para liberar los lenguajes de la comunicación de su encorsetamiento privatista y rentabilístico; supone buscar otros vínculos entre lo público y lo privado.

Lejos entonces de la pasividad y mucho más lejos de aceptar que su hora ya está cumplida, el Gobierno ha doblado la apuesta y ha colocado en el corazón de la democracia argentina la posibilidad de recrearla en un sentido más genuino y decisivo liberándola del peso asfixiante que todavía significa la persistencia de una ley heredada de la noche dictatorial. Nada más y nada menos. Y mientras tanto el desconcierto reina entre los que creían haberse sacado la sortija.

Ricardo Forster

Sarlo y la mirada sobre los intelectuales del kirchnerismo

Hoy Beatriz Sarlo publicó una interesante nota en La Nación donde analiza el rol de los intelectuales kirchneristas y lo relaciona a otras posturas anteriores de intelectuales del peronismo original.

En el país de los fiscales ideológicos

Lanzados a la ardua tarea de darles sustento a las políticas del Gobierno, los intelectuales kirchneristas, hijos de la llamada izquierda nacional, parecen reclamar para ellos el derecho a definir quiénes son los intérpretes válidos de la voluntad popular, quién es progresista y quién artífice de una nueva derecha, según se apoyen o no las iniciativas presidenciales. ¿Cuál es el debate posible si cada crítica es leída como una conspiración?

Por Beatriz Sarlo

No es la primera vez en la historia de los últimos setenta años que intelectuales peronistas juzgan quién es verdaderamente de izquierda y quién es de derecha en la Argentina. Carlos Altamirano recuerda que el tema del divorcio entre las elites culturales y el pueblo es todavía más viejo y que fueron los nacionalistas de los años treinta los que denunciaron a quienes, en palabras de Ramón Doll, fueron responsables de que “nuestra cultura haya vivido siempre desasida, desprendida del país”. El nacionalismo reaccionario transformó a la pequeña burguesía ilustrada en objeto de su desprecio o en explicación de un prolongado desencuentro con la nación. Pero la condena de los intelectuales por cosmopolitas e incapaces de comprender la fuerza transformadora del pueblo realmente existente también es ejercida por quienes llegaron al nacionalismo desde el marxismo o el trotskismo.

En 1960, Juan José Hernández Arregui publicó un libro denso y muy citado en los años que siguieron, La formación de la conciencia nacional. El título designaba el proceso secular durante el cual las masas criollas fueron expropiadas por la oligarquía terrateniente, el imperialismo británico y los hijos de la inmigración que despreciaban la cultura y el territorio donde habían prosperado. Sólo la llegada del peronismo, en 1945, habría permitido que una conciencia nacional en ciernes comenzara su largo camino aunque atada a los límites que el mismo Perón impuso a su movimiento.

Hernández Arregui es severo con la pequeña burguesía intelectual que, en su opinión, nunca entendió a la clase obrera ni tocó el basalto criollo de la Argentina profunda. Más culpable que Perón mismo, por lo tanto, en las inconsistencias del peronismo que quedó encerrado, por defección y dogmatismo de los intelectuales, dentro de las posibilidades ideológicas del líder. Por esos mismos años, Rodolfo Puiggrós publicaba los tomos de su Historia crítica de los partidos políticos , que condena no sólo al Partido Comunista, del que provenía Puiggrós hasta que encontró en su camino a las masas movilizadas por Perón, sino también a los socialistas. Otro fiscal de la izquierda fue Jorge Abelardo Ramos, que no puede ser más cruel con los socialistas a quienes acusa de todas las mezquindades: pequeña gente ilustrada pero irremediablemente tonta, extranjerizante y, como los comunistas y los gorilas, despreciativa de las masas populares. La gran pluma polémica del trotskista filoperonista Ramos ya era conocida porque, con el seudónimo de Víctor Almagro, había escrito cotidianamente en Democracia , el diario del gobierno, entre 1952 y 1955.

