Ósculos

La plaza acumula las alegrías pasajeras del efímero amor de la pareja. A pesar de saberlo, ellos se besan. Y el mundo desaparece. Sólo quedan los corazones entrelazados en ese largo beso. El resto pasa y mira, pero ellos no lo notan. Están demasiado ocupados.
Un perro intenta comer su cola, tan absorto en lo suyo como ellos en lo de ellos.
Termina el beso, termina el perro.
Ya no existe la pareja ni la plaza. Tampoco el perro. O vos. O este relato.
No existe la vida más allá de los besos.

Ósculos
Ósculos

Solaria: un futuro de ficción que se adelantó a un presente real

 

Solaria
Solaria

En uno de los libros de Isaac Asimov llamado “El sol desnudo” el autor relata la realidad de un planeta muy lejano de la tierra llamado Solaria.

En ese mundo, mucho más avanzado tecnológicamente que el nuestro, viven hombres del espacio, los cuales no se comunican en forma presencial, si no que lo hacen a través de unas pantallas ubicadas en todas las partes de su casa. Estas personas tienen pavor al encuentro en forma personal, a tocarse o incluso estar juntos en una misma habitación.

Por situaciones varias que se dan en la novela, un detective terrestre debe abandonar la Tierra por primera vez para investigar un crimen en Solaria. Al viajar allí descubre esa particular realidad.

Mientras tanto en la Tierra los habitantes viven bajo tierra por temor al espacio abierto, reservado solamente para robots que trabajan produciendo la energía y el alimento necesario para que los habitantes (humanos) que viven subterraneamente puedan vivir sin necesidades.

En ambos mundos, que a primera vista pueden parecer muy extraños, existen muchas similitudes con nuestra realidad. Sobre todo, la forma en que los temores organizan a la sociedades.

Esa capacidad que tienen los solarianos de manejar las ciencias de la creación y dominio de los robots es a su vez su fuerza y lo que los hace vulnerables. Su bendición y su condena. Lo mismo pasa con los terrícolas que no salen a la superficie su planeta por temor.

Hoy, donde se nos ofrecen multiplicidad de canales de comunicación en tiempo real, y sentimos que estamos comunicados al utilizar nuestras pantallas mientras que cada vez nos encontramos menos en persona.

Nos auto engañamos cuando decimos qué estamos “hablando” con alguien cuando en realidad estamos enviándole unas líneas de texto a través de nuestro teléfono celular. Lo mismo cuando decimos qué conversamos porque estamos comentando una foto subida en una red social

Obviamente, no niego que exista un proceso de comunicación en esos hechos, pero el sentimiento igualatorio de una actividad con otra es una mera ilusión que enmascara cual es el impacto de la tecnología en nuestras vidas y cuáles son los mecanismos que utilizan y que no vemos para hacernos cambiar un comportamiento por el otro.

¿Tenemos en claro que estamos perdiendo y que estamos ganando cuando dejamos una práctica cultural antiquísima y tan profunda para pasar a una nueva sin entender los impactos que puede tener nuestra sociabilización en nuestro relacionamiento y nuestra sociabilidad.?

Pueden acusarme de anti tecnológico o de retrógrado pero los que conocen mi realidad sabrán que estoy criticando parte del comportamiento que yo también he adquirido.

Esta reflexión incluso nace de haber leído un libro de ciencia ficción de más de 50 años de antigüedad y de estar super interesado en los temas tecnológicos. Si mencionar además que el libro fue leído, paradójicamente, en un dispositivo electrónico, como es un e-book.

Me parece importante pensar cuáles de los desarrollos tecnológicos que en principio pueden ser vistos como una fortaleza son en realidad una debilidad. Y viceversa.

No propongo un comportamiento ludita pero si una evaluación sensata de que herramientas son la mejores para construir nuestra vida. ¿Cuáles son mejores para nosotros y cuales son mejores para los dueños de las empresas que los proveen?

Cada cosa que poseemos tiene un costo. Puede ser este, económico, de tiempo invertido o de libertad cedida. ¿Reflexionamos realmente cuál es son los costos por los distintos supuestos beneficios que recibimos?

No pretendo encontrar una respuesta unívoca sino que variará según cada una de las personas que respondan estos cuestionamientos. Lo que estoy seguro es que cada día estos tiene más sentido interrogarse sobre estos temas.

Me cuesta creer que no soy el único que me encontré sin momentos de tranquilidad y desconexión para poder pensar sobre la vida vertiginosa que (llevo) llevamos.

¿Cual es tu postura en este tema?

“Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masas” Frederic Martel

¿Cómo las industrias culturales trabajan a través del tiempo y de las distintas políticas estado de cada uno de los países? ¿Cómo será (o ya está siendo) esta guerra glamorosa donde las balas son canciones y los tanques son películas?

Cultura Mainstream - Cómo nacen los fenómenos de masas - Frederic Martel
Cultura Mainstream – Cómo nacen los fenómenos de masas – Frederic Martel

A estas y otras dudas trata de responder el libro “Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masas” de Frederic Martel, quien viajo por cada uno de los países del mundo donde se planifican y ejecutan estas batallas para entender cómo se da la guerra cultural que está poniendo en juego la hegemonía de los países.

¿Como nos paramos desde Latinoamérica para enfrentar esta invasión cultural? ¿Como pensamos competir con la cantidad de contenidos que llegan de a miles, muchos de ellos de una excelente calidad, y altísima popularidad? ¿Es la solución instalar cuotas de pantalla más restrictivas? ¿Copiando los modelos exitosos de otros países? ¿Enfocando contenidos propios éxitos en la región como las telenovelas?

¿Cómo lograr la atención de un público que está acostumbrado a cierto tipo de contenidos en ciertos formatos?

Para todos los que trabajamos de forma directa directa con la industria cultural, quienes tenemos que pensar y planificar este libro de Frederic Martel nos da un acercamiento interesante para poder comenzar esa reflexión.

Mensaje en una botella

Botella con mensaje subastada en Internet
Botella con mensaje subastada en Internet

1900 euros por una botella con un mensaje dentro.

Eso es lo que están dispuestos a pagar ciertos coleccionistas de.. bueno, no se de qué.

La botella en cuestión parece ser la portadora del mensaje encapsulado más antiguo del mundo. Su origen se remontan a una cervecería de Kiel, Alemania, y contiene una postal de Dinamarca fechada en 1913.

¿Recordás la última vez que pusiste un mensaje en una botella y lo arrojaste al mar?

La sociedad digitalizada y conectada al extremo ha perdido la naif fantasía de regalar mensajes a supuestos extraños que serían destinatarios de esas misivas, en algunos casos, esperando alcanzar destino transoceánicos.

Hoy, el azar es una anomalía.

Sin embargo, en un mundo donde ya nadie arroja botellas al mar por poesía embotellada, lo hacemos por millones por desidia e indiferencia ante lo que pasará con nuestra casita redonda.

Cuidemos el terruño, recuperemos un poco la ilusión en pequeñas fantasías.


 

Mensaje en una botella por Amanda Wood 


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“Mi casa, biblioteca pública”

Esa fue la idea de Hernando Guanlao, un hombre de 60 años de Filipinas que tratando de transmitir su pasión por los libros a sus vecinos creó una biblioteca pública en su propia casa.

Biblioteca

La idea es sencilla: los lectores pueden llevarse tantos libros como quieran, durante el tiempo que quieran. Incluso de forma permanente. Como dice Guanlao: “la única regla es que no hay reglas”. Los libros no desaparecen sino que por el contrario, cada vez hay más, gracias a las donaciones que recibe diariamente.

“Me parece que los libros me hablan; eso es porque cada vez hay más” dice con una sonrisa. “Los libros me dicen que quieren ser leídos; quieren circular de mano en mano”.

Guanlao comenzó su biblioteca en el año 2000, poco después de la muerte de sus padres. Quería honrar su memoria y se le ocurrió que la mejor forma de hacerlo era promover el hábito de lectura que él había heredado.

“Ví mis viejos libros de texto y se decidí compartirlos públicamente”.

Así que puso los libros, apenas 100, en la puerta de su casa para ver si alguien quería pedir prestado alguno. Lo hicieron. Y a la hora de devolverlos, traían otros nuevos para añadir a la colección. Así nació la biblioteca.

A día de hoy Guenlao no sabe con certeza cuántos libros tiene, pero fácilmente pueden llegar a 2000 ó 3000, apilados en estantes y cajas frente a su casa; el coche hace tiempo que fue desplazado fuera del garaje y los libros invaden hasta la escalera interior.

La biblioteca está abierta 24 horas los 7 días de la semana. La única protección con la que cuenta son unas fundas de plástico, no por seguridad, sino para aislar los libros de la lluvia. No cuenta con registros ni inventarios ni procedimientos de entrega y devolución: eso solo  retrasa la interacción libro-lector. Solo se da cuenta de que un libro falta por los huecos en las estanterías.

Si quieres conocer más de esta interesante historia podés seguir leyendo en Desequilibrios

Los Nuevos Mandamientos

Leyendo “El Espejismo de Dios” de Richard Dawkins encontré a estos “Nuevos Diez Mandamientos” que el autor recoge de un sitio web ateo:

Ferrari

• No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti.
• En todo, esfuérzate por no causar daño.
• Trata a los seres humanos, a los seres vivos y al mundo en general con amor, honestidad, fidelidad y respeto.
• No pases por alto la maldad ni te acobardes al administrar justicia, pero disponte siempre a perdonar el mal hecho libremente admitido y honestamente arrepentido.
• Vive con un sentido de alegría y admiración.
• Busca siempre aprender algo nuevo.
• Prueba todas las cosas; revisa siempre tus ideas frente a los hechos y prepárate para descartar incluso una creencia muy apreciada si no está conforme a ellos.
• Nunca busques censurar o interrumpir una disensión; respeta siempre el derecho de los demás a estar en desacuerdo contigo.
• Fórmate opiniones independientes en la base de tu propia razón y experiencia; no te permitas ser manejado a ciegas por otros.
• Cuestiónalo todo.

Pero Richard Dawkins también agrega algunos propios a la lista.

• Disfruta de tu propia vida sexual (en tanto no hagas daño a nadie) y deja a los demás que disfruten la suya en privado, sean cuales sean sus inclinaciones, que, en ningún caso, son asunto tuyo.
• No discrimines ni oprimas a nadie en función de su sexo, raza o (hasta donde sea posible) especie.
• No adoctrines a tus hijos. Enséñales cómo pensar por sí mismos, cómo evaluar evidencias y cómo estar en desacuerdo contigo.
• Valora el futuro en una escala temporal más larga que la tuya propia.

¿Y vos? ¿Cuál o cuales agregarías al listado de los Nuevos Mandamientos para la Humanidad?

 



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Los libros digitales de Paulo Coelho explotan en ventas luego de rebajarlos a U$S 0,99

Luego que Pablo Coelho convenciera su editorial Harper Collins, para que ofrecieran todos sus libros digitales a U$S 0,99 (excepto El Alquimista), sus ventas en Amazon se multiplicaron entre 4,000% y 6,500%.

Coelho

 

Un buen experimento para otros autores y/o editoriales que quieran expandir sus perspectivas de negocio.

 


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Pottermore: la red social para fans de Harry Potter

Los fanáticos de Harry Potter estarán de parabienes ya que pronto se lanza una nueva iniciativa de lectura interactiva llamada Pottermore.

La propia autora de la saga infantil, J.K. Rowling, presenta la iniciativa y nos invita a sumarnos a la pre-registración en el sitio que será lanzado para el primer millón de usuarios el 31 de Julio y para el resto en Octubre.

Para registrarte en el sitio hacé click aquí.



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Aportando al debate sobre la presentación de Vargas Llosa en la Feria del Libro


Llega Vargas Llosa a la Argentina y su presencia en la Feria del Libro no deja de generar debate. Incrementando la polémica el escritor ya anunció que no hablará de literatura, sino de política, incitando aún más a sus más duros críticos. Sobre el tema leí una interesante reflexión de Daniel Link a que vale la pena dedicarle unos minutos.


Vargas

Ejercicio de Poder

Ya no recuerdo cuál fue la última novela de Mario Vargas Llosa que leí pero tal vez fuera La guerra del fin del mundo (1981). Antes, La tía Julia y el escribidor (1977) le había valido la censura de al menos un gobierno provincial en Argentina, porque se interpretó que los dichos puestos en boca del personaje Pedro Camacho, un guionista desquiciado, ofendían al ser nacional. Treinta y cinco años después, pareciera, el novelista sigue siendo irritante y ahora se lo acusa de haberse “ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad” (cito una solicitada poco elegante y muy falaz que circuló en estos días).

El Sr. Vargas Llosa no necesita de nuestra defensa. El año pasado ganó un Premio Nobel que no le habríamos concedido no tanto por razones políticas (que, de todos modos habrían ocupado algún párrafo de nuestro dictamen) sino por el irremediable adocenamiento de su literatura que (me lo dicen personas de confianza, y por eso les creo) ha perdido toda capacidad de sorprender. Sucede siempre cuando un escritor asume dogmáticamente el lugar en que se encuentra y abandona lo más noble de la literatura y el arte: ponerse en riesgo, todo el tiempo.

