Arturo Jauretche

“En el territorio más rico de la tierra vive un Pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana ni un Pueblo feliz”

“La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía políticamente es una víctima. El cuento de la división internacional del trabajo, con el de la libertad de comercio, que es su ejecución, es pues una de las tantas formulaciones doctrinarias, destinadas a impedir que organicemos sobre los hechos nuestra propia doctrina económica.”

Arturo Jauretche

Cherrypal: Una computadora que solo consume 2 watts

Este ladrillito negro es una Cherry Pal PC. Esta nueva computadora, consume solamente 2 vatios y tiene 80 % menos componentes que una PC común ya que no posee sin piezas móviles.

Esta unidad se venderá a tan sólo 250 dólares. El almacenamiento de información se hará en servidores de Amazon.com y tendrá una capacidad máxima de 50 GB.

Cherry Pal mostrará anuncios mientras el usuario espera para cargar los programas en el sistema operativo basado en Linux.

También incluye Open Office, iTunes y un mensajero electrónico. Para navegar se usará una versión Linux de Firefox.

Los autos chinos están acelerando la demanda global de combustible

Un interesante artículo del Washington Post que analiza el impacto que la creciente economía china reflejada en su parque automotor tiene sobre la demanda mundial de combustible.

Sigue entonces, mi traducción del texto:


“En China, el tamaño importa”, dice Zhang Linsen, de 44 años de edad, fundador de una empresa de diseño gráfico. “La gente quiere tener un coche que muestre su condición en la sociedad. Nadie quiere comprar autos pequeños”.

Zhang gira las ruedas de su Hummer, también llamado “hanma” o “feroz caballo” en chino, y pisa el acelerador.

La venta de coches en China explotó, y no sólo de coches comunes, sino también vehículos utilitarios y camionetas. En otros lugares del mundo, la popularidad de estos vehículos ha caído a medida que el costo del petróleo aumentaba. Pero en China, el número de todo terrenos vendidos aumentó un 43 por ciento en mayo en comparación con el año anterior, y los automóviles de gran tamaño incrementaron sus ventas un 15 por ciento.

De hecho, la demanda china es uno de los grandes motivos de la dramática escalada de los precios mundiales del petróleo.

China por sí sola representa aproximadamente el 40 por ciento del reciente aumento de la demanda de petróleo del mundo, ya que está quemando el doble de petroleo del que quemaba hace una década. Hace quince años, casi no había automóviles privados en el país. A finales del año pasado, el número había llegado a 15,2 millones.

En la actualidad hay más Buicks – el venerable coche “barco” de lujo de NorteAmérica- vendidos en China que en Estados Unidos. La demanda de Hummers ha sido tan fuerte que a partir de este año, los consumidores chinos puedan comprar un vehículo del mismo estilo militar llamado “Predator” en más de 25 nuevos concesionarios.

Sin embargo, la fuerte demanda de petróleo no se limita a China y sus automóviles. Desde que un grupo inversor encabezado por un abogado de Nueva York y New Haven, Conn, banquero surgió con la idea de la utilización de petróleo para el alumbrado de Pensilvania en la década de 1880, el petróleo ha sido un componente esencial de la era industrial. Es el combustible de buques, aviones y automóviles, y se usa para producir asfalto, calefacciona nuestras casas, y del él derivan lubricantes, plásticos y otros productos petroquímicos.

Los Estados Unidos son el mayor consumidor de petróleo, a través de la quema de más de 20 millones de barriles por día según datos del año pasado. Este año, EE.UU. está en camino de la primera disminución en más de 25 años, como resultado de los altos precios del combustible y una débil economía. Sin embargo, aproximadamente una de cada ocho barriles de petróleo producidos en todo el mundo, termina en el depósito de combustible de un coche o camión americano.

La demanda en muchos países en desarrollo, mientras tanto, se está acelerando a causa de la propagación del estilo de vida de la clase media y las políticas populistas que subvencionar el combustible para que se mantenga barato.

El gobierno de India, por ejemplo, gastará 24,5 miles de millones de dólares este año en subsidios de petróleo. Ese monto incluye las reducciones a los subsidios que dieron lugar en junio a dando lugar a disturbios por los altos precios del gasoil que utilizan la mayor parte de los vehículos del país, y otros productos derivados del petróleo. “El alza en los precios de los combustibles durante el mes pasado ha hecho poco para amortiguar el aumento de la demanda de diesel”, dijo Seema Desai, analista de la Eurasia Group. Los indios están pagando alrededor de $ 3,60 por galón de diesel, muy por debajo de precios de mercado, y la demanda sigue creciendo a una tasa anual de más del 20 por ciento


Los países productores de petroleo son incluso más generosos con sus ciudadanos. Por ejemplo, en Venezuela, la nafta cuesta 12 centavos por galón, en Irán cuesta 41 Ctvos, en Arabia Saudita cuesta 37 ctvos y en Rusia $3.90.


Todo este crecimiento no sirve para compensar que compensar las medidas de conservación adoptadas en los Estados Unidos, Europa y otras naciones industrializadas. Este año, el consumo combinado de China, India, Rusia y el Medio Oriental aumentará un 4,4 por ciento y por primera vez será superior al de los Estados Unidos, de acuerdo con el International Energy Agency.


Para los expertos en planificación energética del mundo industrializado, parece ser una cruel ironía, que llega después de un esfuerzo concertado por parte de los consumidores y los legisladores para disminuir el consumo. Si China sigue aumentando su consumo de petróleo al ritmo promedio de 6% a 7% al año, como lo ha hecho desde 1990, llegaría a tener el mismo consumo que Estados Unidos en 20 años


Pero China se defiende de las críticas diciendo que el consumo per capita en su país es solo una pequeña fracción del consumo de Estados Unidos. Por otra parte, todas las naciones industrializadas basaron su desarrollo en el uso de petróleo. Los chinos se preguntan: “¿Por qué debemos ser penalizados por llegar tarde al juego?


Si bien existen una serie de factores que contribuyen al aumento de la demanda de China, que incluyen un rápido desarrollo industrial y el acaparamiento por parte del gobierno para garantizar suministros adecuados para los Juegos Olímpicos de Pekín, el que tiene mayor impacto es el crecimiento de autos. Sin embargo, pese a este vertiginoso aumento de la cantidad de autos, menos del 4 por ciento del país posee uno. Es decir, 1,3 millones de personas. Estados Unidos estaba en esa posición en 1915.


“Todo el mercado de la energía del mundo ya se está viendo afectada por este país. ¿Se imaginan cuando 50 de cada 1000 personas en China sean propietarias de un coche?” pregunta Friedhelm Engler, director de diseño de General Motors y Shangai Automotive Industry en China.