Si bien Hernández Arregui y Puiggrós no son mencionados por el nuevo secretario de cultura Jorge Coscia, es imposible prescindir de ellos para hacer la historia de las ideas del peronismo juvenil setentista. Coscia se limita a una línea de esa Gran Tradición que mezcla cantantes, poetas del tango, escritores y publicistas: Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Cátulo Castillo, Hugo del Carril, Rodolfo Walsh, Enrique Discépolo, Homero Manzi, el uruguayo Methol Ferré, Jorge Abelardo Ramos, Jorge Spilimbergo, Blas Alberti, Norberto Galasso. La mención de estos cuatro últimos, para cualquiera que conozca las fracciones de la izquierda de los años sesenta y setenta, significa una sobrerrepresentación del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, fundado por Jorge Abelardo Ramos, compañero de ruta del peronismo hasta que su fundador terminó como embajador de Menem en México; ese partido fue también la primera estación política de Ernesto Laclau.

En ese comienzo de La formación de la conciencia nacional , Hernández Arregui sintetiza uno de los temas del debate de ideas que todavía hoy resuena en las esquinas donde Carta Abierta lee sus manifiestos. Define una posición clave “contra la izquierda argentina sin conciencia nacional y el nacionalismo de derecha, con conciencia nacional y sin amor al pueblo”. Es decir, una izquierda que no entendía la Nación y una derecha que decía entenderla pero despreciaba la Nación popular concreta. La alternativa podría reformularse hoy en los siguientes términos: un republicanismo sin conciencia popular y un populismo sin amor por las instituciones de la República. Como sea, un dilema para los intelectuales de Carta Abierta.

Mito identitario

Sin embargo, no se ha demostrado todavía que todos aquellos que reclaman más república lo hagan para impedir solapadamente que se expandan las reformas sociales de carácter popular que serían patrimonio del Gobierno. En primer lugar, porque nadie ha probado que esas reformas sean ni profundas ni eficaces ni duraderas. En segundo lugar, porque nadie ha demostrado todavía la insensibilidad de varias líneas radicales o de origen radical, ni de las líneas principales del partido socialista (excluyo a los socialistas que se pasaron al kirchnerismo). Tampoco podría afirmarse, sin más, que políticos que reivindican al gobierno, como Sabatella o Heller, sean automáticamente antirrepublicanos. Más bien, son claramente herederos de una vieja estrategia del Partido Comunista: la de criticar lo negativo y apoyar lo positivo, algo más fácil de decir que de hacer, y que Sabatella frasea exactamente como se fraseaba en el partido donde comenzó su experiencia de militancia.

El dilema descrito por Hernández Arregui es, sobre todo, la forma en que el peronismo de izquierda (es decir los peronistas que se sienten progresistas y peronistas, no el Partido Justicialista) elige designar sus dificultades. John William Cooke, en una temprana carta a Perón que todavía estaba exiliado en Caracas, ya afirma que “ninguna otra fuerza política argentina ha demostrado poseer la cohesión ideológica y social y la dinámica revolucionaria” del peronismo. La convicción expresada en 1957 recorrió un largo camino. Es más que una descripción política, un mito identitario. Diez años después, Cooke seguía convencido de que el peronismo es “revolucionario por esencia”.

Hoy se diría: el peronismo es democrático por esencia, porque allí están, o estaban o siguen estando, pero cada vez un poco menos, aquellos sujetos que pueden ser concebidos como los sujetos de la democracia: el peronismo es el pueblo. En consecuencia, si la revolución está a la orden del día, como lo estuvo para muchos de nosotros en el pasado, la revolución se llama peronismo y sólo se trata de que la burocracia peronista y, en ocasiones el mismo Líder, sean conscientes de este hecho ineluctable. Y si lo que está a la orden del día es la democracia y la redistribución, el peronismo lleva su nombre y no puede traicionarlas.