Tampoco necesita la Fundación El Libro (organizadora de la Feria de referencia) de nuestras críticas, que no hemos cesado de manifestar a lo largo de su historia, sin que eso modificara un ápice las contradicciones que la arrastran lejos de la literatura y del libro, hacia las pantanosas aguas del show business y el entretenimiento de las masas que la visitan y que, mayoritariamente, buscan en ella lo mismo que en la televisión, los parques temáticos y los juegos de salón: pasar el rato, alrededor de un objeto cada vez más fetichizado (y por eso mismo más odioso), el Libro.

La carta sobre estos asuntos enviada por el Director de la Biblioteca Nacional, el Sr. Horacio González,al presidente de la Cámara del Libro, el Sr. Carlos de Santos, es muy justa y, al mismo tiempo, muy fuera de lugar (desencaminada en su destinatario, en principio, pero también en su alcance, como se verá).

Como queda claro, no comparto todos sus términos. Me parece que separar al Vargas Llosa “literato” del Vargas Llosa “político”, considerando al primero “el gran escritor que todos festejamos” y al segundo, “el militante que no ceja ni un segundo en atacar a los gobiernos populares de la región” es un error que no estamos acostumbrados a reconocer en la siempre compleja prosa del Sr. González, a quien más de una vez hemos citado como bibliografía de referencia. No festejo al Vargas Llosa literato precisamente porque sus opiniones políticas (de una medianía y una mediocridad abrumadora: Vargas Llosa no es más que un liberal) me resultan antipáticas. Toda ilusión de autonomismo, en ese punto, me parece que conduce a debates estériles.

Eso no invalida el interés de una carta que, en rigor, tiene por objeto discutir antes una política curatorial (la de la Feria) que las cualidades éticas o estéticas de un escritor en particular. Es en relación con ese objetivo que convendría meditar en las palabras del Sr. González, más o menos justas en la evaluación de la figura pública de Vargas Llosa (a nadie puede importarle demasiado ese punto), fuera de lugar como intervención política.

Una y otra vez hemos visto la misma operación: no me gusta lo que piensa Tal (la Feria del Libro, Vargas Llosa, Mirtha Legrand) y por eso prefiero que no se lo escuche, porque su pensamiento ofende nuestras convicciones, confunde a la opinión pública (siempre propensa a dejarse engañar por los poderosos) y, sobre todo, perturba la marcha de la Historia.

En este caso: no me gusta la política curatorial de la Feria del Libro (un evento privado y exitosísimo hasta la náusea) y, por lo tanto, trataré de torcerla. Más valdría, pienso, crear (sobre todo cuando se tienen las herramientas conceptuales y logísticas para hacerlo) un espacio discursivo diferencial que debatiera con la Feria del Libro. El FILBA (sobre el cual podrían formularse varias objeciones) es otra institución privada que, en algún sentido, vino a debatir una hegemonía mal o bien ganada.

Pero pareciera que, desconfiando de las propias capacidades organizativas e incluso imaginarias, se prefiere destruir el espacio que se presume amenazante (¿alguien puede creer que la Feria del Libro puede torcer los destinos políticos de la Argentina?) antes que crear uno nuevo. Lo que se pretendía una manifestación de fuerza se revela como una debilidad constitutiva.

Hay que agradecerle, pues, al Sr. González la valentía de su carta: diseña un horizonte que es necesario debatir.


El Secreto de la Chela

Hoy comparto un cuento que me envió Oscar Duque, un gran amigo de toda la vida. En este relato, Oscar explora la mirada de un adolescente sobre el mundo que lo rodea y el encadenamiento de hechos que lo llevan al punto clave en donde su vida cambiará para siempre.

Ojalá lo disfruten tanto como yo.

Fueron muchos golpes, el último la desmoronó. Escuché a lo lejos, como contra una pared, el choque de algo pesado, fofo, resbalando y cayendo como una bolsa de carne.

-¡Así vas a aprender, puta de mierda!


Las palabras arrastradas, fragosas, sonaron tan potentes y duras como el portazo. Esperé un tiempo sintiendo que el corazón me salía del pecho, y corrí a ver qué había pasado. Me acerqué con precaución. Estaba seguro que ese borracho roñoso le había pegado otra vez.


Nunca voy a olvidar el día que La Chela y ese miserable llegaron a la casita de al lado. El calor era insoportable, y los ayudamos con mi madre a bajar las pocas cosas que traían en un carro tirado por un caballo huesudo, de patas leñosas. Hugo escasas miradas y aún menos palabras. Me quedaron grabadas para siempre el aspecto de La Chela, cabizbaja, en sumisa actitud, con un pañuelo gris ceñido debajo del mentón afilado de su rostro juvenil, contrastando con los enrojecidos ojos saltones y lacrimosos, del borracho.
La Chela y el borracho eran conocidos en el pueblo. Sobre todo La Chela. La chusma del pueblo murmuraba algunas cosas sobre ella, cosas que mi madre siempre tuvo el cuidado de ocultarme o disimular. Siempre me decía: -La gente siempre opina, no hagas caso a las habladurías, hacé tu trabajo y ocupate de tus cosas.
El calor abrumador y la intriga de los corrillos pueblerinos no me dejaban dormir. Las horas de la siesta, donde todo el mundo cesaba sus tareas convertían al lugar en una especie de gran cementerio opaco y polvoriento. Sólo se escuchaba el rodar de hojas secas empujadas por la brisa caliente. A veces creía sentir el movimiento lento y pesado de los cuerpos transpirados, girando en sus camas, o acomodándose en los patios de tierra a la sombra de los árboles. Cada tanto se escuchaba el resoplido acuoso de algún caballo y el chasquido de la cola pegando en las ancas para espantar a los tábanos insistentes y sedientos de sangre.

Dentro de ese particular adormecimiento estival, mi intriga y mi curiosidad, podían más que los consejos de mi madre. Ella no quería que me acercara a la casita de La Chela, e insistía en que no tenía que hacer caso a los charlatanes. –Al final, uno no sabe si algunas cosas son ciertas. –Decía con ese modo triste que tiene la gente de campo. Y yo me preguntaba: ¿Qué cosas?, mientras mi interés y atracción aumentaban.

Un día, cuando iba a llevarle maíz a las gallinas, la vi a La Chela ir hacia el fondo. Cautelosamente la seguí desde lejos, ocultándome. Llegó a la enramada, que cubría parte de un patio donde estaba la bomba de agua. Comenzó a mojarse los sobacos y el cuello, y cada tanto se refrescaba la cara con cuidadosas palmaditas. Ni las abejas zumbando cerca de mis orejas en busca de mis gotas de sudor, ni aún el peligro de algún aguijonazo, fueron causa suficiente para evitar mi mirada anhelante. Debajo de su etérea camisola blanca y a través del escote suelto y amplio se dejaba ver la suavidad de sus curvas blandas y prolongadas, cadenciosas, que me imaginaba tibias y mullidas al tacto. La impronta de su figura se destacaba como la imagen de una película sin sonido, en colores sepia, variables por la acción de una calurosa brisa envolvente donde, a través de sus cabellos sueltos, se podía ver el pequeño viñedo que le daba un tinte violáceo y somnoliento.

A partir de ese momento se convirtió en mi obsesión. No podía dejar de pensar en  esa figura blanca y suave. No quería hacer otra cosa que espiarla, tocarla con la mirada, acariciarla con mis deseos. Quería adivinar esa cuestión oculta que emanaba de las charlatanerías y las observaciones de mi madre. Me decía enojada: ¡El otro día te vi espiando a La Chela… te voy a dar!

Abrí la puerta y entré lentamente, con miedo. Irrumpían el silencio inquietante los golpes repetitivos y cadenciosos de un postigo mal cerrado… y la vi en el piso, como sentada contra la pared, con el cabello revuelto y los ojos cerrados. Su vestido negro estaba desgarrado y su pecho casi descubierto. En ese instante no reparé en la tragedia. Miraba esa redondez blanca y suave, delicada… hasta que un espeso y oscuro hilo de sangre se asomó lentamente detrás de una oreja, formando un pequeño charco en la hendidura de su clavícula. Toqué uno de sus hombros, le hablé, y tardó en girar la cabeza muy lentamente, tratando de mirarme en silencio… Vi un golpe debajo de su ojo izquierdo; estaban claras cuatro marcas violáceas en fila, como cuatro uvas reventadas contra la cara.
Salí corriendo a buscar a mi madre que trabajaba en el hospital del pueblo como enfermera. Corrí enloquecidamente, crucé un campo cosechado, para ganar tiempo, y los rastrojos resecos me atravesaron como dagas las alpargatas, clavándose en las plantas de mis pies. Sentía un tremendo dolor, sentía odio, desesperación, venganza. Dos veces tuve que parar para tomar aliento. El último tramo lo corrí paralelo al viñedo. Los sarmientos retorcidos como venas expuestas, se sucedían alternados con racimos repletos de uvas, repletos de posibles puñetazos reventados contra
rostros inocentes.

Cuando llegué al hospital, trepando con esfuerzo la pequeña escalinata, salió a mi encuentro mi madre, que creyó que había tenido un accidente. A borbotones fluían mis explicaciones sobre lo sucedido… La Chela estuvo varios días internada, y mi madre se encargó de cuidarla. Las curaciones eran dolorosas, y el calor y la falta de elementos complicaban la situación… Mi mamá suplía esas carencias con afecto y delicado trato, con suaves masajes en los brazos entumecidos, y apósitos en la cara lacerada, seguidos de amables caricias sobre su cabellera.

Cuando La Chela volvió a su casa, volvieron los cuchicheos en el pueblo, las viejas secreteaban a la salida de la iglesia… y yo intuía que hablaban de La Chela. Mi mamá ya no me molestaba más con las prohibiciones, quizás porque se había acostumbrado o porque no se daba cuenta de que yo seguía con mis observaciones.
Al cabo de un tiempo, los movimientos misteriosos de La Chela comenzaron a parecer más naturales; nos acostumbramos a su silueta sigilosa y su andar taciturno. Casi no pronunciaba palabra ni saludaba. El borracho se iba de la casa luego de alguna gresca y volvía a los dos o tres días, hecho una cuba, con sus ojos saltones y sanguinolentos, para reiterar su maltrato, sus golpes y sus insultos.
En las noches en que mi madre tenía guardia en el hospital, yo aprovechaba para observar desde lejos a la casita de al lado. Quería descubrir los secretos de La Chela. Ansiaba, en realidad, pertenecer a esa casta de visitantes furtivos. Cada tanto aparecía una silueta en la oscuridad, que entraba, se quedaba un tiempo y volvía a salir. A veces me parecía reconocer al borracho, pero otras no lograba adivinar. Cierta vez lo vi clarito al borracho entrar a la casa; estuvo poco tiempo, y por alguna razón salió rápidamente a los tumbos, y no lo vi nunca más.
Promediando el verano y con los primeros días del otoño, algunas noches comenzaron a ser frescas y mis salidas fueron raleando. No así mi infatigable curiosidad. Una de esas noches en que me quedaba solo, escuché algunos ruidos en la casa de La Chela. Salté de la cama, me tapé con el poncho y miré por la ventana que daba a la casita de al lado. Los ruidos eran discretos, pasos, la puerta de que entrada que se abre… y veo otra vez esa silueta encorvada tapada hasta la cabeza como los frailes franciscanos de la iglesia. Volvió a palpitar mi corazón exageradamente, y no pude contenerme más y salí a ver qué pasaba.

Nunca lo había intentado, pero esta vez estaba decidido a todo. Tomé todas las precauciones, caminé como un puma, lentamente, como intentando sorprender a mi presa. Me acerqué a la casa, crucé entre unas cañas del fondo y acaricié a los perros para que no ladraran. Me deslicé junto a una de las paredes, para tratar de ver algo por el postigo. La luz de un candil iluminaba pobremente el interior y me di cuenta de que si me asomaba un poco podría observar lo que ocurría, sin ser visto. Me latía tanto y tan fuerte el corazón, que temía que me escucharan desde adentro. No me animaba y empecé a sentir temor. Y frío. Me incorporé lentamente y escuché un leve murmullo, palabras sueltas dichas muy bajo.
Cuando mi vista logró superar la parte más baja de la pequeña ventana, pude reconocer unas piernas suavemente pálidas, deslizándose en lentos movimientos voluptuosos, enancadas sobre la blanca desnudez de La Chela. Mi corazón cesó por unos segundos, y luego retomó los latidos con una fuerza brutal, como si espasmódicos rebencazos me azotaran el cuello. Fue la revelación más dolorosa de mi vida.