Para la generación anterior, ser propietario de un automóvil era un privilegio para pocos (aquellos en el gobierno, los jefes de empresas de propiedad estatal y otras personas en posiciones de poder).


Pero a partir de 2000, China comenzó a promover agresivamente el consumo para equilibrar su economía basada en la exportación. Zeng Peiyan, que era entonces director del comité de planificación nacional, creó una lista de las cosas que los ciudadanos debían ser alentados a comprar. Los automóviles encabezaban la lista.


Pekín ha simplificado los procedimientos para la compra de automóviles, recortó los impuestos sobre las ventas y mejoró la disponibilidad de préstamos bancarios. Alentó a los gobiernos locales para crear más estacionamientos. Se prohibieron las bicicletas en algunas calles. Y construyeron miles de kilómetros de brillantes autopistas en todo el país.


En el ínterin, el combustible se ha mantenido artificialmente barato. Incluso después que se levantaran parcialmente las subvenciones el mes pasado, un galón de combustible en China cuesta sólo 3,40 dólares, muy por debajo de los precios de mercado.


En 2006, cuando China dio a conocer su más reciente “plan quinquenal”; un plan nacional de prioridades, que reflejaba una nueva conciencia ambiental del gobierno central que comenzó a alentar a los gobiernos locales para eliminar los desincentivos para los consumidores para comprar y a los fabricantes a producir coches pequeños.


Pero la ley que obligue a los gobiernos locales a revisar sus viejas prácticas aún está pendiente, y el cambio ha sido lento.


Otro de los factores que impulsan la venta de automóviles más grande en China es la rápida aparición de suburbios. Muchas de estas ciudades-satélite son versiones romántica de la forma en que los chinos imaginan a los Estados Unidos y otros países occidentales, ricos, con espaciosas villas y dos garajes de automóviles, grandes cajas de la cadena de tiendas, centros comerciales y parques de oficinas.


Yongping Zhai, especialista del Asian Development Bank, teme que los chines estén “comprando” el estilo de vida americano: “casas grandes, grandes aires acondicionados, grandes carreteras.” En comparación con el avanzado ritmo de construcción de carreteras, el transporte público se ha desarrollado lentamente.


Para alentar a los chinos para ser más amigables con el medio ambiente, General Motors, que ha ocupó el primer lugar de ventas de autos en China durante los últimos tres años, está preparando nuevos vehículos híbridos y automóviles que funcionan con combustibles alternativos.


Pero Zhang no espera que los consumidores chinos que cambien sus hábitos de compra con respecto a sus automóviles. “La economía de combustible es probablemente la última cosa que veríamos en China,” dice Zhang mientras conduce por los suburbios de Shanghai en su Hummer. Él dice que no está preocupado por llenar el tanque, incluso después de que el gobierno recortará los subsidios del petróleo el mes pasado, generando un aumento de los precios del combustible de alrededor del 18 por ciento.


Zhang compró el Hummer en 2006, y lo importó desde Estados Unidos, a un valor de 220.000 dólares, incluidos los altos gastos de envío y tasas de importación. “Se siente como un auto para hombres”, dijo.


El mes pasado, él y dos amigos crearon un sitio web que anunciaba la formación de un club del Hummer en Shangai.


Otros 20 propietarios lo contactaron por correo electrónico en un plazo de días. Entre ellos figuraban varios otros hombres de negocios, y también jefes de minas de carbón de las provincias del interior y tres treintiañeras mujeres que compraron identicos Hummers.


Zhang dijo que él y otros miembros del club estaban hablando para organizar viajes fuera de la ciudad, tal vez a las partes montañosas de la provincia de Sichuan para ayudar con los esfuerzos de reconstrucción en las zonas más afectadas por el reciente terremoto.


Por ahora, sin embargo, Zhang dice que esta feliz por poder utilizar su automóvil para visitar amigos, mientras tiene una gasta un galón de combustible por cada 17 millas de carreteras chinas que recorre.

Pileta Mob


Parece que los flashmob ya fueron.

Ahora lo nuevo es el “Splash Mob”. Está nueva práctica que reporta el Daily Mail se basa en utilizar Google Earth para encontrar casas con amplias piletas de natación, y luego a través de redes sociales como My Space, grupos de adolescentes coordinan para hacer un ataque sincronizado a las mismas y disfrutar de los beneficios de una zambullida en estas cuidadas aguas.

Wall.E (O Guali) y su yapa "Presto"

No voy a ser muy original diciendo que es una de las mejores películas del año. Tampoco seré original diciendo que el personaje me recuerda un poco al de la película “Cortocircuito”. Y que emociona como “E.T.”, tampoco será un rapto de lucidez.

Sin embargo en este post, la creatividad es lo que menos falta ya que Andrew Stanton (Buscando a Nemo), guionista y director de esta película y los otros guionistas de Pixar Animation Studios crearon una de las piezas cinematográficas mejor logradas y con un argumento tan fuera de lo común que hace disfrutar, y pensar, a chicos y grandes.

La película está llena de mensajes profundos y que muchos merecen una segunda mirada. ¿Cómo contar una historia de amor, entre dos robots que no pueden decir más que sus nombres y sin embargo logran una comunión perfecta? La importancia del lenguaje no verbal es fundamental y es lo que permite el éxito de estos enamorados robots.

En Wall.E asistimos a un mundo donde los humanos son tan gordos y cómodos, donde no se levantan de sus sillones y son asistidos todo el tiempo por robots, donde hablan unos a otros a través de pantallitas, pero el contacto real está olvidado. Voy a volver a mi poca originalidad diciendo que la relación directa entre la película y una crítica a una sociedad norteamericana, cada vez más obesa, donde el confort es el valor fundamental, es obvia. Eso sí, en la vida real, la tarea de los robots la cumplen los mexicanos y otros latinoamericanos que día a día llegan al Imperio.

El mensaje ecológico es claro y directo. O cambiamos el modo de vida en la tierra, basado en el consumo desmedido, o la tierra nos dará una rápida despedida. Sería bueno que esta película la vea Mauricio Macri, el Jefe de Gobierno porteño, quien se niega a aplicar la, ya aprobada y reglamentada, Ley de Basura Cero, que da la solución al problema de la basura en esta urbe.

Para despedirme les dejo un regalo, “Presto” el corto de animación de Pixar que se exhibe antes de Wall.E.

Disfruten de esta joya de la animación.


pixar from ihdt on Vimeo. .