Por eso, la palabra traidor tiene un valor tan fuerte dentro del peronismo: se traiciona un mandato que viene desde las masas portadoras de una “esencia”, confiada en un momento a Perón, pero que sigue siendo su sustancia constitutiva. Contra esto no hay nada que hacer. Jorge Coscia, en su primer discurso como secretario de cultura, repitió lo que repiten los custodios de la esencia: nunca habrá reconocimiento suficiente para los que a su vez supieron reconocer en el pueblo la verdad de la Nación. Siempre se hablará poco de Scalabrini Ortiz o de Rodolfo Walsh, aunque la Argentina tenga centros culturales, avenidas, plazas y bibliotecas que se inauguren homenajeando la Gran Tradición.

Es alineada en esta Gran Tradición que la Presidenta no mide sus palabras: le contaron una obra de teatro sobre Dorrego, se le activa el pasado estudiantil revisionista y se identifica con Dorrego; le regalan un volumen con escritos de Sarmiento y responde que “ella no es muy sarmientina”. ¿Qué anécdota estará recordando, qué fogón estudiantil? Sin embargo, el peronismo habilita estas respuestas: en los años setenta, todos sabían que no había que ser sarmientino y que, en cualquier caso, Dorrego era preferible a Lavalle. Era el sentido común de la juventud radicalizada.

Producir un “sentido común”, en el sentido de Antonio Gramsci, es una victoria cultural posiblemente irrepetible, porque (y en esto coincido con los intelectuales de Carta Abierta) el sentido común hoy no circula por espacios autónomos de la esfera pública sino en los medios. En realidad el kirchnerismo nunca fue hegemónico en un sentido gramsciano, porque no tiene los medios intelectuales para construir una hegemonía cultural. El cualquierismo cultural que va de Nacha Guevara al nacionalismo visceral y macho de Coscia no es una hegemonía cultural.

El primer peronismo se implantó sobre la base del derecho a tener derechos. No todos los reclamos eran atendidos, pero, en la imagen que prevalecía para los peronistas, todos los reclamos sociales eran justos. Esto implica un “sentido común” que une transformación cultural y cambio en las condiciones materiales de vida. Fue la novedad del peronismo incluso cuando descabezaba un dirigente sindical retobado o reprimía una huelga. A su manera, el peronismo de 1945 a 1955 se sentía “revolucionario por esencia”.

Hoy esto no sucede. Carta Abierta avanza algunas explicaciones y señala entre los responsables a una Nueva Derecha. “No duda en reclamar para sí lo mejor de la tradición republicana y democrática; es una nueva derecha que no se nombra a sí misma como tal, que elude con astucia las definiciones al mismo tiempo que ritualiza en un mea culpa de pacotilla sus responsabilidades pasadas y presentes con lo peor de la política nacional, bendecida por frases evangélicas que llaman oscuramente a la vindicta de los poderosos que aprendieron a hablar con préstamos del lenguaje de los perseguidos”.

Una Nueva Derecha caracterizada de este modo existe como fracción de la política nacional y, si ha avanzado más de lo que podía preverse, es por la incapacidad del justicialismo de defender sus programas y de llevarlos a la práctica. Si actualmente hay tantos o más pobres que en el 2005, es trivial solicitar a cualquier sector que no se refiera a los pobres; esos favores no se piden ni se hacen en ninguna parte del mundo. Los intelectuales de Carta Abierta pueden defender sus banderas para que no se las arrebate la Nueva Derecha, pero lo primero que tienen que hacer es exigir a su gobierno que no las abandone en cualquier parte para que ésta decore sus propios palcos. Todos debemos denunciar el travestismo de los discursos políticos, pero también las condiciones que hacen que esos lenguajes travestidos sean escuchados y parezcan más verdaderos que los discursos que, hipotéticamente, no se han disfrazado de lo que no son. Quizás la batalla sea difícil, pero no se ganará solamente denunciando lo que la Nueva Derecha le hace al Gobierno, sino lo que el Gobierno deja de hacer y sus partidarios han tardado tiempo en señalar, aunque en la última Carta Abierta se lean los cimbronazos del desencanto con el gobierno.