Y nuevamente corrí, pero esta vez corrí como nunca, con desesperación, con vergüenza…; atravesé el viñedo lastimándome con los alambres, tropezando con las acequias, resbalando en mi vómito, cayéndome y levantándome, rasgándome la piel con los sarmientos aguzados como púas, tiñéndome de sangre y barro, sin rumbo…
Y no sentí ningún dolor.

Oscar A. Duque
Invierno de 2009


Amanecer Zombie, los tweets de un sobreviviente

amanecerZ

En tiempo real, Pablo Sapporo nos relata un holocausto zombie mundial. Una genial y actual manera de contar una historia.
Lo genial del relato, mas allá de los breves e instantaneos micro posteos, es la ambientación en plena Buenos Aires.
Pueden seguirlo via Twitter @AmanecerZ

 

La Carta Que Fausto No Escribió

Gracias a Twitter, descubrí una faceta desconocida para mi, de Cristina Perez @cris_telefe, la de poeta. La conductora de Telefé Noticias y una de las periodistas argentinas que más y mejor usa Twitter compartió en su cuenta uno de sus poemas.

El Fausto


La Carta que Fausto no escribió


Ya no temo al infierno: es el desamor 
en el que me he consumido sin fuego.
Dejo a mi sirviente Wagner lo que tengo,
lo que nunca tuve. Será mi última 
apariencia. Alguien me recordará bueno.
Esta noche he confesado a mis pares
que mis artes eran negras y mi ciencia
magia. Ellos no me juzgaron. Esta
noche sentí la amistad de la que fui 
incapaz. Yo que desafié a Dios, yo
que interrogué al Diablo en mis
delirios de inmortalidad, yo que besé
a Helena de Troya, convencido 
de que no era una sombra de mi soberbia. 
No me arrepiento, no puedo.
La formalidad de firmar con mi sangre
No era anterior a mi propia perdición.
Esta noche el reloj clausurará las treguas.
Le agradezco a mi autor por defender
la libertad de la que he gozado 
para elegir mi infierno. Ciega o inútil
es lo único que me queda. 
El infierno no me espera.
Yo llegué antes.

Apóstoles (12 cuentos)

Andrés

Andrés nació el 3 de abril del 82. Ese día había amanecido nublado. Un cielo negro y cargado de humedad le indicó a Laura, su mamá, que Andrés vendría a este mundo. Pero la sensación era extraña, Laura siempre supo reconocer cuando las cosas no iban bien. No se equivocaba. No sobrevivió a las complicaciones del parto. Andrés estaba trabado en el vientre, eso dijeron. El papá queda fuera de este parto, estaba embarrado en Malvinas, matando ingleses.
Lo crió Pepa, su abuela materna. Ella vieja y enferma como estaba, hizo de madre y padre a la vez. Ella fue quién tomó la foto con la instantánea brasilera cuando él dio sus primeros pasos. Ella lo vestía a la mañana y lo desvestía a la hora de acostarse. Ella lo llevaba al médico cuándo le dolía algo. Ella le regaló su primer juguete, y su primer libro: Una Biblia para chicos. Ella fue, también, quién le habló del sexo, de los pecados, y de la poderosa manera de Dios de castigar a los pecadores La abuela Pepa fue quién le habló de Dios, Jesús y los apóstoles.
Ahí Andrés conoció a Andrés el apóstol…
El ejemplo fue claro: “Tu papá murió en la guerra por culpa de sus pecados”. Muchos años después Andrés entendería que en verdad su papá murió por los pecados de todos.
En el colegio era buen alumno, aunque poco participativo y muy callado. No tenía amigos, salvo su abuela, por eso en los recreos, miraba desde la ventana del aula cómo los demás parecían bestias recién salidas de una jaula tras años de encierro. Los envidiaba.
En un acto del 2 de abril la maestra le pidió que leyera un poema sobre las Malvinas. Andrés se negó sin dar demasiadas explicaciones. Ese fue su primer 1. Su primer mala nota. Su primer comunicado que empezaba con el Sres. Padres. en su cuaderno de forro azul.
Terminó la primaria con las notas más bajas del curso.
La secundaria lo recibió con otra muerte. Pepa murió de cáncer en su propia cama el primer día de clases. Andrés y sus 14 años dejaron de estudiar. Andrés ahora no sabía que hacer.
Una vecina le preparaba la comida, a cambio que él le mantenga el jardín en condiciones.
Un día la señora no abrió la puerta… Nunca más la vio. Andrés dejó de comer.
Murió a los 16 años encerrado en la misma habitación donde murió su abuela. En la misma cama donde noche a noche le hablaba y le preguntaba cosas, sin respuestas.
Se dejó ir. Allá, creía, lo esperaban sus papás. Se equivocaba.
Andrés fue el primer apóstol de esta historia.

Podés leer los otros cuentos de los apóstoles en

http://medio-blog.blogspot.com/search/label/religión

Ipad, Kindle, Google Editions y el futuro del libro

Con el surgimiento de las plataformas electrónicas para poder vender y distribuir libros electrónicos se ha desatado una competencia entre los proveedores de aparatos y una lucha con las editoriales para definir el precio de los libros virtuales.

A continuación traduzco una nota publicada en New Yorker donde se analiza el futuro de este negocio.

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En la mañana de enero un 27 de enero, Steve Jobs esta listo para aparecer en el Centro Yerba Buena para las Artes, en el centro de San Francisco, para develar el nuevo dispositivo de Apple, el IPAD. Aunque la especulación sobre el dispositivo había sido intensa, muy pocos en el público sabía aún cómo se llamaba o que haría exactamente, y había mucha expectativa en la sala.

Steve-Jobs

Cientos de periodistas e invitados, incluyendo a Al Gore, Yo-Yo Ma, y Robert Iger, C.E.O. de la de Disney, esperaban a que aparezca Jobs. El sistema de sonido había estado tocando un popurrí de canciones de Bob Dylan, de a poco se fue silenciando y las luces se encendieron en el escenario y Jobs apareció ante el aplauso de la multitud.

En las semanas anteriores, la industria del libro había estado llena de un desacostumbrado optimismo y, en algunos círculos de la industria editorial, se habían referido al dispositivo como “la tabla de Jesús.” La industria estaba desesperada por un salvador. Entre 2002 y 2008, las ventas anuales habían crecido sólo 1,6 por ciento, y los márgenes de beneficio se reducían. Al igual que otras industrias con problemas, los editores habían recortado los gastos, habían despido editores y publicistas, y dandole menos posibilidades a escritores desconocidos.

La gran esperanza de la industria era que el IPAD llevaría libros electrónicos a las masas-y conseguiría que sean rentables. Aunque las ventas de ebooks representan sólo un estimado de tres a cinco por ciento del mercado, sus ventas aumentaron un 177% en 2009, y se prevé que con el tiempo pasará a representar entre veinticinco y cincuenta por ciento de todos los libros vendidos. Sin embargo, los editores estaban preocupados de que al ofrecer precios más bajos diezmaran sus ganancias. Amazon ha estado comprando muchos libros electrónicos de los editores a unos trece dólares y los vende por 9,99 dólares, teniendo una pérdida en cada libro con el fin de ganar cuota de mercado y fomentar las ventas de su dispositivo de lectura electrónica, el Kindle.

A finales del año pasado, Amazon declaró un estimado de ochenta por ciento de todas las ventas de libros electrónicos se hizo a ese precio, parecía que establecería que U$S 9,99 como el precio de un libro electrónico. Los editores fueron presa del pánico. David Young, el presidente y C.E.O. de Hachette Book Group EE.UU., dijo: “La gran preocupación es el hecho de la fijación del precio en $ 9.99. Si se trata de permitir que se arraigue en la mente del consumidor de que un libro vale diez dólares, en mi opinión se acabó el juego para este negocio. “

En el Centro Yerba Buena, Jobs dijo que “Amazon había hecho un gran trabajo”, con su Kindle. “Vamos a pararnos en los hombros e ir un poco más lejos.” Probablemente hubiera sido más exacto que dijera que planea pararse en el cuello de Amazon y presionar hacia abajo con fuerza, mientras los editores aplaudían. La decisión de entrar en el negocio editorial ha sido un cambio para Jobs, quien hace dos años, dijo que el negocio de los libros era insalvable. “No importa lo bueno o malo es el producto, el hecho es que la gente ya no lee”, dijo. “Cuarenta por ciento de las personas en los EE.UU. solo leyeron un libro o menos el año pasado.” Pero si la lectura de libros tenia baja prioridad en la lista de cosas que el IPAD podía hacer, era no obstante, algo incluido en la lista, lo que significa que Amazon se había convertido en un competidor. “Hay una gran tensión entre Apple y Amazon y Google,” un asesor de Jobs. “Steve expresa desprecio por todos, a menos que los controle”. Una fuente de Apple dijo: “Él piensa que Amazon es estúpido, y ha cometido un terrible error al insistir en que los libros deben tener un precio de 9,99 dólares.”

En el escenario, Jobs dejó en claro que presentaría a Amazon y a su director ejecutivo, Jeff Bezos, un serio desafío. Le dijo a la multitud que cinco de los “seis grandes” editoriales habían comprometido a vender sus libros electrónicos a través del Apple’s iBooks Store, que abriría en abril. Y dijo que Apple, a través de su iTunes y las tiendas de Apple, tenía acceso a ciento veinticinco millones de tarjetas de crédito, lo que haría más fácil para los consumidores a comprar libros por impulso. El IPAD era claramente un dispositivo más versátil: podría proporcionar color y audio y vídeo, mientras que el Kindle podría mostrar sólo el texto en blanco y negro.

Después de la presentación de Jobs, los invitados fueron conducidos a un edificio contiguo para probar el IPAD. Entre ellos se encontraba Carolyn Reidy, presidente y CEO de Simon & Schuster. Con una amplia sonrisa, Reidy dijo: “Es fabuloso! Yo quiero uno! “. Dijo que esperaba que este nuevo dispositivo pusiera a los libros digitales en frente de ciento veinticinco millones de personas. “Además crearía un competidor de Amazon y proporcionaría una herramienta para elevar el precio de los libros por encima de diez dólares.

Jobs, se detuvo en una de varias mesas con montones de iPads para hablar con Walt Mossberg, columnista de tecnología del Wall Street Journal. En el escenario, Jobs, demostró cómo Apple vendería libros. Para eso seleccionó “True Compass” de Edward Kennedy y clickeó en el icono de “comprar” con un precio 14,99 dólares a su lado. ¿Por qué, preguntó Mossberg, los consumidores “pagarían a Apple 14,99 dólares cuando pueden comprar el mismo libro en Amazon por $ 9.99?”

“No será el caso”, dijo Jobs, “El precio será el mismo.” Mossberg le pidió que explicase. ¿Por qué Amazon aumentaría los precios, cuando los consumidores estaban comprando tantos libros? “Los editores pueden retener sus libros en Amazon,” dijo Jobs. “Son infelices.”

Kindle

Al día siguiente, un viernes, John Sargent, el C.E.O. de Macmillan, un conglomerado editorial que incluye Farrar, Straus & Giroux y St. Martin’s Press, voló desde Nueva York a Seattle para reunirse con Amazon. Macmillan es el más pequeño de los seis grandes editores, que producen el sesenta por ciento de todos los libros vendidos en los EE.UU. Al igual que sus compañeros, Macmillan depende en gran medida en Amazon, que vende aproximadamente el catorce por ciento de sus libros de comercio y la gran mayoría de sus libros electrónicos. Pero Sargent estaba decidido a forzar a Amazonas a cambiar la forma de hacer negocios. Tradicionalmente, los editores de libros han vendido a las tiendas, fijando el precio al por mayor de a un cincuenta por ciento del precio de tapa. Los autores reciben regalías de aproximadamente un quince por ciento del precio de tapa.

Aunque esta situación no es ideal, se ha mantenido, más o menos sin cambios, desde hace décadas. Los libros digitales, ahora han puesto a todo el sistema en tela de juicio. Si no hay libro físico, ¿que es lo que determinaría el precio? La mayoría de los editores acuerdan, en dar a los autores una regalía del veinticinco por ciento, y comenzar una larga serie de negociaciones sobre los precios con Amazon. Durante meses antes de la visita de Sargent, los editores habían hablado de la imposición de un “modelo de agencia” para los los libros digitales. Bajo este modelo, el editor se consideraría el vendedor, y un vendedor en línea como Amazon podría actuar como un “agente”, a cambio de una tarifa del treinta por ciento. Y sin embargo, ninguno de los editores pensaba que podía actuar solo, y si se presentaba una demanda conjunta a Amazon corrían el riesgo de ser acusados de fijación de precios y colusión.

En Seattle, Sargent se reunió con Russ Grandinetti, el vice-presidente a cargo de contenido de Kindle, y le dijo que si Amazon no aceptaba el modelo de agencia, Macmillan limitaría la publicación de sus libros electrónicos. Sargent estaba dando un ultimátum: Amazon había construido su negocio sobre la variedad, y si Macmillan retiraba sus libros ya no podía decir que era la librería mejor surtida del mundo.