Sandra Russo: "La yegua y el montañista"

En el banco, frente a las ventanillas, había tres colas y ninguna era muy larga, pero la de la izquierda estaba casi desierta. Era la que estaba disponible para los clientes VIP. Llegué y leí los tres letreros: VIP, Personas y Empresas. Hice un rápido repaso mental sobre mi propia condición y me paré en la de Personas. Delante de mí, último en esa fila, acababa de ubicarse un hombre alto, apenas canoso pero de aspecto juvenil, vestido con jeans y campera de montañista. Colgaba de su espalda una mochila de una marca muy cara, que le daba un aire de turista o extranjero; supuse que era un hombre de paso por ese microcentro atestado de mediodía. Ni tuve tiempo de pararme con todo el peso en una de mis piernas, que es lo que uno hace cuando se autoacomoda en una cola de banco atrás de una docena de personas. Llegó otro hombre, más viejo y trajeado, que sobre mi oído preguntó:

–¿Las tres colas son iguales? ¿Por qué en ésta no hay nadie?

El hombre alto con campera de montañista se dio vuelta y le dijo:

–Esa es para los giles que pagan quince pesos más por mes para que los atiendan más rápido.

–No me digas –le dijo el viejo trajeado, ubicándose en mi fila. Quedé hecha un sandwich entre ambos, lo cual no habría sido grave si los dos se hubiesen quedado callados como corresponde en una cola de banco, caray, que uno va al banco a hacer un trámite que siempre prefiere obviar, y en todo caso cualquier persona normal comenta o bien que el clima de Buenos Aires está tremendo, o bien que es una vergüenza que haya tan pocos cajeros en todos los bancos. ¿O hay acaso alguien en este mundo que se sienta a sus anchas en una cola de banco? Yo pensaba que no, pero me equivocaba. El montañista era un hombre que se sentía a sus anchas en todas partes, se diría que el mundo era suyo por la seguridad con la que hablaba, y también por el tono de voz elevado que hacía que todos escucháramos lo que decía. Sobre todo yo, que estaba hecha un jamón entre el montañista y el viejo trajeado. El montañista era una de esas personas que no pueden controlar su incontinencia verbal y cerebral. Y su flujo mental era tremendo.

–En Chile esto no pasa –le dijo el montañista al viejo trajeado. Era tan alto y yo soy tan petisa que el tipo ni siquiera tenía que hacer un mínimo gesto para mirar al viejo. Sencillamente, me salteaba.

–¿En Chile? ¡No! ¡Qué va a pasar! –dijo el viejo.

–¿Conocés Chile? –le preguntó el montañista, que debía tener unos treinta años menos que el viejo, pero que como se sentía tan seguro de sí mismo y era tan comunicativo, tuteó al viejo durante toda esa conversación, dándole incluso ánimo, con el tuteo, para que el viejo de-senrollara la lengua.

–Sí, estuve muchas veces en Chile. Tengo dos grandes amigos. Viven en Las Condes.

–Yo tengo mi oficina en Las Condes, mirá qué casualidad. ¿A qué se dedican tus amigos? Conozco mucha gente por ahí.

–Son generales. De carabineros.

–¡Ah, qué bien! ¡Generales! –dijo el montañista. Yo ya empezaba a mirar para el costado, a la fila que decía Empresas. Había menos gente. Un jovencito también trajeado y con una escarapela en la solapa revisaba unas boletas. Un cadete, seguro.

–Sí, son dos grandes amigos. Dos caballeros –dijo el viejo–. Si los paran con el auto, ¿vos te creés que sacan la credencial para presentarse como generales? Eso haría un milico de acá. ¡No! Primero escuchan si estuvieron en falta, escuchan con todo respeto y ojo, que los carabineros que los paran también son muy respetuosos. Por favor, señor, si es tan amable, tenga usted la amabilidad, ¿viste? Mucha educación.

–Típico de Chile, claro. Una educación increíble.

–Recién si les están por hacer una boleta o es muy necesario, ahí sí se dan a conocer. Pero no como acá, que todo el mundo saca chapa antes de tiempo.

–Es que este país es el peor del mundo, hermano –le dijo el montañista–. Y que me perdone si hay algún peronista presente, pero el cáncer de este país se llamó Juan Domingo Perón. No sé si estás de acuerdo –dijo, chequeando, aunque era evidente que su “que me perdone” era equivalente a un “me cago en que haya un peronista en esta fila”.

El montañista era, definitivamente, un camorrero. Y yo, que agarro no sólo los guantes que me tiran sino también los que se caen, me empecé a morder la lengua. Y eso que no soy peronista.

–¡Pero sí! –dijo el viejo, creo que sin haber prestado mucha atención a aquello con lo que estaba de acuerdo, incluso más allá de estar de acuerdo, porque estaba perdido en sus evocaciones–. Mis amigos son dos tipos de primera. Qué bien la hemos pasado cada vez que los fui a visitar. Fuimos a Valparaíso un verano.

–Las Condes es el barrio más fashion, diríamos –dijo el montañista, que estaba atrapado a su vez en su propio relato y al que era evidente que el hermoso verano del que amenazaba hablarle el viejo le importaba tres pitos.

–Las Condes. Muy lindo barrio. Fuimos una vez a Reñaca también.

–Yo tengo mi oficina en Las Condes –repitió el montañista–, la abrimos hace poco. Un lujo. En Chile nadie le tiene miedo al lujo, como acá, que hay que pedir disculpas si uno es más capaz que los demás para hacer guita. ¿Vos qué hacés?

–Soy jubilado. Hago trámites –dijo el viejo. Yo pensé que su lugar estaba entonces en la fila de al lado, pero a esa altura no iba a meterme en esa conversación ni aunque bajara Dios en persona a ofrecerme crecer quince centímetros de golpe. Y eso que para mí sería importante.

–Te voy a decir una cosa –le dijo el montañista–. La culpa de cómo nos van las cosas la tenemos todos, todos, todos, todos, todos.

–Todos –sintetizó el viejo.

–Porque no nos ponemos los pantalones largos –agregó el montañista–. Mirá: yo soy sanjuanino, mi familia tiene una calera y estamos trabajando en Chile pero, qué te puedo decir, de maravillas. Vendemos a lo loco. Los chilenos no miran para arriba. Miran todos para abajo. Es un país que tiene mucho que agradecerle a un señor, a un verdadero señor que se llamó Augusto Pinochet.

