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Ganar más que dinero jugando
La mayoría de la gente que juega a juegos de casino lo hace con la intención de ganar algo de dinero extra. Si bien juegos como el poker http://www.pokerstars.es/
Internet ha popularizado dichos juegos hasta el punto en que ya no es necesario salir de casa y acudir a un casino físicamente existente, sino que desde la tranquilidad y la intimidad de nuestro ordenador o dispositivo móvil podremos, sin necesidad de etiquetas o desplazamientos, tenemos la oportunidad de jugar con personas de cualquier parte del planeta y el juego toma otro tipo de características.
En sitios de confianza y buena reputación como PokerStars, el registro es un mero trámite para crear un nombre de usuario y tener acceso a la descarga de su software, también gratuito y absolutamente seguro. No es necesario pagar por ninguno de sus juegos, no deberemos realizar ningún desembolso si no lo deseamos, porque permite jugar en modo de dinero ficticio, y si nos decidimos a apostar dinero real, realmente no se trata de pagar en sí, sino de ganar o perder dinero. Desde luego si ganamos no habremos pagado nada.
Pero es que además, una ventaja que tenemos en PokerStars sobre otros casinos online, es que existe un sistema de premios para los jugadores frecuentes. Los más asiduos ven gratitud por parte del sitio, mientras que en otros ofrecen regalos de bienvenida, podríamos decir que las cartas poker de PokerStars suponen una fidelización de los
usuarios, porque van bonificando al jugador con un sistema de puntos que le permitirán un canje por los artículos que desee dentro de su tienda VIP, que también pueden ser premios en metálico o acceso a grandes y reputados torneos y campeonatos de poker.
Hay quienes creen que ganar dinero por internet, o ganar dinero jugando al poker, no es más que un mito. PokerStars está para demostrar lo contrario, permitiéndonos ganar todavía más de lo que estamos apostando. Pasa y compruébalo, es gratis.
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Amanecer Zombie, los tweets de un sobreviviente
En tiempo real, Pablo Sapporo nos relata un holocausto zombie mundial. Una genial y actual manera de contar una historia.
Lo genial del relato, mas allá de los breves e instantaneos micro posteos, es la ambientación en plena Buenos Aires.
Pueden seguirlo via Twitter @AmanecerZ
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Políticamente incorrecto

Deberé decir, por prudencia, que no soy yo quién para escribir algo cómo esto. ¿Qué me creo?
En éste escrito, leerán ustedes universales políticamente incorrectas que me estuvieron dando vuelta en la cabeza los últimos meses… Y que si no las digo, estallarán. Empecemos:
Los niños:
Los niños, entiéndase por niños cualquier ser casi humano menor de 5 años. Ellos deberían tener prohibido viajar con la gente en los micros, aviones, trenes, etc. Son insoportables, como sus padres, que de tanto escucharlos ya no los oyen, condenándonos a todos los que tuvimos la prudencia de no molestar con nuestra descendencia al resto de la humanidad, a aguantar los llantos, los gritos, las patadas en el asiento, los mocos, los caramelos pegoteados en tu pantalón donde apoyolamanoparanocaerse….
Pero acá, nadie está diciendo que no viajen, no señor… Lo que se recomienda, es que lo hagan en un trailer, o una buena jaula en la bodega, donde queden aislados el tiempo que dure el viaje, quizás, junto a sus padres. O, de última (también de primera andaría) una inyección que los duerma profundamente durante un día o dos.
Las personas mayores:
Entiéndase por personas mayores a los que cariñosamente a veces, y otras no tantas, llamamos “viejos”. Los viejos deben entender, cómo diría un amigo, que no tienen tiempo para hacer las cosas tan despacio como las hacen. O sea, ¡Se les está acabando la vida!! ¡Apúrense! Y no… ellos hacen todo más lento. Caminan lento, hablan lento, compran lento, son lentos en el cajero automático, en la almacén, en la cola del super (Dios… tardan horas en sacar una calabaza y un cuarto de picada del chango), en el banco, en las veredas, para subir del Bondi, para bajarlo… Son lentos. Y no les tengo bronca eh… todo lo contrario. Me dan ganas de sacudirlos y decirles que se apuren, que vivan los pocos años, meses, semanas, etc que le quedan haciendo miles de cosas… que a ese ritmo la muerte lo va a estar esperando cuando baje del colectivo. Pero no hay caso, cuando terminé de hablar ellos recién se dieron cuenta que les hablaba….
Los que tienen perros en departamentos:
Señoras y señores, tener un perro tipo ovejero, doberman o rottweiler en un departamento de dos ambientes es una atrocidad. ¿Ustedes no se dan cuenta que el bicho sufre? ¿Y cómo lo demuestra el pobre animal? LADRANDO.
Ladran a cualquier hora, y desesperadamente. Ladran hasta despertar a todos, ladran hasta que sus dueños los sacan a la vereda, ladran conjugando su ladrido con la acústica del edificio y parece que te ladrarán al lado. Ladran asustando a los chicos chicos (que tampoco deberían vivir en un dos ambientes) y los chicos lloran porque ellos ladran y los asustan, y todo se convierte en un llanto lastimoso, histérico, que desciende desde el 7C donde el rottweiler comenzó a ladrar hasta el 2 A que lo escuchó la nena de dos años que se atusta mutto mamá con el guau guau, y la nene llora, y el bicho ladra, y yo me despierto de mi siesta dominguera y empiezo a las puteadas. Bajo al palier y empiezo a apretar todos los botones de portero mandando a la mismísima mierda al que me atienda, tenga o no, chicos o perros.
Los chinos del super:
Lo mío no es racismo, ni xenofobia, ni nada por el estilo. Si comprara en un super de… pongamos por caso, franceses, y los tipos mirándome hablaran en francés entre ellos y se rieran como los hacen los chinos de mi super, también me re calentaría. 
Es una falta de respeto al cliente lo que hacen. Vienen hablando en español, y de repente, se comentan algo irreproducible y empiezan las risas… Y yo me empiezo a maquinar cosas como por ejemplo “ mirá, el gordito se compró un salamín, y las anchoas a las que les cambiamos la fecha de vencimiento el año pasado…jajajaja… que boludo”.
Y ahí empiezo a planear la venganza… y de golpe y porrazo voy y le pido “hilo negro”. El chino me mira fijo… ¿hielo? Pregunta…. ¡No, hilo! (pero lo pronuncio mal, apropósito). “Hielo negro no, hilo negro…” y lo miro mal… y el chino comienza a incomodarse…. Y empieza a hacer señas a alguien que está reponiendo latas, seguramente el que más sabe español… y finalmente cuando el ayudante aclara la situación, pregunto el precio del hilo negro y me retiro sonriendo y sin comprarlo.
Llego a casa y me preparo el mejor sándwich de salamín y anchoas vencidas. ¿El sabor? Sabe a victoria.
También me molestan los que toman mate dulce, los que no tienen la delicadeza de dejar el baño en condiciones para el que viene detrás, los que escupen a cada rato, los borrachos mala onda, los trapito que cobran más de lo normal, los que hablan por celular en el subte, y algunos otros que comentaré o comentará quién escribió esto en otra ocasión.





