Amazon no reaccionó como esperaba Sargent. Antes que el bajara del avión, de regreso en Nueva York, la empresa había dejado de vender todos los títulos de Macmillan. Pero, como insinuó Jobs, otras cuatro grandes editoriales-Simon & Schuster, HarperCollins, Penguin, y Hachette-estaban planeando en silencio seguir el ejemplo de Sargent. En la tarde del domingo, Amazon dio marcha atrás y anunció en su página web, “Vamos a tener que ceder y aceptar los términos Macmillan porque ellos tienen un monopolio sobre sus propios títulos, y nosotros queremos ofrecerle a usted, incluso a precios que creemos que son innecesariamente altos para los libros electrónicos. “

Este fue un comunicado un tanto críptico. ¿No todas las empresas tienen el monopolio de sus propios productos? Y los editores lo interpretaron de diversas maneras. Un ejecutivo dijo que Amazon capituló con el fin de demostrar que “la fijación de precios está fuera de su control”, es decir, culpar a los editores por los precios más altos. El jefe de la otra casa, dijo, “Amazon estaba furioso. Cambiaron porque pensaron que si todos los editores retiraban sus libros el negocio de Amazon estaría muerto. “Cualquiera sea la explicación, el anuncio de Amazon era una buena noticia para los editores. John Sargent había dicho que las negociaciones con Amazon eran “como un juego de ajedrez” y parecía haber ganado el gambito de apertura.

A pesar de que las tácticas de Sargent habían funcionado, los editores no parecían estar seguro de que fueran sostenibles. “No estoy seguro de que el« “modelo de agencia sea lo mejor” me dijo uno de los directores de una importante casa editorial. Los editores percibirían menos dinero de esta manera, cerca de nueve dólares por libro, en lugar de trece, la otra opción era poco atractiva ya que implicaba ceder parte de los beneficios a fin de establecer un precio mínimo. “Amazon nos obligó”, dijo un editor. “Ellos decidieron hacer algo irracional-perder dinero con el fin de obtener un monopolio. Eso fue destructivo para los editores, distribuidores y autores. “

La industria editorial vive en un estado constante de preocupación por su posible desaparición. Las preocupaciones de los editores acerca de Amazon son una reminiscencia de sus preocupaciones sobre Barnes & Noble, quien en los años ochenta empezó a producir sus propios libros, causando gran ansiedad a los editores pero sin embargo no afectó mucho a su negocio. A diferencia de Barnes & Noble, sin embargo, Amazon genera más de la mitad de sus ingresos, que suman cerca de veinticinco mil millones de dólares al año, mediante otros productos distintos de los libros. Muchos editores creen que Amazon ve los libros como una mercancía para vender lo más barato posible, y a los editores como algo prescindible. “No olviden,” dice el jefe de una editorial “que Bezos ha declarado que el libro físico y las librerías están muertas.”

Amazon.com abrió sus puertas en Seattle, en julio de 1995. Aunque las ventas crecieron rápidamente se necesitaron siete años para generar un beneficio, y los analistas crearon el deporte de predecir su colapso. Bezos no se inmutó por las críticas. Cuando Charlie Rose, en 2009, le pidió que describiera su talento excepcional, él dijo que el estaba enfocado en el largo plazo y tenia la voluntad de “ser mal entendido.” Al igual que otras compañías que tuvieron éxito en Internet, Amazon hizo hincapié en ganarse la confianza de los consumidores. “Nuestra visión”, dijo Bezos muchas veces, es ser “la empresa más centrada en el cliente en todo el mundo” Parte del atractivo para los consumidores eran los bajos precios; Amazon vendía libros, en especial best sellers, por poco más del precio mayorista, o incluso con pérdidas. Bezos creía que a largo plazo, tener precios más bajos ampliaría la cuota de mercado de Amazon, y con esto el precio de sus acciones, y sus beneficios.

Amazon tuvo un efecto profundo en los negocios editoriales, creando un lugar donde los clientes confiaban en poder encontrar libros que ya no se están promoviendo en las tiendas.  Con Amazon, “la gente puede encontrar libros del catalogo que no están en las tiendas”, dice David Young, de Hachette. “Eso hace que los autores no estén esperando y rezando para que sea expuesto en un estante.” Carolyn Reidy, dice que a través del e-commerce en un plazo de tres meses normalmente venden dos mil quinientos títulos de Simon & Schuster que no están disponibles en las librerías.

Bezos había ideado una manera más eficiente de comprar libros. Y, con la llegada de los libros electrónicos, comenzó a pensar en maneras de reemplazar el papel por completo. Los e-books tienen ventajas innegables para los editores. No habría más devoluciones, gastos de depósitos, gastos de impresión, ni gastos de envío. El obstáculo era que nadie sabía cómo debían ser leídos. Las pantallas de las notebook no eran suficiente, y para muchos los teléfonos celulares eran demasiado pequeños. Los e-books permanecían como un nicho de mercado, en su mayoría abandonados por los editores comerciales de gran tamaño.

A finales de 2007, Amazon lanzó el Kindle, que presentó un simulacro decente de páginas impresas y de forma inalámbrica podría descargar un libro en sesenta segundos. Arthur Klebanoff, el co-fundador y C.E.O. de RosettaBook, una editorial de libros electrónicos, dice que, una vez que el Kindle estuvo disponible a Amazonas le tomó noventa días desde su lanzamiento para generar más ingresos de mi catalogo que el que estaba recibiendo de todas mis otras plataformas de distribución combinadas”. En la actualidad hay aproximadamente tres millones de Kindles en circulación, y Amazon ofrece más de cuatrocientos cincuenta mil libros electrónicos. Si el mismo libro está disponible en papel y en soporte sin papel, Amazon.com asegura que el cuarenta por ciento de sus clientes elige la versión electrónica. Russ Grandinetti, el vice-presidente de Amazon, dice que Kindle ha impulsado las ventas de libros. “En promedio,” dice él, “los usuarios de Kindle compran 3,1 veces más libros que lo que hacían doce meses atrás”

Sin embargo, los editores también reconocen la similitud entre la estrategia de Amazon y la de iTunes. Un editor dijo: “Conseguir una cuota de mercado, viniendo desde atrás es muy difícil. El juego de Bezos al igual que el de Jobs, es conseguir el dispositivo de distribución y recibir ochenta a noventa por ciento de las ventas a través del dispositivo, y así lograra ganar el juego. “

La analogía con el negocio de la música sólo llega hasta ahí. Lo que iTunes hizo fue sustituir el CD como la unidad básica del comercio: en lugar de verse obligados a comprar un álbum entero para conseguir la canción que realmente quería, se podía comprar sólo la pista. Pero nadie, con la posible excepción de los estudiantes, va a querer comprar un solo capítulo de la mayoría de los libros. La verdadera preocupación de las editoriales es que el bajo precio de los libros digitales destruirá las librerías, que son sus principales clientes. Agobiadas por el alquiler, los gastos de electricidad y otros, las librerías tradicionales tendrán dificultad para competir con las de los vendedores en línea. Roxanne Coady, quien es propietaria de R. J. Julia Booksellers, una librería independiente en Madison, Connecticut, dice: “La venta de libros es una torta que cada vez se reparte entre mas. Para nosotros, la primera parte en tomar algo son las cadenas, después es la gente que cada vez lee menos, otra parte es Amazon. Y ahora se suman las descargas digitales. “

Según la Asociación Americana de Libreros, el número de librerías independientes se ha reducido de 3.250 a 1.400 desde 1999; los independientes ahora representan sólo un diez por ciento de las ventas en tiendas. Las cadenas como Barnes & Noble y Borders representan aproximadamente el treinta por ciento del mercado, y grandes superficies como Target y Wal-Mart, junto con clubes como Costco, representan el cuarenta y cinco por ciento, a pesar de que suelen ofrecer muchos menos títulos. Como resultado, los editores, como los estudios de Hollywood, se encuentran bajo una enorme presión para crear más libros, más éxitos como “Twilight” y menos novelas nacionales o libros valiosos sobre la pobreza o la política comercial.

Las librerías, especialmente las independientes, ayudan a resistir esta tendencia al defender los autores en los que creen los empleados. “En una librería, hay un elemento fortuito que participan en la navegación” Jonathan Burnham, el vice-presidente y editor de Harper Collins, dice “Las librerías independientes son como un centro comunitario. Caminamos y conocemos a las personas que trabajan allí y nos gusta escuchar sus recomendaciones de lectura.”

Pero el costo de mantener personal bien informado y espacio en las tiendas contribuye al aumento de los precios, que muchos consumidores no están dispuestos a pagar.  Un best-seller de tapa dura que se vende a diecisiete dólares en Amazon.com comúnmente se vende por hasta veinte y ocho dólares en una librería. Un consejero de Apple, dice, “Internet pone a todo a disposición mucho más barato. Comparo las librerías a las tiendas de video hace diez años. Ahora uso Netflix o puedo descargar películas “. Los compradores de libros, comprensiblemente, quieren tanto la conveniencia de la página Web y la intimidad de la tienda. Pero esto obliga a los editores a ejecutar esencialmente dos negocios a la vez: un editor tradicional que vende libros encuadernados a las tiendas y un comercio electrónico que vende libros electrónicos en línea. “Creo que los consumidores, como los editores, están viviendo en universos paralelos”, dice Burnham. “Los consumidores están educados a tener una multiplicidad de opciones. Todavía quieres ir a una librería, mientras que también quieren que todo esté disponible. “

Tim O’Reilly, fundador y C.E.O. de O’Reilly Media, que publica alrededor de doscientos e-books por año, piensa que el modelo de los editores de edad “es fundamentalmente erróneo”. Ellos no hacen estudios de mercado, tienen pocos datos sobre sus clientes, y no tienen experiencia en ventas directas. Con la posible excepción de Harlequin Romance y libros de bolsillo Penguin, los lectores no tienen ninguna relación particular con cualquier editor determinado; en los libros, el autor es el nombre de marca. Para atraer a los consumidores, los editores tienen que construir un solo sitio, una web colaborativa para vender libros electrónicos, una idea de que Jason Epstein, la ex directora editorial de Random House, empujó durante años sin éxito. Pero, incluso dejando de lado las dificultades de aprender a manejar un negocio al por menor, el mismo sitio se enfrentaría a problemas de protocolo dignas de el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas-si Amazon no acusa a los editores de fijación de precios en primer lugar.

La tienda de libros digitales parecía proporcionar una solución que ayuda a explicar por qué cinco de los seis grandes editores firmaron sin dudarlo mucho. El único impedimento era Random House, la mayor de las seis grandes. Markus Dohle, presidente y CEO, dijo que compartía la preocupación por el precio de los libros electrónicos, pero creía que los editores de forma se apresuraron en concretar acuerdos con el modelo de agencias -con Apple o Amazon. “La transición digital tomará de cinco a siete años”, dijo. “Para mí no es una cuestión de una semana, o cien días”.

Dohle, de cuarenta y un años, hizo su carrera como ejecutivo el sector de impresión de Bertelsmann AG, la compañía matriz de Random House, y se mudó a los EE.UU. en 2008. Él cree que, como un outsider que ve los desafíos de la industria con más claridad. “Si usted quiere tomar la decisión correcta para el futuro, el miedo no es un consultor muy bueno”, dijo. Antes de aceptar “un cambio significativo en el modelo de negocio”, el explica que quiere tomarse un tiempo “para hablar con todos nuestros grupos de interés”, incluidos los autores, agentes y libreros. “Para nosotros en la industria editorial”, dijo, “Amazon ha sido el cliente de más rápido crecimiento. Creo que es una gran compañía.” Él da la bienvenida a la entrada de Apple en la publicación electrónica, pero dice:” Si haces un trato con Apple empleando el modelo de agencia, entonces significa que tienes que hacer ofertas de la agencia con todos los demás vendedores de libros digitales “

Shatzkin Miguel, el C.E.O. de Idea Logical, una firma de consultoría de medios, cree que Random House está esperando para conseguir un mejor trato. Lo mismo ocurre con muchos de los colegas de Dohle. Pero Shatzkin, que escribe un blog sobre la industria editorial, también tomó nota que, al mantener el statu quo- venderle libros electrónicos de Amazon a un precio de tapa dura y dejar que Amazon tome las pérdidas Random House estará sacando el máximo partido de sus ventas a corto plazo y los beneficios. “Random House va a recaudar más dinero por cada e-libro vendido que sus competidores, mientras que el público pagará menos por cada uno de los libros de Random”, escribió.