A esa altura yo quería ser más petisa de lo que soy. Hundirme en la junta de las baldosas de porcelanato, hacerme engrudo, evaporarme, porque me venían unas ganas feroces de ser varón y de decirle vamos afuera, macho, que te cago a trompadas. Pero últimamente, con todo esto del campo, estoy muy irritable. Y no sé si ustedes lo advirtieron, pero salvo la gente muy descarada, la gente muy jodida o la gente muy de mierda, en general, hasta en los taxis, reina un silencio de radio para no herir susceptibilidades ajenas o acaso para evitar irse a las manos. Ese clima de distensión que hemos logrado gracias al voto no positivo de Cobos (y del que hablan sobre todo los radicales y Chiche Duhalde) es una escenografía a la que en cualquier momento se le cae el techo o una puerta. Lo que hay es discreción y hartazgo de estar tan enemistados. Pero queda gente como este montañista, al que me tuve que seguir aguantando. Ya me pasó de levantarme precipitadamente de la mesa de un bar, después de pedirle a un mozo:

–Cobrame pronto porque si esta vieja de la mesa de al lado sigue hablando le parto un sifón en la cabeza.

Vuelvo al banco. Yo estaba haciendo ejercicios de respiración que nunca aprendí en yoga, porque yoga no hice, pero bueno, me imagino cómo serán: uno respira profundo, profundo, con el diafragma, y se concentra en el aire que inspira, y después lo va soltando despacio, tratando de concentrarse sólo en el aire, tratando de no escuchar a un montañista que dice:

–Tenemos a esta yegua gobernando, ¿te das cuenta? ¡Una yegua! ¿Y no hacemos nada? ¿Por qué aguantamos? –parecía estar interpelando a todo ser viviente que lo escuchara en el banco.

–Y… –dijo el viejo, que a pesar de tener amigos carabineros no había ido al banco a buscar roña. Hasta él se empezó a sentir incómodo. Eran varios los que daban vuelta las cabezas, y cada uno parecía calibrar su reacción, porque ninguno lo miraba asintiendo. Es que más allá de lo que decía el montañista, su prepotencia y su inadecuación lo hacían un blanco perfecto de hipotéticos escupitajos, que yo me imaginaba por millones. El pendejo de la cola de al lado, el de la escarapela, me puso cara de “qué pelotudo” y yo le hice cara de “impresionante”.

Por suerte la cola había ido avanzando y le tocó a él. Fue hasta la ventanilla y dijo, fuerte, para que nadie se lo perdiera:

–Quiero retirar diez mil pesos de mi cuenta.

La cajera le dijo algo que no se escuchó. El montañista habló fuerte:

–¿Tanto problema por diez mil pesos? ¿Qué son diez mil pesos? Qué país de mierda.

La cajera acercó la boca a la ventanilla y dijo, también en tono alto:

–Tiene que esperar veinte minutos. Si no va a hacer el trámite déjele el turno al que sigue.

–Bueno, nena, dale. En este país…

–Lo de nena se lo guarda. Ponga el pin –le dijo ella.

El montañista puso el pin y lo mandaron a sentarse y a esperar veinte minutos. Me tocó a mí. Hice mi trámite. Salí de ahí y me fui a terapia. Cuando llegué le dije a mi analista:

–Yo no sé qué me pasa. Ando con ganas de patear montañistas con la calle.

Mi analista se acomodó en su sillón y preguntó:

–¿En qué sentido?

Peter Capusotto nos enseña a componer y a como utilizar mejor el idioma

“Peter Capusotto y sus videos” es sin duda el mejor programa humorístico de la televisión argentina.

Cada nueva entrega es superior a la anterior y la evolución de sus personajes convierten a este ciclo en una expresión humorística, que a mi modo de ver, que hacía rato faltaba en la pobre televisión argentina.

Del último capítulo destaco dos bloques que son de lo mejor producido en el programa.


Joe Satriani en Buenos Aires (Fotos)

Ayer fuimos a ver a Joe Satriani a Obras gracias a la invitación de Sergio Mayorano, uno de los mejores bajistas de argentina que toca con Diego Mizrahi (ayer fueron grupo soporte) y con Quintasrock

El show impecable, como siempre. Una poderosa y precisa máquina de rock instrumental que funciona como un reloj partiendote la cabeza e impulsando a todos los presentes a volver a sus casas, encerrarse en su cuarto por unos 30 años con una Ibanez y una heladera bien equipada y no salir hasta poder tocar al menos un par de temas del Pelado.

Comparto con uds algunas fotos del recital de ayer.



Actualización: Postearon mis fotos en Taringa. Si quieren ver más comentarios sobre el Recital de Satriani en Obras, pueden hacer click aquí

"El Peor Acuerdo" por Martín Caparrós

Una nota muy controversial y directa de Martín Caparrós, en respuesta a las palabras que el terrorista de Estado, Luciano Benjamín Menéndez pronunció ayer al ser condenado por sus crímenes.


Nunca hubiera pensado que alguna vez podía llegar a estar de acuerdo con el hijo de puta del ex general Luciano Benjamín Menéndez. Y sin embargo, ayer.

Ayer, en su alegato final, el ex Menéndez, ex jefe de una de las unidades militares más asesinas, el Tercer Cuerpo de Ejército, hombre de cuchillos tomar y de presos matar, peroró en su defensa. Dijo, en síntesis, que las fuerzas armadas argentinas pelearon y ganaron para “evitar el asalto de la subversión marxista”. Y yo también lo creo.

Con algunos matices. La subversión marxista –o más o menos marxista, de la que yo también formaba parte– quería, sin duda, asaltar el poder en la Argentina para cambiar radicalmente el orden social. No queríamos un país capitalista y democrático: queríamos una sociedad socialista, sin economía de mercado, sin desigualdades, sin explotadores ni explotados, y sin muchas precisiones acerca de la forma política que eso adoptaría –pero que, sin duda, no sería la “democracia burguesa” que condenábamos cada vez que podíamos.

Por eso estoy de acuerdo con el hijo de mil putas cuando dice que “los guerrilleros no pueden decir que actuaban en defensa de la democracia”. Tan de acuerdo que lo escribí por primera vez en 1993, cuando vi a Firmenich diciendo por televisión que los Montoneros peleábamos por la democracia: mentira cochina. Entonces escribí que creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder, que incluso lo cantábamos: “Con las urnas al gobierno / con las armas al poder”, y que falsear la historia era lo peor que se les podía hacer a sus protagonistas: una forma de volver a desaparecer a los desaparecidos. Me indigné y, de tan indignado, quise escribir La voluntad para contar quiénes habían sido y qué querían realmente los militantes revolucionarios de los años sesentas y setentas.

