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Así era Buenos Aires en 1932 (Al menos una parte)
En este corto se puede ver una mirada gringa sobre la vida en el Buenos Aires de 1932. Más allá de que muestran a un país próspero sin mostrar la terrible pobreza de las zonas marginadas en esos años, es interesante ver como se veía nuestra tierra y sus habitantes hace tantos años.
No se puede sino envidiar también al ver a los porteños disfrutando la costanera sur y un chapuzón en el Río de Plata.
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Bombardeo sobre Tierra Santa con pelotas de golf

Esta vez no es una nueva intifada palestina ni un nuevo ataque israelí. Ahora caen pelotas de golf sobre Tierra Santa (un parque temático en las afueras de Buenos Aires).
Fuente: Blog de Rafael Estrella
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Las vueltas de la vida: Don Luis cumplió 90 años
Don Luis Rodríguez, el entrañable calesitero de Ramón Falcón y Miralla, cumplió 90 años y lo celebró rodeado del cariño de todos sus vecinos. Más de trescientas personas de todas las edades se dieron cita al pié de su mítica calesita, tras la convocatoria realizada por los integrantes del grupo de Facebook “Yo fui a la calesita de Don Luis”, encargados de iniciar la movida.
Juegos, música, una torta de 90 kilos y vueltas de calesita gratis para todos los presentes le dieron forma a una tarde teñida por la emoción y la nostalgia, donde se le rindió homenaje a uno de los personajes más queribles del barrio de Liniers. “No sé cómo devolverles tanto afecto”, expresó emocionado Don Luis, artífice de la sana diversión de tres generaciones de vecinos.
Fuente: Cosas de Barrio

Flota en el aire una rara mezcla de alegría y nostalgia. Para muchos de los que estamos disfrutando de esta tarde de sol en la mítica calesita de Don Luis, todo remite al pasado. Los multicolores caballos de madera, el tocadiscos que se mantiene impávido y melodioso junto al poste de la sortija, y hasta el patio de la casa que alberga al viejo carrusel, parecen haberse quedado detenidos en el tiempo, confabulándose para extender una invitación permanente al recuerdo.
Sólo hay alguien que da muestras del tiempo transcurrido. El viejo y querido Don Luis, el mismo que desenfunda al aire sus 90 primaveras y regala besos y abrazos a todos y cada uno de los que se acercan a festejar su cumpleaños.
Son las 5 de la tarde del miércoles 4 de noviembre, y la tradicional esquina de Ramón Falcón y Miralla explota de gente. Más de 300 almas de todas las edades rodean la figura del joven anciano y le brindan su cariño, como queriendo devolverle a Don Luis al menos algo de toda esa magia que fue regalando a lo largo de sus 75 años de calesitero.
Ramón Falcón está cortada al tránsito, entonces el payaso Caramelo invita a tomarnos de la mano, y grandes y chicos giramos mancomunados entre el asfalto y la vereda, emulando aquella magia que mantiene vigente a la calesita, en tiempos de Hi-pod, celulares y DVD. Yo me aferro con la zurda a la mano de mi hija de 2 años y con la otra me entrelazo a una mano arrugada que transpira recuerdos. Mientras, Don Luis aprovecha para atender a los cronistas de la tele, que se han llegado hasta Liniers para conocer a “este tipo que se mantiene joven a fuerza de trabajar con pibes”. ¿No cualquiera puede desarrollar esta profesión, tiene muchas vueltas?, les desliza a los noteros a pura simpatía.
El Programa “Calesitas de Buenos Aires” del Ministerio de Cultura de la Ciudad, tiene todo listo para arrancar oficialmente los festejos, pero para Don Luis la fiesta empezó con el primer abrazo. Como puede se hace paso entre la multitud y se acerca al teclado que se ubica sobre la vereda, para escuchar con atención a Brian Zetta, un ex Don Luis boys devenido en músico, que le dedica una canción de su autoría, compuesta en sus años de pantalones cortos e ilusiones de sortija. Entre los aplausos y la emoción, chicos y grandes se le cuelgan de los hombros y él les devuelve su sonrisa franca. Se lo ve feliz. Está feliz.
Ahora una enorme torta de 90 kilos coronada por una calesita de cartón se adueña de la vereda y surgen espontáneos los acordes del feliz cumpleaños. Don Luis corta porciones y no quiere que nadie se quede sin su torta. Y allí están todos, hijos, padres y abuelos. Tres generaciones de linierenses que han girado con él y sueñan con seguir haciéndolo.
Los integrantes de la Asociación Argentina de Calesiteros y afines (que nuclean a las 45 calesitas que funcionan en la ciudad) le entregan una plaqueta en homenaje a su incesante labor. Don Luis es el símbolo de todos ellos, los mismos que celebran el Día del Calesitero cada vez que él sopla las velitas. “Soy miembro honorario de la asociación, por lo menos no me hacen pagar la cuota”, bromea mientras con una mano intenta cubrirse del sol.
Como una paradoja del destino, la feliz iniciativa de este encuentro con la nostalgia surgió de la mano de la tecnología. El grupo de la red social Facebook “Yo fui a la calesita de Don Luis” (compuesto por más de 1500 miembros) quiso homenajear en su día al artífice de muchas de sus sonrisas de la infancia. Luego el Ministerio de Cultura porteño recogió el guante y la fiesta se hizo realidad.
Mi hija me pide upa y antes que termine de alzarla se le cuelga del cuello al entrañable calesitero y a pura sonrisa le dice ¡feliz cumpleaños!.
Alegría y nostalgia ¿qué otra cosa es sino la calesita de Don Luis?
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Iba a estar bueno, Buenos Aires.

Pozo en Scalabrini Ortiz y Santa Fe
De todas promesas de campaña de Mauricio Macri, la única que parecería interesarle cumplir es la referida al pavimentado de las calles porteñas.
Sinceramente, pensé que a pesar de su pésima gestión al frente de la jefatura de gobierno de Buenos Aires, este tema sería el único resultado que podría mostrar al finalizar su mandato.
Pero me equivoqué.
Lo que ven en la foto son los cráteres ubicados en la intersección de la Av. Scalabrini Ortiz y la Av. Santa Fe.
Ambos pozos sin señalizar son causantes de roturas y accidentes para los automóvilistas y transeuntes que pasan diariamente por la zona.
El auto roto que ven en el fondo de la foto es el mío. Así quedó luego de que pasé por ahí, y sin percatarme del pésimo estado del asfalto, la rueda derecha cayó en la perforación y se rompió inmovilizándola definitivamente.
Más allá del costo de la reparación del auto del que me tuve que hacer cargo, la potencialidad de que haya salido lastimado (cosa que felizmente no pasó) debe atribuirse totalmente a la ineficiente e inepta gestión del ministro de Espacio Público y Medio Ambiente Juan Pablo Piccardo .
Por supuesto que reporté ya esto a la municipalidad. Espero que tomen nota y lo arreglen para que nadie más tenga percances de este tipo.