Dohle también ha resistido la práctica de retrasar el lanzamiento de libros digitales que se ha convertido en algo común entre otras editoriales. Esta no es una idea nueva; los editores desde hace mucho tiempo han retenido libros de bolsillo para fomentar las ventas de los de tapa dura, y en los DVD de películas a menudo aparecen un año después de los estrenos cinematográficos. Pero hacer esto puede ir los intereses de los editores y autores. El 11 de enero, HarperCollins publicó la edición de tapa dura de “Game Change”, por John Heilemann y Halperin Marcos, y el libro digital no salió a la venta hasta el 23 de febrero. La primer edición de plazo de tapa dura fue de setenta mil ejemplares, y se agotó poco después de su estreno, y durante casi tres semanas las librerías de todo el país no tenía copias en stock. Los autores y la editorial fueron privados de ingresos, y los lectores potenciales encontraron otros libros para comprar.

Russ Grandinetti de Amazon piensa que estas estrategias son erradas. “No funcionará”, dice. “Con el tiempo, la gente leerá lo que quieran. Cuando un libro sale, los autores necesitan toda la publicidad que puedan conseguir. Poner una barrera arbitraria y mantenerlo fuera de las manos de alguien que podría difundir ese trabajo es un mal negocio para el autor. Por no hablar de la frustración para el cliente. “

De acuerdo con Grandinetti, los editores están haciendo las preguntas equivocadas. “La verdadera competencia no es, en nuestra opinión, entre el libro de tapa dura y el libro electrónico”, dice. “TV, películas, navegar por la Web, los videojuegos es los que compite por el tiempo de la gente valiosa. Y si el libro no compite pensamos que con el tiempo la industria se verá afectada. Vea los puntos de precios de bienes digitales en otros medios. He leído un periódico en Internet en esta mañana, y no me costó nada. Mira el precio de las películas de alquiler. Mira el precio de la música. En muchos aspectos, enseñarle a un cliente a pagar diez dólares por un libro digital es un gran logro. “

Según Grandinetti, los ejecutivos de las editoriales, al igual que los de otros medios de comunicación, están cometiendo el mismo error que las compañías de ferrocarriles tuvieron hace más de un siglo: ellos pensaban que estaban en el negocio del tren en lugar del negocio del transporte. Para prosperar, según él, los editores tienen que reinventar el libro como un entretenimiento multimedia. David Rosenthal, el editor de Simon & Schuster, dice que su compañía está compitiendo “para integrar audio y video y otras características de valor añadido en los e-books. Podría ser un autor hablando de su libro, o un clip de una película que toca el tema del libro. “Las grandes editoriales están trabajando en otros proyectos similares, experimentando con música, video clips de noticias, y animación. Los editores esperan que los consumidores estén dispuestos a pagar más por las nuevas características añadidas. El IPAD, dice Rosenthal, “ha abierto la posibilidad de que ya no estamos tratando con un libro estático. Esto nos brinda enormes posibilidades “.

La pregunta sobre si los consumidores acostumbrados a pagar 9,99 dólares por un libro electrónico estarán dispuestos a pagar $ 13.99, o más, independientemente de los extras, aún está abierta. Tim O’Reilly, editor del libros digitales, ha encontrado que cuanto menor sea el precio de los libros más se vende. La empresa O’Reilly’s vende libros electrónicos como aplicaciones para el iPhone por $ 4,95, y dice que ellos generan “un volumen mucho mayor” que lo que se pierde de ventas de libros tradicionales.

Jason Epstein cree que los editores tienen una oportunidad de oro. El modelo de agencia, dice, es realmente otra forma de consorcio que él ya propuso hace una década: “Los editores estarán vendiendo libros digitales directamente a la IPAD. Están utilizando el IPAD como una especie de almacén universal “. Al hacerlo, crean oportunidades para reducir los costos de nómina y gastos generales. Epstein dijo que los e-books también podría restaurar la autonomía editorial. “Cuando me fui a trabajar para Random House, los editores se fueron”, dijo. “Teníamos un gerente de ventas y representantes de ventas, un contador, un publicista y un presidente. Fue un enorme éxito. No necesitamos dieciocho capas de ejecutivos. La digitalización hace posible que esto pase de nuevo, y es inevitable. “

Amazon parece creer que en el mundo digital ni siquiera se necesiten editores. En diciembre, el autor de Simon & Schuster, Stephen Covey vendió los derechos exclusivos a Amazon de dos de sus libros más vendidos “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” y “Principios de Liderazgo.” Los libros fueron vendidos en Amazon por RosettaBooks, y Covey consiguió más de la mitad de los ingresos netos. Un editor dijo: “Lo que hizo por nosotros fue confirmar que Amazon se ve tanto como un competidor como minorista. Tienen aspiraciones de ser un editor. “

Un estrecho colaborador de Bezos fue contundente: “Lo que Amazon realmente quería hacer era hacer que el precio de los libros electrónicos fuera tan bajo que la gente dejara de comprar libros de tapa dura. El siguiente paso sería saltear a los editores e ir derecho a los autores. ” El año pasado, de acuerdo con varios agentes literarios, un alto ejecutivo de Amazon pidió referencias sobre editores para contratar. Su programa Encore ha comenzado a publicar libros de autores cuyas obras atraen buenas críticas en Amazon.com. Y en enero ofreció a los autores que venden los derechos electrónicos directamente a Amazon una regalía del setenta por ciento, siempre que estuvieran de acuerdo con los precios de entre $ 2.99 y $ 9.99. Esta oferta, según un ejecutivo editorial furioso, dijo, pretende “enfrentar a los autores contra las editoriales.”

Grandinetti reconoce que Amazon ha tratado de hacer más negocios directos con los autores: “Estamos constantemente buscando maneras en que podemos hacer las cosas más eficazmente”. Sugiere además que no se trataba de algo nuevo. “Hay una larga historia de los libreros en el negocio editorial”, dijo, mencionando Barnes & Noble. Además señaló que los principales editores, venden libros directamente a los consumidores en sus sitios Web. “Parece como si estuvieran en nuestro negocio, así que es un argumento extraño el preocuparse por esto en la otra dirección”, dijo. Pero las ventas de las editoriales a través de sus propios sitios web son insignificantes, y aunque el programa de publicaciones de Barnes & Noble antagoniza con las editoriales, no era una amenaza para una devaluación mayor de sus productos. O’Reilly cree que los editores tienen buenas razones para estar ansiosos. “Amazon es a un competidor con visión de futuro, poderoso y despiadado”, dice. “No creo que hayamos visto un negocio tan competitivo desde el surgimiento de Microsoft.”

Por el momento, la entrada de Apple en el mercado del libro le dio a las editoriales una moratoria. Un estrecho colaborador de Bezos, dijo, “Amazon estaba pensando publicar directamente, hasta que paso lo de Apple. Por ahora, era una amenaza suficiente que Amazon se viera obligado a negociar con los editores. “

Al pedírsele que describiera su principal preocupación, Carolyn Reidy, de Simon & Schuster, dijo: “En el mundo digital, es posible que los autores publiquen sin editores. Por lo tanto, nos corresponde a nosotros demostrar nuestro valor a los autores todos los días. “Pero los editores han sido lentos en adoptar tecnologías nuevas que puedan ayudar a los autores. Andrew Savikas, vicepresidente de O’Reilly Media-presidente de iniciativas digitales, se sorprende de que los editores lo han hecho poco para crear las aplicaciones digitales de sus libros. “Nada impide a los editores crear aplicaciones para poner los libros en iPhones”, dijo. “Hay cincuenta millones de iPhones en el mundo. Eso es una gran base de clientes” Los editores consciente de sus presupuestos también han reducido la edición y comercialización y otros servicios que prestan a los autores, que ha dejado un vacío para que otros puedan llenar. Soluciones de Autor, una empresa de auto-publicación en Bloomington, Indiana, tiene noventa mil clientes-autores. Para los libros que atraen a los del mercado, la compañía se ha asociado con editoriales como Arlequín para liberarlos a través de los canales tradicionales, pero con más derechos generosos.

Jane Friedman, quien se desempeñó como presidente y C.E.O. de HarperCollins, empresa que dejó en 2008 para crear Open Road Integrated Media, una empresa de libros digitales. Ella planea adquirir los derechos electrónicos para backlists, conseguir nuevos autores (con cincuenta por ciento de reparto de beneficios), y forman una división de auto-publicación. “Los editores tienen miedo de que un minorista que pueden reemplazarlos”, dijo Friedman. “Un autor necesita un editor para la crianza, edición, difusión y comercialización. Si los editores están reduciendo en la comercialización, que es la queja más grande que los autores, y Amazon se queda con en el ochenta por ciento del mercado de libros electrónicos, ¿para qué necesitas la editorial?

Los editores sostienen que las empresas digitales no entienden el proceso creativo de los libros. Una importante editorial dijo sobre Amazon “Ellos no saben cómo piensan los autores. No está en su ADN. “Ni Amazon, Apple, Google, ni tiene experiencia en el reclutamiento, la crianza, la edición, comercialización de los escritores.

Buena editores encuentran y cultivan a los escritores, algunos de los cuales inicialmente no prometen mucho comercialmente. También dan anticipos sobre derechos de autor, sin la cual la mayoría de los escritores de ficción no podía permitirse el lujo de investigar para escribir nuevos libros. La industria produce más de cien mil libros al año, de los cuales el setenta por ciento  no produce el dinero que sus autores han recibido; a un lado de las declaraciones, los anticipos de regalías son en gran medida el mayor gasto de las editoriales. Aunque los críticos sostienen que la publicación de libros tradicionales se queda demasiado dinero de los autores, en realidad, los beneficios obtenidos por el porcentaje relativamente pequeño de los autores cuyos libros ganan dinero va a subvencionar esencialmente a escritores con menos éxito comercial. El sistema es ineficiente, pero permite una clase de escritores profesionales, que de otro modo no podría existir.

Madeline McIntosh, presidente de Random House para las ventas, operaciones y digital, ha trabajado tanto para Amazon y para editoriales, y encuentra notables diferencias entre los dos. “Creo que nosotros, como industria, conversamos mucho”, dijo refiriéndose a los editores. “Esperamos que haya un diálogo abierto. Es una cultura de los almuerzos. Amazon no juega en esa cultura. “Tiene” una disciplina increíble de responder a las preguntas mirando a las matemáticas, mirando los números, mirando los datos. . . . Eso es un choque cultural bastante grande con la cultura de textos y almuerzo-impulsada por la persuasión, una cultura orientada al autor. “

La mayoría de los editores desconfían de Amazon. No dará detalles acerca de los hábitos de los clientes, o el número de Kindles vendidos, o lo que cuesta hacer un Kindle. Ni siquiera revelará el porcentaje de sus ingresos representa la ventas de libros, diciendo solamente que las películas, música y libros, representó cincuenta y dos por ciento de sus ventas en 2009.

Los editores dicen que las negociaciones con Apple fueron menos polémicas. Había discusiones sobre el precio de los libros electrónicos, con los editores que querían el precio máximo fijado en diecisiete dólares y Apple insistiendo en quince.”Una vez que Apple decidió que iba a aceptar el modelo de agencia”, dijo una editorial, “fueron muy duros: Lo tomas o lo dejas.” Pero con la gente de Apple “había una sensación mucho más agradable que con lo que hizo Amazon. Dijeron que iban a compartir algunos datos de los consumidores sobre la compra de libros electrónicos. No tenemos datos de Amazon. “

Los editores tienen otro aliado que se ha convertido recientemente: Google, a quien no hace mucho tiempo veían como una amenaza mortal. En octubre de 2004, sin el permiso de los editores y autores, Google anunció que, a través de su programa Google Books, escanearía todos los libros publicados, que estarían disponibles a través de su motor de búsqueda. La comunidad editorial se indignó, alegando que Google estaba robando el trabajo de los autores. Un consorcio de editores, junto con el AuthorsGuild, presentó una demanda, que sólo se resolvió en el otoño de 2008, cuando Google acordó pagar  ciento veinticinco millones de dólares a los autores y editores por la utilización de su material con derechos de autor. John Sargent, quien fue parte del equipo de negociación de las editoriales dijo que el acuerdo es un logro muy grande. “El más grande jugador en el juego de internet acordó en que para tener el contenido tiene que tener una licencia para el producto y pagar por ella, y que el titular de los derechos se ocuparán de controlar el contenido”, dijo. el acuerdo es aprobado en última instancia por los tribunales de EE.UU., Google abrirá una tienda virtual de libros, llamado Google Editions, a mediados del año, según Dan Clancy, el ingeniero que dirige  Google Libros, y que también estará a cargo de Google Ediciones.

Clancy dijo que la tienda de libros electrónicos, a diferencia de los de Amazon o Apple, será accesible a los usuarios en cualquier dispositivo. Ediciones Google permitirá a los editores fijar el precio de sus libros, dijo, y aceptará el modelo de agencia. Habiendo ya digitalizados doce millones de libros, incluyendo títulos fuera de impresión, Google tendrá una selección mucho más grande que Amazon o Apple. También habrá más libros electrónicos disponibles y se dará  “la inmensa mayoría” de los ingresos a la tienda, dijo Clancy. Sugirió que al tratar de dominar el mercado de Amazon y Apple estaban tomando un enfoque equivocado al negocio en línea. “Esto es más parecido a un ecosistema abierto, donde las tiendas tradicionales podrán participar del futuro digital del libro”, dijo. “Estamos muy a gusto con una amplia gama de minoristass, mientras que la mayoría de los otros jugadores les gustaría tener un espacio menos competitivo,  porque les gustaría a dominarlo.”.