(A propósito: es la misma falsificación que se comete cuando se dice, como lo ha hecho Kirchner, que este gobierno pelea por realizar los sueños de aquellos militantes: esos sueños, está claro, eran muy otros. En esa falsificación, Kirchner y el asesino ex se acercan; ayer Menéndez decía que “los guerrilleros del 70 están hoy en el poder”, sin ver que, si acaso, los que están alrededor del gobierno son personas que estuvieron alrededor de esa guerrilla en los setentas y que cambiaron, como todo cambió, tanto en los treinta últimos años que ya no tienen nada que ver con todo aquello, salvo para usarlo como figura retórica.)

Es curioso cómo se reescribió aquella historia. Hoy la mayoría de los argentinos tiende a olvidar que estaba en contra de la violencia revolucionaria, que prefería el capitalismo y que estuvo muy satisfecha cuando los militares salieron a poner orden. “Ostentamos el dudoso mérito en ser el primer país en el mundo que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y vencieron por orden de y para sus compatriotas”, dijo el asesino –y tiene razón. Pero la sociedad argentina se armó un relato según el cual todos estaban en contra de los militares o, por lo menos, no tenían ni idea. Es cierto que no podían haber imaginado que esa violencia era tan bruta, tan violenta, pero había que ser muy esforzado o muy boludo para no darse cuenta de que, más allá de detalles espantosos, las fuerzas armadas estaban reprimiendo con todo.

El relato de la inocencia mayoritaria se ha impuesto, pese a sus contradicciones evidentes. Los mismos medios que ahora cuentan con horror torturas y asesinatos las callaron entonces; los mismos partidos políticos que se hacían los tontos ahora las condenan; los mismos ciudadanos que se alegraban privada y hasta públicamente del retorno del orden ahora se espantan. Y todos ellos conforman esta masa de ingratos a la que se dirige el muy hijo de exputa: “Luchamos por y para ustedes” –les dice y, de hecho, los militares preservaron para ellos el capitalismo y la democracia burguesa. Pero la sociedad argentina se ha inventado un pasado limpito en el que unos pocos megaperversosasesinos como éste hicieron a espaldas de todos lo que ellos jamás habrían permitido, y les resulta mucho más cómodo. Como les resulta mucho más cómodo, ahora, indignarse con el ex que repensar qué hicieron entonces, a quién apoyaron, en qué los benefició la violencia de los represores, y lo fácil que les resultó, muchos años después, asombrarse, impresionarse e indignarse.

El ex Menéndez es, sin duda, un asesino, y ojalá que se pudra en la cárcel. Es obvio que no es lo mismo la violencia de un grupo de ciudadanos que la violencia del Estado, pero es tonto negar que nosotros proponíamos la guerra popular y prolongada como forma de llegar al poder. Y también es obvio que la violencia de los militares no les sirvió sólo para vencer a la guerrilla: lo habrían podido conseguir con mucho menos.

Durante mucho tiempo me equivoqué pensando que los militares habían exagerado: que la amenaza revolucionaria era menor, que no justificaba semejante despliegue. Tardé en entender que los militares y los ricos argentinos habían usado esa amenaza como excusa para corregir la estructura socioeconómica del país: para convertir a la Argentina en una sociedad con menos fábricas y por lo tanto menos obreros reivindicativos, para disciplinar a los díscolos de cualquier orden, y para cumplir con las órdenes reservadas del secretario de Estado USA, su compañero Kissinger, que les dijo en abril de 1976 que debían volver a convertir a nuestro país en un exportador de materia prima agropecuaria.

Es lo que dijo el ex: “¡Y nosotros estamos siendo juzgados! ¿Para quién ganamos la batalla?”. Porque es cierto que la ganaron, y que su resultado principal no son estos juicios sino este país sojero.

Ése es el punto en que casi todos se hacen los boludos. La indignación siempre fue más fácil que el pensamiento. Supongo que es mejor que muchos, para sentirse probos, prefieran condenar a los militares antes que seguir apoyándolos como entonces. Pero no deja de inquietarme que todo sea tan fácil y que sólo un asesino hijo de puta suelte, de vez en cuando, ciertas verdades tremebundas.

Knol: la Wikipedia de Google


Hoy Google lanzó oficialmente Knol.

Este sitio surge como una alternativa a Wikipedia con la diferencia que permite, a través de su programa Adsense generar ganancias para los autores.

Esta es, sin duda, la carta mas fuerte de Google para competir con la poderosa y popular Wikipedia.

Al igual que en la Wikipedia, los artículos pueden ser editados, pero en Knol requieren una aprobación del o los autores originales.

Si bien la lógica del pago haría crecer más a Knol que a la Wikipedia, ya que los artículos de calidad generarían más tráfico, con el consiguiente retorno en cheques de Google, es probable que se sature de contenidos más populares, cada uno de ellos en búsqueda de ese nicho de mercado que permita hacer unos verdes a fin de mes.

En principio, Wikipedia parece estar en desventaja, al no basar la colaboración de sus usuarios más que en el beneficio de sentir que se aporta a un conocimiento en común, sin embargo, esto genera a primera instancia otro compromiso y otro interés, que en este caso, y a mi modo de ver, supera la búsqueda de un futuro lucro.

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¿Hay que hablar de traición? (Por Horacio González

Un interesante artículo de Horacio González, director de la Biblioteca Nacional.


Frases sobre la traición pueblan la historia de la humanidad. Pertenecen a la mitología de los grandes pastores de almas, que sienten el latido de una secreta amenaza de discípulos o aliados. Según una idea milenaria, toda conciencia se hallaría entre una proclama de lealtad y el deseo de negarla. El consuelo de los herejes siempre fue el de decir “la historia me juzgará”, lo que no deja de ser cierto pero mezquino. Siempre los acontecimientos colectivos y las lógicas complejas superan en el tiempo a las pasiones personales. Pero la historia nunca juzga, pues es mera acumulación de reinterpretaciones y en el fondo no hay nada más atemporal que las pasiones.

Quizá sólo algunos espíritus privilegiados tengan derecho a la traición. Otros hombres que expresan una vida aguachenta podrán pensar que con una traición se redimen. En su famoso cuento sobre la traición, Borges demuestra que el héroe se fabrica con los ingredientes de una impensada pero necesaria defección. Sin embargo, la historia procede de forma diferente. Suele trabajar con hombres anodinos a los que pone en situaciones irreversibles. A partir del estropajo de la vida, alguien puede tomar una decisión irrevocable que desvía el curso de las cosas.