Una nueva política

Los intelectuales de Carta Abierta denuncian de un modo con el cual no puede sino acordarse que “El descrédito de lo político comienza por destituir a las masas populares y sus imperfectas maneras, para hacer pasar por buenas sólo las supuestas movilizaciones pastoriles”. Muchos discutimos durante todos estos años la idea demasiado simple de un espacio público organizado geométricamente para que las manifestaciones de unos (piquetes urbanos y rurales) no obstruyan el derecho de otros. El espacio público es siempre un espacio en conflicto porque allí se enfrentan derechos igualmente legítimos pero momentáneamente incompatibles. En los peores años de la crisis, la ocupación del espacio público fue, en ocasiones, el único modo de hacer visible el reclamo de quienes estaban cayendo en la miseria. Ocupar fue la única forma de que acudieran allí la televisión y los diarios que, en esos momentos, no parecían los protagonistas satánicos que hoy son para Carta Abierta. Algunos dijimos que era posible criticar a D´Elía, separándolo de los miles de piqueteros que eran masa de maniobra sin poder aspirar a otra condición. Criticar el cúmulo de imperfecciones del kirchnerismo no es atributo de la Nueva Derecha sino de todos los que queremos una nueva política.

En realidad, si hay una Nueva Derecha de base rural, es menos probable que provenga de una conspiración destituyente que de la torpeza con que Kirchner manejó el conflicto, haciendo exactamente lo contrario de lo que habría aconsejado Perón y cualquier otro político sensato: dividir ese conflicto en varios frentes diferenciados por sus reclamos, negociar y conceder allí donde fuera posible, impedir la escalada, conversar como se lo aconsejaron desde Alberto Fernández hasta, en un momento inesperado, Hugo Moyano. El que azuzó a la reacción fue Kirchner, no la Iglesia ni el partido radical ni los intelectuales opositores.

Kirchner se guió simplemente por la temperatura que recalientan los medios audiovisuales, porque no tuvo claridad intelectual para manejar un conflicto complejo. Nombró a los ruralistas su enemigo principal, mientras que, con menos gasto, hubiera podido tener a algunas de las organizaciones de la Mesa de Enlace almorzando en el quincho de Olivos. Ideologizó el conflicto, pero no porque acertara en distinguir allí las líneas ideológicas y socioeconómicas y tomara partido, sino porque las emblocó creyendo equivocadamente que todos eran miembros de la restauración negra. Tuvo una visión conspirativa que siempre es la peor de las interpretaciones.

Los intelectuales de Carta Abierta insisten hoy con una interpretación que también puede ser pensada como conspirativa: “En una iglesia de Liniers, en los palacios vaticanos, en los palcos ruralistas y en los grandes medios se agitan hilos que provienen del mismo ovillo”. Por eso concluye: “Sin retenciones hay limosna. Con retenciones: debate público y politización”. Los partidos políticos han propuesto comenzar un diálogo sobre políticas sociales con soluciones distintas de lo que ha propuesto el Gobierno hasta el momento. El gobierno no ha querido escuchar. A esta ausencia de escucha los intelectuales de Carta Abierta la llaman “debate público y participación”. ¿En qué sujetos del debate están pensando? ¿Van a excluir a todos los que no se juramenten en favor de la política de retenciones del Gobierno? El debate es técnico además de político y los intelectuales de Carta Abierta harían bien en tomar en serio esa dimensión técnica sin apresurarse a responder (porque es sabido) que todo lo técnico es político.

Como los intelectuales de Carta Abierta, también me parece indispensable una mayor politización del debate. Para que sea más politizado y más denso culturalmente tiene que haber sujetos cuyo derecho al debate se reconozca. El debate no es algo que se acepta cuando falló lo demás ni un último recurso al que se llega porque no hay más remedio. No voy a pedir que la Presidenta responda con temperamento tranquilo, porque en política no se pide lo imposible. Pero creo posible que los dilemas sobre quién interpreta la verdad de la hora no vuelvan a repetirse. Afortunadamente el kirchnerismo no es nuestra última oportunidad.