Por ahora, muchos editores creen que han ganado la partida de ajedrez que comenzó Sargent. “Tenemos tres gigantes compitiendo ahora”, dijo el CEO de una editorial. “Entonces uno de ellos no nos pueden obligar a hacer nada a menos que los demás lo acepten.” Las primeras ventas del IPAD son prometedoras: Apple dice que más de trescientos mil fueron vendidos el primer día, y los analistas han asegurado que entre cinco y siete millones se venderán este año. Y una docena de otros dispositivos de lectura digital se encontraban en exhibición en el Consumer Electronics Show, en Las Vegas, en enero, proporcionando una mayor competencia para el Kindle.

Los editores tienen otra razón para la esperanza. La recesión ha cambiado la forma de pensar de las empresas de Silicon Valley, sacudiendo su fe en la publicidad como su única fuente de ingresos. YouTube ha empezado a cobrar por algunas películas independientes, en un esfuerzo por competir con Netflix, y sus directivos saben que para tener éxito debe tener el contenido producido profesionalmente para que los anunciantes y los consumidores estén dispuestos a pagas. Dado que las empresas digitales comienzan a cobrar por los contenidos, se está dando un encuentro con los viejos medios que buscan formas de cobrar por lo que producen. Los incentivos para viejos y nuevos medios para formar asociaciones parecen converger.

“Finalmente, Apple se focaliza en el negocio de dispositivos no de contenido”, dijo una fuente de Apple. “Steve Jobs quiere asegurarse de que la gente de contenido sean sus socios. Steve es de la escuela Yo gano / Tu ganas. Jeff Bezos es de la escuela de Yo gano / Tu pierdes “. Trabajos recientemente se reunió por separado con el New York Times, Wall Street Journal, y los ejecutivos de Time Inc. para demostrar el potencial del IPAD de hacer dinero para los periódicos y revistas. Jobs, que tuvo un trasplante de hígado el año pasado y ha luchado contra el cáncer de páncreas, ha comenzado a pensar en su legado, dijo una fuente con información privilegiada. “Está en un apuro para crear en los próximos dos años lo que él pudo haber estado pensando en los próximos diez años. Lo que lo mantiene en marcha es su visión. Nada va a detenerlo, salvo la muerte. ” La misma fuente dijo que Jobs estaba satisfecho con su defensa de los editores:” Él siente que es su campeón “.

Por el momento, Jobs es el mejor aliado de las editoriales. “Steve esta muy orgulloso que Macmillan le pusiera una pistola en la cabeza de Amazon”, dijo el informante. Pero en el largo plazo Apple y Google no serán necesariamente mejores socios que Amazon. Un día, ellos también se quejarán de la engorroso del proceso de publicación, o un precio excesivo. Apenas unos días antes que la IPAD salió a la venta, el 3 de abril, hubo rumores de que Apple podría ofrecer una lista de best-sellers por $ 9.99. Apple acordó el modelo de agencia por sólo un año, y, como los editores son muy conscientes, Jobs tiene una historia, con la industria de la música y televisión, de luchar para reducir los precios. Un editor dijo: “Tal vez Apple va a querer volver en un año y morder nuestras cabezas.” El IPAD incluso puede hacer posible que Amazon llegue a nuevos consumidores. Apple ofrece ahora cerca de sesenta mil libros electrónicos, muchos menos que Kindle y Amazon ha lanzado una aplicación que le permite vender libros electrónicos en el IPAD. No importa donde los consumidores compren los libros, pero creen que los medios electrónicos deben costar menos. Al preguntársele sobre los esfuerzos de los editores para subir los precios, un agente literario escéptica dijo: “Usted puede tratar ponerse alas y desafiar la gravedad, pero al final se vendrá abajo”.

Poema raro



Dedicado a Eugenia, la otra (no la del muro), sino la del sur. Los dos primeros versos me los dió ella. Se merece que yo le regale el resto.

Pegame como un hombre
Cogeme como una gran mujer
Taladrame como madera
Hacé nido en mí.

Abrime como cirujano
Coseme como costurera
Analizame como Freud
Hacé tuya mi voz.

Hablame como poeta
Vendeme como barato
Comprame en contrabando
Hacé un negocio de mi piel.

Gritame como fanático
Matame como asesino
Cortame como tijera
Hacé todo vos, en mi.

Roque

Dalton

ROQUE

Por Eduardo Galeano
Hace treinta y cinco años, Roque fue asesinado mientras dormía. 
Yo soy uno de sus muchos dolientes. 
Fui su amigo, y lo sigo siendo. 
Su asesinato me dolió, y me sigue doliendo. 
La impunidad me indignó, y me sigue indignando. 
La impunidad estimula a los criminales, y los militantes que matan para castigar la discrepancia no son menos criminales que los militares que matan para perpetuar la injusticia. 
Aquí va mi abrazo, de muchos brazos, a los familiares de Roque, a sus amigos, a sus compañeros, y a las muchas y muchos que no lo conocieron pero lo aman amando las palabras que nos dejó.


(Hoy, 10 de mayo, se cumplen 35 años del asesinato del poeta salvadoreño
Roque Dalton.)

Publicado hoy en Pagina 12.

“A la espera de la oscuridad” por Alejandra Pizarnik

 

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

Oscuridad
“A la espera de la oscuridad” por Alejandra Pizarnik
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Cuentos cortos: City Tour

“Pero la tolerancia de su recuerdo en el panteón del pasado hubiera sido la oscura, irrefutable prueba de que Laura lo había olvidado verdaderamente y para siempre”[1]. Víctor se encontraba en cada frase, cada punto final. Cerraba el libro tras mirarse al espejo de la palabra y cruzaba el puente para ahuyentar la penumbra de las páginas ya leídas. Tras un suspiro sordo y pausado, levantó sutilmente la cabeza en dirección al futuro. Entonces, entre la incolora muchedumbre atiborrada junto a la máquina expendedora de boletos, se maravilló encontrando al amor de su vida.

El corazón le salía del pecho, la saliva inquieta jugueteaba en su laringe y Víctor sólo culpaba al empedrado de una Triunvirato que aún mantenía el aroma arrabalero de otras horas, por todo aquello que nunca tendría el valor de enfrentar. El ring prohibido, la batalla del nunca jamás. Y él, victorioso; con la victoria fingida de los que abandonan.

Deseó férreamente el fin de los tiempos cayendo sobre él como la más despiadada guillotina; era imprescindible en aquel momento que su mente estuviese diametralmente opuesta a su corazón. Creía oír el sutil giro de aquellas monedas ingresando a la máquina expendedora como si todo –incluso el caprichoso empedrado de la avenida- se detuviese por un instante y sus sentidos se fundiesen con una sola mujer. Aún así, su vista se había desviado como la extremidad imantada que descubre un polo símil del cual huir. Los espejos magnéticos de la entrega repentina insurreccionaban en su mente y oía el corazón disparando al cielo como la columna revolucionaria que toma La Habana y libera a sus conciudadanos. Mientras ella abría sutilmente su puño acariciando cada moneda, último mimo antes de despacharla a la fosa común del despojo, el chofer sonrió. La señora del asiento de adelante leía con mirada triste y perdida el folleto de una óptica, y la pareja de atrás se mataba a besos contra la ventana semiabierta, de cara a la luna. Todo había vuelto a moverse, pero en distinta dirección. El cuadro repentinamente tomó colores no soñados, sacros violáceos que fulgían a cada instante, y ya no era ella el epicentro del sismo interno, sino su único horizonte. Todo parecía adquirir una nueva dimensión; hasta el chofer que minutos atrás había maldecido con furia a una anciana que tardó en subir sus patitas trajinadas al bus -a esa misma que ahora seguramente lo había olvidado e invertía sus segundos en la minuciosa lectura del folleto de la óptica-, ahora sonreía con labios arqueados de amor.

Ella, ya habiendo tomado el boleto, lo colocaba lentamente entre sus labios, acariciando con el papel la ternura de su comisura izquierda, mientras guardaba el vuelto en la billetera. Nadie será capaz de explicar por qué entre tantas ventanas libres y asientos solitarios, eligió descansar su divina humanidad junto a nuestro protagonista. Sería tal vez demasiado obvio que el único asiento libre fuese el contiguo a Víctor, por lo que entre la obscenidad de lo tradicional, como teniendo el futuro en sus manos, eligió regalarnos una historia.  Divisó esa fila de cinco que da punto final a la masa de voluntades transportadas con rumbo fijo y recorrido establecido, y hacia allí se dirigió con un andar que oscilaba entre lo principesco y un vuelo de hadas. Víctor, atónito, la observaba como el reo liberado que vislumbra una puesta del sol tan mágica como olvidada. La miraba, perdido en sus caderas inquietas que parecían liderar una danza chamánica y lisérgica, mientras sus sentidos bailaban de emoción. Bailaba el corazón en llamas, los puños apretados, el impiadoso bajo vientre tan promiscuo en el amor. Bailaba el futuro sobre la cornisa de lo próximo y alcanzable, de la valentía que requiere entregarse al propio destino. Bailaban las estrellas y el azul del cielo; bailó el pasado escurriendo las nubes de otros tiempos por sus pestañas. Su sueño eterno venía caminando con determinación hacia él, y no vacilaba en un solo paso. La miró a los ojos, volvió a tragar saliva lubricando vanamente las palabras que jamás diría y bajó la cabeza corriéndose como imantado hacia la ventana, soplando el castillo de naipes que su mente ya había construído.

Su mundo entero padeció un fusilamiento hostil. La cobardía, eterna verduga de cada uno de sus entierros, se enaltecía y clamaba por más poder desde su indiscutido rol de mando. Por más que lo intentase con todas sus fuerzas, era imposible para Víctor girar la cabeza –o siquiera sus ojos- sólo cuarenta y cinco grados a la izquierda. Nada pedía, nada esperaba, más que inmortalizar ese perfil en su retina, observar cada dulce recoveco de sus oídos, la longitud precisa de sus pestañas, el ángulo de su olfato o el diámetro de su barbilla. No había caso. A fin de cuentas, el consuelo habitaba en ese  mínimo detalle, no fuera a enfrentar sus verdaderos anhelos. ¿Cómo se le ocurriría jamás a un hombre soñarse durmiendo entre el volumen perfecto de sus labios, o perdiéndose en la profundidad de sus ojos de miel? No tendría el tupé.

Del morral que pendía de su hombro, sacó un libro de poesía, de tapa barroca y artesanal. Se entregó al mundo de sus páginas ya amarillas de contar historias y romper corazones, y con una leve sonrisa dibujada, se escapó hacia otros veranos.
Pasaban cuadras, paradas, pasajeros. Pasaba el tiempo y su compañía inigualable, y no había forma de despegarla de su libro que, claro, él no había visto. Con la mirada clavada en el afuera –que no era otra cosa que su miedo más profundo-,  juntaba valor a cuentagotas y rompía el dique con cada pensamiento de rechazo.

Mientras el retrovisor olvidaba la intersección de Bolivia y Juan B. Justo, Víctor sintió un codazo en las costillas que lo hizo estremecer. La risita inocente apenas emitió sonido, casi al mismo tiempo que su voz de niña eterna, con el vibratto etéreo de sus sagradas cuerdas vocales, entonó: –Disculpame, siempre tan bruta.

Tras el golpe, Víctor viró su mirada y la encontró hablándole, tendiendo un puente entre ellos que el importunio de un rapto de torpeza al girar la página había forjado y ya nada podría romper. Sus miradas se cruzaron hasta el amanecer, se acariciaron, se entregaron y se soñaron vivas esquivando solitarias pesadillas. Las estrellas comenzaron a caer, las luces de Buenos Aires se extinguieron como la exhalación póstuma del alma mientras la luna llena iluminaba el Edén de su abrazo. Destellos fulgiendo sobre sus rostros, el viento elevaba sus cabellos y la nuca débil que les hacía de sostén, se arqueaba entregándose a sus besos. La entrega absoluta, desfachatada, real e impertinente. Todo fue perfecto hasta aquella frenada repentina que le golpeó la cabeza contra el caño de la puerta y lo hizo caer a la realidad.

Avergonzado de sus silencios y su torpeza, Víctor sólo pudo volver a imantarse a la ventana, dejar caer el rocío de su cobardía por la mejilla derecha, y resignarse a la incesante repetición de sus errores. Pero no, no esta vez. Esta vez era distinto, y el puente estaba tendido, él lo presentía, confiaba, pero no tenía el valor. Tomó coraje y cerró los ojos, preparando la artillería de flores y los más dulces poemas jamás soñados, cada adjetivo perfecto, cada gesto. Y al cerrar los ojos se supo capaz de comenzar por preguntarle su nombre, seguir bromeando sobre su timidez y terminar de escribir el libro de sus vidas en la órbita de un astro compartido. Era ahora o nunca, el horizonte y sus puestas del sol, los puentes y la alevosía de su sonrisa para enamorarlo. Lo sabía y confió. Giró súbitamente su rostro y al abrir los ojos, la vacuidad.