Pero no conviene explicar con estas referencias el modesto caso de Cobos, que intentó padecer primero y luego se convirtió en insensato cosechero de lo que se había producido. Lo esperaba el ditirambo de la mitad del país dividido, al que ofreció la escisión correspondiente de su propia conciencia. Dijo actuar en nombre de la ley doméstica en vez de atender la razón institucional, excusa que surge más de la experiencia de los momentos de disolución social que del invento griego de una razón familiar autodestructiva por encima de la objetividad de la historia. Cobos no es un Labdácida y está muy lejos de Tebas. Escuchar su balbuceo el jueves a la noche era impresionante. No existía más el Estado. Existía el mascullo del que creía que era bueno perder la dignidad pública en nombre de un argumento antiquísimo: la consulta con la familia.

He aquí la paradoja. Esa “consulta” era reaccionaria. Y el Estado, débil, problemático y anonadado, era progresista. Cobos habló de consenso, pero su consenso era una parte exquisita y concreta de la propia división social. Su voto fortalecía el camino del cisma y no de su cura. Pero las naciones comienzan siempre por ser bifurcaciones y, si las naciones prosiguen, es porque en cada momento hay fórmulas de convivencia verosímiles, grados aceptables de equilibrio, disputas sobre la interpretación del pasado o constantes luchas por relaciones entre las partes que podrían ser más equitativas. La “unión nacional” es siempre un estadio provisorio de fuerzas, una manera de convencer al resto de que el trato obtenido, aunque sea injusto, es una ilusión viable a cambio de diferir una guerra. La historia la podrán escribir “los que ganan” pero no hay nación sin la memoria de los lastimados. Lo que quiso decir Cobos es que era posible dividir la institución gubernamental en nombre de no dividir más al país. Fórmula presuntamente pacifista pero engañosa.

El deber del Gobierno era y es llevar la disensión en ambientes de debate compartidos y con probados recursos resolutivos de índole democrática: el Parlamento, la argumentación en plaza pública, el movimiento de combate intelectual en la prensa y en la esfera pública en general. ¿Alguien puede asustarse de eso? Es el ágora nacional en torsión y movimiento. El deber del vicepresidente era el de no imaginar que seguiría siendo un hombre libre si se convertía en una pieza inesperada del vasto movimiento de contestación de las nuevas clases urbanas y rurales, con sus simbologías de vindicta renovadas. Ellas se hallan envueltas en una redefinición del país social, la más conservadora y beligerante de la que tenga memoria en por lo menos las última cinco décadas. Cobos viaja como Pipo Pescador en su automóvil. Pero ahora sí es un hombre prisionero.

No hace falta decir más. Cobos no pudo pensarse él mismo, no sabe lo fundamental de sí, aunque módicas astucias no le falten. Será olvidado o invitado todos los domingos a la televisión. Hablará del tránsito en la Fiesta de la Vendimia o de la vendimia de las almas en tránsito. Poco importa. Lo que ahora resultaría necesario es replantear con más agudeza la relación entre la justicia última sobre el producto que genera la nación con su trabajo y el modo en que se hacen políticos los hombres políticos. Se trata este último tema también de una cuestión de justicia. Pero de una justicia autorreflexiva. Acusar a los “ardorosos” y acudir diariamente a la palabra “crispación” se convirtió hace tiempo en la condena que señala a los hombres presuntamente peligrosos. A la inversa, ciertos personajes se tornan políticos para ofrecer intermediaciones a los núcleos clásicos de poder y describen su acción como una forma de atenuar el conflicto y “combatir a los confrontativos”. ¿Su modelo puede ser el sosegado Biolcati? ¡Como si estos inventados caballeros, en nombre de la astucia de la razón hubieran mandado a la lucha a las pobres pasiones de un Cobos, un Buzzi, un De Angeli!

Pero no es verdaderamente así. Hay astucia pero más pesaron los pensamientos velados. Permanentemente, en las ristras de escarnio y miasmas de opinión que continúan como detritus complementario los artículos de muchos diarios, la locura es una insinuación. Las terminologías insultantes flotan en el ambiente. Se atribuyen civilización y se conjuran contra la barbarie. Pueden prescindir de escritos magistrales y alojarse en una frase distraída del noticiero de la tarde o en el detritus del triste anónimo que así nomás la prensa publica so capa de “participación del lector”. Miles y miles fueron vicepresidentes y vicarios de estos lenguajes masivos que ofuscaron a la democracia política, social y económica que se insinúa.

En nombre de esas secretas deidades se pone en marcha la purificación de la política. Muchas veces subyace remotamente la pulcritud de la tríada “Dios, Patria, Hogar” en los temas aparentemente erráticos que se escuchan a diario, otras veces el mundo demasiado erizado obliga a invocar un refugio de rutina en la familia vista como desahogo de la impureza. Los lenguajes usados salen de vetustas sentinas. Por eso no se puede eliminar de la política la idea de traición. Es su manera esencial de ser inestable, su elogio del desvío final que se presentaría como un gesto de salvación. La traición no lo sería si el desvío lo anuncia un sacrificado con grandes argumentaciones, a veces con gestos últimos. Por eso, el honor, su contrario, puede llevar a otras soluciones en desuso, de la estirpe de un Lugones, un Vargas. Hay traiciones porque no puede ser el suicidio la base de lo político. Hay traiciones porque no puede la conciencia del político ser una pieza sin costuras sino un eslabón donde se expanden las luchas sociales. El concepto de traición es la efímera forma de convocar al ámbito común intransigente y justificar las propias desconfianzas.

Más allá de las interpretaciones en curso, las escenas finales del debate del jueves tuvieron una estatura dramática excepcional, que iban del rostro de Pichetto al farfullo de Cobos, del inútil pedido de cuarto intermedio a las frases terribles que se pronunciaron, del aire confesional de uno al recuerdo de sentencias de resonancia escalofriante del otro. Han retumbado en toda la república. Me permito opinar que no se puede dejar de pensar en ello, pero lo ocurrido –“hazlo ahora”– no debe ser motivo de dictamen sino de constricción, no de condena sino de lamento, no de denuncia sino de elipsis pudorosa. Hay que hacer más sensibles a las instituciones, descubrir lo que aún no sabemos, posibilitar que el denuesto que desearíamos lanzar quede retenido en el umbral interno de la conciencia y esmerar los argumentos de justicia pública, social, cotidiana y colectiva. Como dijo Simón Rodríguez, el gran maestro de Bolívar, o inventamos o erramos.

Movil Activismo: Frontline

Es una alegría ver que el camino iniciado en Greenpeace hace ya cuatros años es continuado con éxito en muchas organizaciones del mundo.

GreenSMS, la herramienta de envío masivo de SMS desarrollada para Greenpeace, por cuya utilización durante la campaña por la obtención de la Ley de Basura Cero en el 2005, fue premiada por Mobile Active es muy similar a este desarrollo posterior llamado Frontline SMS.