El asiento vacío, el mundo en llamas. La puerta trasera comenzó a cerrarse y con ella todo se tiñó de un sepia moribundo, lluvioso y aletargado. El pecho se volvió a llenar de flores negras e incertidumbres. La anciana del asiento de adelante secaba sus lágrimas ciegas con el folleto de la óptica que jamás había podido leer. El chofer maldecía en voz baja y su hartazgo se acostaba violentamente en cada cuneta, en cada salto que el colectivo daba. De la pareja que se mataba a besos en el asiento de atrás, sólo un recuerdo. Quizás habían volado por la ventana junto al amor que pasó de largo. Ese que decidió subir al 113, sentarse junto a Víctor y esperar ser encontrado. Ese que hoy quedó eternizado en una sonrisa y un –Disculpame, siempre tan bruta.



[1] Fragmento del relato Las Cartas de Mamá, de Julio Cortázar.

“La Renuncia”


Morir escribiendo, defecando poesía como si fuera luz, morir de luz y soledad, del ansia de restaurarlo todo: las entrañas y el mar, los domingos y los inviernos, los cementerios y las mutilaciones, la voces y los ojos, restaurar las entregas y el adiós, morir acordonando los zapatos de Lucifer para poder esgrimir el más humano de los cantos.


Morir iluminado, aun sin el plato de comida y sin el sueño, masticando luz, blasfemándola, para que a fin de cuentas la luz no sea sombra, ni dios sin un sentido, ni silencio, proclamando a la luz como la única y corrosiva garantía de verdadera sobrevivencia, la trascendente.


Morir saboteando, inventándole a la noche las luces de neón que otros no se atreven a reconocer intentando perpetuar entre nosotros a la costumbre, morir por aborrecerles, destornillándole los huesos, plastificándoles las vísceras que no entregan o que acomodan domésticamente en sus muebles de bolsillo, morir reventando los cuños y los papeles, de pura explosión, de cándida desarmonía, con la fuerza y las implosiones de tanta luz estallando desde adentro.


Morir de intriga, execrado, calumniado, acusado de ser rufián de la palabra que devela y no perdona, de la palabra que reclama auditarnos el alma y el corazón, auditarnos el nivel de afecto, ese al que no le dedican sitios ni páginas Web, el inasible, el imprescindible afecto que jamás será golondrina de los e-mails, el que jamás emigrará de un celular al otro, el que no podremos quemar en CDs, el que jamás podremos encerrar en Ipod.


Morir como el arpa que deciden abandonar en los sótanos, como los almacenes que clausuran, en la resbaladiza lengua de mis enemigos, por el desmesurado apasionamiento que pudieran esgrimir al hablar de mí contados amigos, por la inapropiada o la impropia conveniencia de las amantes que en verdad lo que me aborrecen con la misma intensidad que me inspiran los burócratas y los presidentes.


Es preferible suicidarse a continuar viviendo como un ser feliz y oscuro.


Autor: Ian Rodríguez Perez (Cuba). Director del Centro de Investigación y Promoción Literaria “Florentino Morales, Cienfuegos (provincia donde reside actualmente) es, además, estudiante de Comunicación Social, 4to año.

Torturas Antiguas y Falsos Profetas

Un cuento escrito en colaboración con Gonzalo Strano, más conocido en estos lares como “El Gato”.

Esperamos lo disfruten.

Sako Kensei, nació una noche estrellada atípica para esa época del año, donde las lluvias no dejan ver el cielo. Sin embargo, en el ombligo que forma la llanura Hangjihau, en la pequeña aldea de Nanxun, aquella noche no llovió. Sus padres vieron eso como una clara señal de que Sako había sido bendecido con algún don, cómo lo había sido su abuelo, famoso en casi toda China, por sus dotes para predecir catástrofes naturales.

 

Sako fue criado literalmente entre algodones. Desde aldeas lejanas llegaban en cada aniversario, mensajeros con ofrendas para el joven Kensei, que sería educado por su propio padre en las artes de la agricultura y en las de la adivinación.

 

Cuando cumplió doce años tuvo su primer sueño visionario, pero a diferencia de su abuelo, no fue sobre una catástrofe natural, ni mucho menos. Soñó que corría por las verdes llanuras que rodean las aguas del Yangtsé, escapando no sabía bien de qué o de quién. El pueblo entero se reunió para escuchar la primera profecía de Sako. Profecía que como tantas otras a lo largo de su vida, no se cumpliría. Aquella noche las ofrendas fueron numerosas, algunas familias incluso, donaron las pocas cosas que les quedaban para subsistir. Pero fue un cilindro brillante y frío el que cautivó, entre todas las ofrendas, al joven Sako. Un hombre que decía venir de Xitang, más allá del Yangtsé, le regaló una lata de Coca-cola.

This 21 April 2004 handout image courtesy of t...

Sako la estudió detenidamente. Nunca había visto un objeto similar. La mañana siguiente se sorprendió con el brillo de su superficie producto del reflejo de las primeras luces del día. Pasó la mañana tratando de adivinar (su juego preferido) para que serviría aquel objeto. Por más que se concentró todo lo que pudo, no vino ninguna respuesta a su mente. Intentó con sus piezas de Mah Jongg. Pero las señales no llegaban. Había algo que alteraba la calma espera necesaria para despojarse del ser y alcanzar la iluminación que mostraba. No almorzó. No tenía tiempo para perder.

Tomó su preciado objeto, y salió de su morada para, luego de caminar por más de una hora, sentarse bajo su duraznero preferido. Cuidadosmenete eligió la posición correcta para acomodar su cuerpo luego de haber depositado la lata sobre la gran piedra cuadrada que tan bien conocía. Su objetivo era, como siempre, adivinar la verdad. En este caso, de donde venia, cual era el sentido, y los poderes del regalo que el misterioso hombre le había encomendado, si encomendado a su ciudado. La única certeza que tuvo fue que no había sido un regalo.

Certezas como esa pocas veces le llegarían en su corta vida. El sol pegaba de lleno en el brillante objeto, ahora transformado en mágico deseo, arrancándole destellos.

 

¿Qué misterioso contenido tendría? Sin duda la respuesta a eso era simple: líquido. ¿Pero qué propiedades de los dioses tendría ese elixir? Pensamientos sobre vida eterna, curación de males y venenos sofisticados invadieron su mente. ¿Por qué aquél hombre entre todos los mortales lo había elegido a él para cuidar el extraño tesoro rojo y blanco?

 

Y los colores… La sangre y la pureza representadas juntas, como las antiguas pinturas de su pueblo. Rojo y blanco, el dolor y la esperanza. El fuego y la nieve, como si las altas cumbres fueran un día a estallar.

Sako se durmió bajo la protectora sombra del duraznero, y volvió a soñarse corriendo, pero esta vez, perseguido por un grupo de mercenarios, como los que antaño saqueaban su aldea, en los tiempos que su abuelo era un niño. Sako corría, vestido de impecable blanco, huyendo del rojo color de los ojos invasores.


La carrera terminó con una conversión confusa en una mariposa roja que volaba por sobre los muertos y los destrozos; y desaparecía en su infructoso camino para llegar al sol.

Se despertó con el rocío de la mañana. Ya no estaba tan caluroso como la noche anterior por lo que decidió volver a su hogar. Tomó la lata, la envolvió con una tela y la acomodó en su bolsa, cuidando que ningún otro objeto la rayara o dañara de cualquier modo.

Estaba de mal humor, cosa rara en él. Sentía impaciencia y sentía la imperiosiosa necesidad de saber todo sobre la lata en ese preciso instante. Todos las enseñanzas sobre la quietud y sobre la gozosa espera parecían haber desaparecido de su mente.

Ese día fue el primero de muchos donde la gente no reconocía a Sako, siempre tan afable, tan hablador. Su humor cambiaría constantemente, se volvería irritable ante cualquier pregunta, ante cualquier distracción que lo alejara de sus pensamientos en rojo y blanco. Sólo la esperanza que en su próximo cumpleaños el extraño hombre regresara lo mantenía con fuerzas. Su mente se llenaba de preguntas para hacerle, de posibles respuestas sobre el origen, el sentido y el por qué de su adorado objeto.

 

La noche antes de cumplir los 14, Sako soñó con un hombre ensangrentado, con plumas y charcos agua sucia. Sin embargo, lo extraño de su visión no era aquello, sino que todo sucedía como a través de una gran cortina de pequeñas burbujas.

 

Durante el día, cientos de regalos fueron entregados al joven Sako. La noche se avecinaba y el hombre no aparecía. Sako comenzó a pensar que quizás nunca podría entender el misterio de la lata. Sin embargo, cuando la luna estaba en lo alto, y la aldea dormía, tres suaves golpes en la puerta de su casa le indicaron que él había llegado.

Esta vez vestía ropa occidental. Blue jeans y una camisa a cuadros. Se presentó por su nombre: “Soy McGuertz. John McGuertz. ¿Puedo pasar?”. Confundido por su apariencia lo dejó entrar. Rapidamente el extraño se mezcló entre la gente y trató de evitar las miradas inquisitorias del joven Sako. El aprendiz de adivinador no pudo prestar atención a nada más que el hombre y el portafolios que cargaba. No habían cruzado más palabras que las de presentación. Sako lo notó preocupado y nervioso.

La reunión llegaba a su fin y todavía no habían hablado. Sako tomó coraje y se acercó. Sin rodeos, bruscamente, dijo: “¿Qué es?”. McGuertz lo miró por unos segundos, se dio vuelta y caminó hasta la puerta. Antes de salir, contestó: “Juro que te lo diría, pero no puedo”. Y se fue.

Sako aceptó con hidalguía este misterioso desplante. Pero se juró que la próxima vez sería diferente. Su instinto adivinador no podía fallarle. Por temor, o quizás por sabiduría, no se atrevía a tirar de la lengueta de aluminio que pondría fin a su tormento. Ese año transcurrió calmo, Sako comenzó a notar que su obsesión alarmaba a sus padres, e incluso, a la gente de la aldea. Decidió observar su precioso tesoro en secreto, y ante los demás, ser nuevamente el chico afable de antaño.

Durante todo el año buscó entre sus amigos, los adecuados para contarles el secreto. Luego de unos meses de charlas y muchas horas de meditación compartida, seleccionó a sus dos primeros discípulos: Airnán y Gong sa luó. Largas horas de Kung Fu y Chi Kung cada día los preparaban ara el gran momento que sabían que llegaría: el regreso de McGuertz.

La vísperas del cumpleaños, Sako reunió a sus discípulos y otros seleccionados entre sus más fieles admiradores, y les contó sobre una visión, donde ellos eran los protagonistas, y donde, por no detener al extraño que aparecería al día siguiente, la aldea caería en tremendas desgracias. Él se ofreció a guiarlos en la tarea, dió órdenes presisas para que las ofrendas sean entregadas sólo por la mañana, así tendría toda la tarde y parte de la noche, para esperar al forastero de extraño nombre.
Al día siguiente, el señor McGuertz se presentó minutos antes de la medianoche. Al entrar a la casa de Sako se sorprendió de no ver gente, recorrió las habitaciones confundido por el incienso que reinaba en el lugar, como una neblina. Por fin, en una amplia sala llena de obsequios, como en un altar sobre los demás, divisó la lata de Coca cola. De rodillas, frente a ella, Sako meditaba con los ojos cerrados.
– Lo estaba esperando señor McGuertz – dijo Sako.
– Lo lamento Sako, como siempre, debo partir. Aquí dejo mi ofrenda- dijo apoyando sobre el piso lo parecía ser un libro- Adiós.
– Que mis ancestros lo guien en su camino.

McGuertz salió de la casa, la noche cargada de estrellas como en cada cumpleaños, lo sorprendió extrañamente fría. Sin mirar atrás, caminó por la calle principal de la aldea rumbo al río, cuando fue sorprendido por seis jóvenes que de inmediato lo inmovilizaron. McGuertz fue nuevamente conducido, sion ofrecer resistencia, a la casa de Sako.

Dentro, Sako lo esperaba en la posición del loto. Dos hombres lo ubicaron en una silla frente a él. Pasaron casi veinte minutos hasta que Sako finalmente abrió los ojos y lentamente se incorporó. Pidió una silla y separados por unos pocos centímetros hablaron lentamente.

-Usted sabe que no quiero su libro. Es hora de la verdad.
-Y usted sabe que no puedo revelarla.
-Lo hará.
-No
-No se preocupe. Su voluntad de silencio habrá desaparecido mañana a esta misma hora.

Un dolor en la cabeza fue lo único que sintió McGuertz antes de desvanecerse.