El desarrollador de este software, Ken Banks, cuenta en un artículo de la BBC que traduzco a continuación algunas de las utilizaciones que algunas organizaciones sociales hicieron de esta aplicación.

Para quienes quieren información más detallada con casos de organizaciones sociales que trabajan con telefonía celular en Latinoamérica, les recomiendo leer el informe “Telefonía Celular: El caso latinoaméricano” que realizamos con Eugenia Testa y Marcelo Iñarra.

FrontlineSMS (Por Ken Banks)

Los elefantes podrían no ser capaces de hacer llamadas telefónicas, pero eso no evita que usen móviles. Tampoco detiene a cocodrilos o focas. A partir de hoy, de Kenia a Sudáfrica, de Suecia a Grecia, los conservacionistas están utilizando las redes móviles para realizar el seguimiento de varias especies en peligro de extinción utilizando la tecnología GSM.

El avance de la tecnología móvil ha tocado casi todos los aspectos del mundo de las organizaciones sin fines de lucro, ya sea de las que trabajan en conservación de la vida silvestre o las que trabajan en salud humana, y esto sólo es el comienzo.

Es fácil olvidar cuán jóvenes la industria móvil realmente es. La verdadera belleza, por supuesto, es que pocas personas vieron venir este fenómeno.

Ya en 2003, mientras estaba investigando para una de las primeras publicaciones sobre el uso de teléfonos móviles internacionales en la conservación y el desarrollo, no hubo una gran cantidad de casos que no fueran anécdotas muy dispersas.

En aquel entonces, muchos creían que la gente en los países en desarrollo, especialmente los que viven con menos de un par de dólares al día, nunca podrían tener su propio teléfono. ¡Estaban muy equivocados!.

Hoy en día, en el África subsahariana, el 30% de la población posee un móvil, lo que equivale a más de 300 millones de personas.

Muchos más tienen acceso a estas tecnologías mediante celulares compartidos, a celulares comunitarios o a través de familiares y amigos.

Enlace directo

Este crecimiento explosivo es en gran parte a un vibrante mercado del reciclado y la llegada de teléfonos baratos (20 dls), pero es también en parte a los esfuerzos de sistemas avanzados de los fabricantes de móviles, algunos de los cuales gastan cantidades cada vez mayores de tiempo tratando de entender lo que las personas que viven en la llamada “parte inferior de la pirámide” pueden querer de un teléfono.

Móviles con linternas sólo son un ejemplo de productos que pueden surgir de estos nuevos diseños pensados tomando en cuenta las necesidades de estos nuevos usuarios.

En busca de resolver las necesidades de personas que carecen de cualquier tipo de iluminación fiable en sus hogares, algunos teléfonos se comercializan ahora con un fuerte énfasis en ellos “mucho más que un teléfono”. La innovación no sólo existe en el Oeste.

Los empresarios locales también están aprovechando la situación y están abriendo un negocio en cada lugar donde lo creen necesario – que es casi en todas partes – brindando el servicio de carga y reparación para ayudar a las personas mantener sus teléfonos en marcha y funcionando durante el mayor tiempo posible.

El resultado final de todo esta actividad -la del fabricante “formal” y las de estas enormes y populares empresas “informales” – es que un mayor número de teléfonos llegan cada día a más manos, y permanecen allí por más tiempo.

Los teléfonos móviles son hoy una línea de comunicación directa a los agricultores, médicos, pacientes, enfermeras, maestros y jóvenes, o cualquier otra persona que las organizaciones sin ánimo de lucro quieran invitar a participar de sus actividades.

Se trata de poder enviarle a los pacientes recordatorios para que tomen su medicina, o enviar a los agricultores los precios de mercado como referencia, o para que los ciudadanos puedan ayudar a supervisar las elecciones, o que los activistas puedan reportar violaciones de los derechos humanos.

La solución es el SMS

El potencial de los móviles en la conservación y el desarrollo de trabajo es enorme, y las pruebas de su uso van en aumento. Muchas organizaciones de base, sin embargo, todavía luchan para implantar con éxito en su trabajo estas nuevas tecnologías.

Un problema fundamental es que muchos de los celulares que circulan por el mercado del reciclado son generalmente viejos.

Gracias al ingenio y la eficiencia de muchos talleres de reparación de telefonía móvil, no es raro encontrar personas felices usando teléfonos de seis o siete años de antigüedad.

Pero proporcionar servicios de datos de cualquier tipo, generando una experiencia web de calidad para el usuario, es algo que no estos dispositivos no permiten.

La solución es a menudo el humilde mensaje de texto (SMS).

Pero en un mundo donde el teléfono móvil es promocionado como el dispositivo que ayudará a cerrar la brecha digital, la mensajería de texto no es necesariamente la solución que la gente tenía en mente.

Mientras que muchos desarrolladores se concentran en la creación de aplicaciones inteligentes para teléfonos inteligentes, las organizaciones de base se quedan que cuentan sólo con SMS a su disposición se quedan atrás en sus desarrollos.

Construir aplicaciones para un público limitado por su mezcla única de bienes culturales, y diferencias geográficas y económicas puede ser un verdadero reto, pero eso no significa que no debería tratar de lograrlo.

Durante los últimos tres años he estado trabajando en mi propia solución, y no es de extrañar que este basada en el mensaje de texto.

FrontlineSMS es un centro de mensajería que permite a organizaciones sin ánimo de lucro en los países en desarrollo gestionar grandes cantidades de dos vías de comunicación mediante un teléfono móvil adjunta a un ordenador portátil.

Cuando construí la primera versión en 2005, me sorprendí al encontrar que casi todos los servicios de envíos masivos de mensajes estaban basados en la web. Obtener una conexión en el borde del Parque Nacional Kruger, o en una remota aldea de Kenya, es todo un reto.

Hoy en día, FrontlineSMS se está utilizando por organizaciones sin ánimo de lucro de base en más de 40 países para una amplia gama de actividades. Por ejemplo, se utilizó en Nigeria para controlar las elecciones presidenciales en el 2007.

En Malaui, un estudiante de la Universidad de Stanford – armado con sólo 100 celulres de segunda mano y FrontlineSMS – está ayudando a un hospital rural a revolucionar la atención sanitaria para 250000 personas.

Ahí el software se utiliza para conectar San Gabriel’s Hospital en Namitete con 600 trabajadores sanitarios de la comunidad a más de 100 millas cuadradas (260 kilómetros cuadrados).

Por primera vez, los doctores que controlan a los enfermos locales pueden mensajera al hospital informando cómo los pacientes locales están reaccionando a las drogas contra la tuberculosis o el VIH.

A los voluntarios que hacen atención domiciliaria les envían SMS con los nombres de los pacientes que deben rastrearse, y su condición.

Los líderes del grupo de apoyo “Personas que Viven con el VIH y el SIDA” usan FrontlineSMS para coordinar el horario de las sesiones.

Los voluntarios pueden ser mensajeados antes que el hospital móvil y los equipos de inmunización lleguen a su aldea, a fin de que puedan movilizar a la comunidad.

En esencia, FrontlineSMS ha adoptado el nuevo papel de coordinación de una amplia red de salud comunitaria.

El SMS ha sido la sorpresa de la industria móvil, pero a pesar de su posición dominante, siguen teniendo evidentes limitaciones.

Si bien existen mejores y más inteligentes tecnologías a la vuelta de la esquina, pero para muchas organizaciones que buscan ayudar a las personas, el SMS sigue siendo una muy pertinente y poderosa herramienta.

Los teléfonos móviles aún se nos pueden presentar con la mejor oportunidad de salvar la brecha digital, pero no debemos perder de vista el panorama más amplio y debemos recordar siempre que la tecnología viene siempre en último lugar.



"Una vuelta por Grondonalandia" por Víctor Hugo Morales

LA REALIDAD ES QUE MÁS ALLÁ DE CONSEGUIR TRABAJOS MUY BIEN PAGADOS PARA ALGUNOS INÚTILES QUE LE SON FIELES, EN LA FIFA GRONDONA ES UNA SILLA QUE ALGUIEN DEBE OCUPAR.
El círculo de aduladores del jefe de la AFA suele defenderlo con el argumento de que si no fuera por él, el fútbol argentino no tendría peso en la FIFA. Lo dicen en los discursos, cuando lo señalan con el brazo extendido como alguien que diserta ante una estatua que se va a descubrir al público presente. “Gracias a Dios tenemos a este hombre para que nos defienda”.

Y miran desafiantes cual guapo que relojea a su entorno después de amenazar con el facón que brilla en la penumbra de un boliche. Se la juegan por Grondona.

Cuando a Boca le roban al juvenil Sebastián Nayar, lo justifican. “Qué puede hacer él, si sólo es uno de los ocho vicepresidentes de la FIFA”, dicen. El pobre Grondona resulta que no es tan poderoso. Eso funciona hacia adentro, para el consumo interno, cuando alguien de la política husmea en la estafa de la televisión, o la violencia le pone al fútbol una espada como la de Damócles. Entonces sí, cuidadito con tocarlo a Grondona.

La realidad es que más allá de conseguir trabajos muy bien pagados para algunos inútiles que le son fieles, en la FIFA Grondona es una silla que alguien debe ocupar. Un puntero político eficaz en América del Sur. Un señor que firma papeles escritos en inglés sin entenderlos para mantener la formalidad de un organismo que debe integrarse con representantes de todo el mundo.

Si se busca la ficha de Grondona en la FIFA, aparece como “hombre de negocios”. Será por eso que la misma televisión que les roba a los clubes argentinos desde hace años, consigue la venta directa de los mundiales. Blatter es un hombre agradecido y la ponchada de votos que Grondona ha conseguido tiene su precio. Otro logro es el tema de los boletos para los partidos de los mundiales. Eso lo maneja él para la Argentina. Y la hace bien Grondona: en vez de imitar al inescrupuloso vicepresidente Jack Warner de Trinidad y Tobago que quiso venderlas en su propia agencia de viajes, Grondona se permite ser generoso con los amigos de siempre y simplemente se las da. Un hombre de negocios, que ni siquiera los hace para él, puede decir, y dice. Ahora se presentaron los espinosos asuntos de Oscar Ahumada y de Martín Bravo, algo que puede tener una continuidad muy peligrosa para los exhaustos clubes profesionales. Se abre una puerta para que muchos contratos abusivos sean ignorados por los jugadores. A la venta de decenas de futbolistas por temporada, se le suma el riesgo de perderlos sin obtener nada por esas transferencias. A Nayar, una promesa de Boca, le pagaban tres mil pesos por mes. Vino un clubeito de España y se lo llevó con la naturalidad con la que los emisarios hicieron compras en el free shop del aeropuerto. Grondona sabe que Boca podría tener contratos menos leoninos con los que son parte de su futuro, si la televisión no pagase la décima parte de lo que vale el fútbol. (¡La tele sí que sabe lo que es quedarse con las retenciones!).

¿Qué hace el buen hombre? Envía un telegrama a la Federación Española donde un empleado toma el papel y lo estruja en una sola mano y mete un triple en la papelera mas alejada.

Hablando en una radio del establishment que lo protege, Grondona -frente a los casos de Ahumada y Bravo-, clama con la energía de un astrólogo que anuncia el fin del mundo, que habló a la FIFA: “Espérenme que voy para allá -‘allá’ es Beijing- y no tomen ninguna medida hasta que yo llegué”. Mala suerte. Un rato después, la voz de Blatter anuncia con marcado acento marxista que está a favor de los jugadores y en contra de esta “esclavitud moderna” a la que los clubes quieren someterlos. Tarde pió Grondona. Piensa también darse una vueltita por Agremiados, apunta conciliador, como un padre que resuelve en familia a dónde ir de vacaciones. ¡Lo que faltaría! Que Agremiados se ponga en contra de sus propios asociados. Pero es el único lance que le queda. Es capaz hasta de ir a la sede de los futbolistas, en lugar de citarlos a su propio escritorio de la AFA. Si los hace sentir importantes, por ahí los ensarta. Cuando más podría demostrar que para algo le sirven al fútbol argentino sus años de FIFA, Grondona tropieza ante un nuevo orden y se expone a exhibirse más inútil que nunca.

“Allá”, le van a traducir lo que dijo Blatter y a qué se está jugando hoy en día. Le servirán unas masitas, le pondrán un vaso en la mano y le harán entender al vicepresidente del mundo cómo viene la mano. Mientras, los clubes hacen lo que pueden vendiendo jugadores hasta en ramilletes, despojándose de lo poco que tienen. La Justicia investiga pases truchos y la nota más positiva es una tregua que se darían las barras bravas. Grondonalandia a pleno funciona lo más bien. La B Nacional de Primera está por iniciarse. De lo que roba la tele oficial del fútbol, ya ni se habla. Sus medios entrevistan y defienden a Don Julio. Algunas veces los jugadores cobran sus salarios. Y a veces se cansan y se van. Y todo pasa.