Al despertar se encontraba desnudo y atado a una especie de camastro de madera. Unas ruedas gigantes a cada lado daban la sensación de encontrarse dentro de un enorme reloj de engranajes. Sentía agudos dolores en las piernas y los brazos. Intentó moverse, desatarse, pero fue imposible. Tenía sed.

Desde una esquina de la habotación, Sako lo observaba con un libro en las manos.

– Se habría ahorrado mucho dolor Mr McGuertz si me hubiera dicho que en su libro también estaban las respuestas que buscaba. Claro que no todas! pero convengamos que saber por fin que mi tesoro no es el único en el mundo es todo un acontesimiento. Ya no me siento especial. Creo, sin embargo, que usted se estuvo burlando de mí…. – y con un rápido movimiento, Sako giró una manivela que puso en marcha los engranajes del camastro. Los pies del extranjero fueron jalados hacia abajo, mientras sus piernas permanecían rígidas sobre el camastro. McGuertz gritó y se desmayó.

Se despertó vestido sobre el camastro. Sako lo miraba.
– No era tan fácil. No dependía de mí. Te ruego clemencia Sako. Yo intenté.
– Siempre dependió de vos. Pero elegiste el silencio. Ahora dependerá de nosotros. Cuando terminemos con vos, no podrás recordar si quiera que alguna vez tuviste voluntad propia. Empiecen.Mc Gubert no entendió que era lo que los discipulos de Sako arrastraban con tanta fuerza. Desde su posición solo podía ver una parte de lo que paorecía ser un gran barril de madera.- Empezaremos por algo clásico que tiene la belleza de la simplicidad.Casi no podía ya moverse, sin embargo, le sujetaron aún más la cabeza con dos humedas correas de cuero.En seguida lo comprendió. Una gota fría golpeó su frente. Pocos segundos después la segunda. Las gotas caían a un ritmo lento pero constante. Experimentaría, sin saber cuanto tiempo, una de las más famosas torturas chinas.

– Sako, te lo ruego. Dejame libre y te diré todo.

– Sé que lo harás, pero todo a su tiempo. Adios.

Sako se fue. Sus ayudantes apagaron las dos lámparas que alumbraban el cuarto y Mc Gubert quedó solo en la completa y fría oscuridad de la cabaña.

No tenía sentido intentar dormir, pero al menos buscó focalizar sus pensamientos en Ohio, en las horas de su infancia cuando todo parecía mucho más sencillo. No lo logró. Esa maldita gota no lo dejaba pensar.

No supo con certeza cuanto tiempo había pasado cuando Sako volvió.

– Buenos Días amigo.

– Hijo de puta, soltame.

– ¿Sabés por qué el cerezo florece?

– No aguanto más, soltame, por favor.

– Esperaba más de vos.

Lo dejo nuevamente solo. Unas horas después, finalmente la última gota cayó. Y con ella sus ojos cayeron en un breve sueño que se cortó, minutos después, cuando los discipulos de Sako entraron y lo desataron. Lo arrastraron a una letrina fuera de la cabaña.

– Cinco minutos- le dijeron

Pensó como escapar. Dos hombres lo custodiaban y otros dos cargaban nuevamente el barril. Se le ocurrió que podría correr, pero descartó la idea. Con el cansancio y el poco conocimiento que tenía del bosque que lo rodeaba sería facilmente atrapado y solo complicaría las cosas.
Mansamente dijo: -Terminé.-

Lo llevaron a la cabaña y lo ubicaron en la misma posición. Las gotas volvieron a repetirse sobre su frente.

La mañana siguiente, antes que el agua se acabara un hombre entró y detuvo la tortura. Otro entró después y se llevaron el barril. Lo llevaron a la letrina. Luego a la cabaña donde encontró una mesa, una silla, un plato de arroz y una jarra de té. Luego se acostó en el piso y se durmió.

Lo primero que vio al despertarse, fueron los pies de Sako quien sentado delante suyo lo observaba entretenido.

– ¿Comprendiste por qué florece el cerezo?

– No entiendo que decís. ¿Cuando me vas a soltar? Por favor, te lo ruego.

– ¿Por qué florece?

– No se. No tengo idea. ¿Por qué?

– Muy bien.

Se fue. Tres hombres entraron y lo arrastraron violentamente fuera de la cabaña. Ataron sus manos y lo condujeron por un pequeño sendero en medio del bosque. Uno de ellos ató sus manos a una larga soga. Siguieron caminando hasta llegar a un gran hoyo en el suelo, de un par de metros de diámetro. Pensó que era su fin. Que lo iban a ultimar tirandolo dentro de ese pozo cuyo fin no podía divisar. Sin embargo, tenían otros planes. Sintió un fuerte golpe en la nuca y se desmayó.

Al despertarse estaba, desnudo, en el fondo del pozo. La respuesta llegó a él como si siempre hubiese estado presente en su cabeza. Cuando el cerezo florece es el momento de plantar el arroz, es el inicio de la nueva estación, del nuevo estadío donde los cambios son bienvenidos.

El prisionero comenzó a gritar llamando a Sako, su voz en lo profundo del pozo sonaba lastimada. Su garganta le ardía por la sed, no recordaba la última vez que había bebido agua. Se rió de la ironía…

Por la poca luz del exterior dedujo que estaría anocheciendo. Si bien tenía la respuesta a la pregunta de Sako, no lograba comprender la esencia del asunto. ¿Estaría Sako dispuesto a aceptar la verdad como un tren que avanza imparable? McGuertz sabía que Coca Cola invadiría China. Todo se había planeado en Atlanta hacía años. Todo. Buscar un niño mesías, ofrendar la lata, incluso, pensaba que hasta la angustia en la que estaba metido la habían planificado los ideólogos de la planta.

La noche caía sobre el pozo, su prisión de tierra. Los huesos le dolían todos, si se concentraba lo suficiente, podía nombrar uno por uno los dolores que tenía. Se durmió un rato, y despertó al escuchar la voz del joven Sako que iluminado por un candil le preguntaba :

– Buenas noches, Mr. McGuertz. ¿Sabe usted por qué florecen los cerezos?

McGuertz notó nuevamente la utilización del “usted” en la pregunta. Era un símbolo de respeto ganado en base al sufrimiento. Volvía a estar en posición de dialogar.

– Sí, Sako. Lo sé.
– Muy bien, Mr. McGuertz. Muy bien- repitió un Sako sonriente- Lo escucho.
– Florecen para advertir al pueblo de los cambios que avecinan. Florecen para aceptar lo irremediable. Florecen para remover las malezas y plantar una nueva cosecha- respondió el prisionero.
Con una respetuosa inclinación de la cabeza, Sako se dio por satisfecho.
– ¡Sáquenlo!- dijo a la noche.

Inmediatamente, una especie de hamaca sostenida por dos sogas fue arrojada dentro del pozo.

Al salir, lo esperaban con un manto seco y tibio con el que rapidamente lo envolvieron. Amablemente lo condujeron a una nueva cabaña más cercana a la casa de Sako. En ella, encontró una gran tina llena de agua caliente. Una mujer de mediana edad, arrojó en ella un polvo amarillo y lo invitó a entrar: “Bueno para el cuerpo” le dijo y lo dejó solo. Se durmió unos poco segundos después, mientras sus músculos agradecían relajados.

Le habían dejado vestimentas de seda roja y una gran variedad de comidas y bebidas. Una cómoda cama lo acogió en un sueño de largas horas en las que soñó repetidas veces con su tierra natal.

La mañana lo encontró con Sako sentado en una punta de la cabaña meditando en silencio. Sin abrir los ojos ni moverse de su posición le dio sus buenos días. McGuertz le respondió amablemente. Sabía que había triunfado. Sabía que los ejecutivos de Atlanta estarían felices de la aceptación de Sako, de la sumisión al misterio que fue específicamente creado y ubicado para ganar.

Sako habló con firmeza, pero en tono conciliador.

 

– Quiero saber todo a cerca de Coca Cola.

 

– Nadie sabe “todo”… Pero yo podría contarle al menos un buena parte.

 

– Desayune, McGuertz. Tendremos tiempo luego. Volveré al atardecer para escucharlo.- Y diciendo esto, se inclinó brevemente ante McGuertz, para luego abandonar la cabaña.

 

McGuertz desayunó con frutas, jugos y pan. Luego quiso dar una pequeña caminata para estirar el cuerpo, pero la puerta de la cabaña estaba cerrada por fuera. No le extrañó.

 
Caminó en círculos dentro de la sala hasta que decidió que lo más prudente era volver a dormir. Sako lo despertaría y entonces él contaría lo que tantas veces en Atlanta le había hecho memorizar como “la historia para Sako”. El sol se estaba ocultando detrás de los cerezos cuando Sako entró en la cabaña, iba vestido de impecable blanco, con una especie de vincha roja que envolvía su cabeza a la altura de la frente.

– ¿Listo?

– Hablaré. Sabrás todo lo que sé. Y quizás puedas explicarme lo que aún no comprendo.
Hace 10 años que trabajo en la empresa. Entré como cualquier americano que termina la preparatoria y no sabe que hacer de su vida. Empecé como repartidor. Mi trabajo era simple. Acompañar al chofer de esos enormes camiones y descargar las cajas de botellas en cada punto de entrega. Era un trabajo simple y pesado, pero me gustaba. Gracias a él conocí gran parte de mi extenso país.

Dos años después de empezar, pasó algo que cambió mi vida para siempre.

Fui elegido junto a tres empleados más para capacitarnos en el nuevo proyecto que llevaría adelante la empresa, el proyecto se llamaba “sin fronteras”. Nos subieron a un avión, nos hicieron firmar un montón de papeles y nos enseñaron español, chino, y ruso. Durante meses estudiábamos 10 horas diarias. Luego de un año, nos depositaron un millón de dólares en nuestras cuentas, y nos dieron un sobre cerrado, lacrado, con “nuestra misión”.

El mío decía simplemente, introducir Coca-Cola en Nanxun, y en palabras rojas, figuraba un nombre Sako Kensei. Todo lo demás, se fue dando solo. Durante meses estudié las costumbres de tu pueblo, hasta que se me ocurrió, ofrendarte la lata.

Coca-cola es simplemente una gaseosa. Aunque ese simplemente, involucre mucho más de lo que podés imaginar – McGuertz lucía cansado.

Sako escuchó con suma atención el relato del extranjero. Y comprendió con dolor que él y toda su angustia por su maravilloso regalo eran parte de un experimento de mercado. Se sintió ofendido.

Mc Guertz percibió rápidamente la perturbación de Sako:

– No te preocupes. No sos el único.

Sako se mostró más decepcionado aún.

El americano sonrió. Pero ante el silencio del oriental, comenzó a reír a carcajadas.

– No lo puedo creer. ¿Pensaste que eras el único? ¿Todavía no te das cuenta? Lo que yo hice fue hecho por decenas de empleados como yo, que encontraron hombres como vos, lo suficientemente acordes a lo que la compañía buscaba. Todo el territorio de tu país está llenándose de deseo por nuestro producto. La primera etapa está terminada. Pronto pasaremos a la segunda fase y la invasión de nuestras latas no podrá ser detenida nunca más.

Sako comprendió entonces que sus visiones no mentian. Los colores rojo y blanco de fuego y nieve dominarían su tierra, y más aún, su existencia. Comprendió que su mundo tal y cómo lo concebía desaparecería para siempre. Sin mirar al extranjero, buscó entre sus prendas una llave pequeña. Se despidió con una leve inclinación de su cabeza, pero McGuertz no lo percibió, estaba literalmente descompuesto de la risa.

Sako salió a la luz de las estrellas y se perdió entre los cerezos. Caminó un bune rato hasta que en un claro del bosque se detuvo, y escudriñó la oscuridad como para comprobar que nadie lo seguía.

Entonces se arrodilló sobre las hojas secas de la noche, y escarbó la tierra hasta que sus manos tocaron el cofre. Lo sacó, y suavemente sopló sobre él para retirar el polvo que lo cubría.
Introdujo la llave en la pequeña cerradura y el cofre se abrió ante él. Tomó la lata de su interior, y con la voluntad de los que han perdido todo, la abrió y bebió de ella.
Sus mejillas se enrojecieron ante el placer del nuevo sabor. El veneno hacía su efecto, la adicción en su mente se multiplicaba como una voz incesante que pedía más.

Se tumbó en el claro a mirar las estrellas y con una sonrisa dibujada en la boca, se durmió.
Nunca más se supo de McGuertz. Tres meses pasaron de aquella noche cuando en la feria local Sako comprobó que alguien vendía latas de Coca-Cola.

Al año siguiente, en su cumpleaños, un extraño apareció en su casa para dar una ofrenda. Era un moreno de ojos claros muy alto y bien vestido, que en un perfecto dialecto le ofreció a Sako un regalo, le dijo que se llamaba “Pepsi”.

Esa misma noche, en la plaza de la aldea, la cabeza del forastero colgaría de una pica, al lado del Cerezo Mayor.

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