Beatriz Sarlo: Entrevista

Ceba mate, la crítica Beatriz Sarlo. Ceba mate en su lugar de trabajo: un departamento austero, despejado, puro libro, milagrosamente silencioso en pleno Centro.

Formadora de docentes y críticos desde su lugar de profesora de literatura argentina en la UBA, investigadora del pasado y del presente de esas letras, analista cultural, Sarlo es una de las críticas más respetadas del país y también una de las más conocidas: además de una columna en la revista “Viva” suele sacar artículos en los medios masivos y en “Punto de vista”, la revista que dirige. Justamente, “Escritos sobre literatura argentina”, su último libro, es una recopilación de artículos publicados a partir de 1981.

— ¿Por qué armar un libro con artículos pedidos por otro, con tiempos y espacios acotados?

Me gustan particularmente los textos publicados en los diarios. Mi idea es que se puede hacer una crítica en el espacio periodístico que no se proponga ser fácil. Uno de los últimos textos que escribí sobre Borges lo escribí para la revista Ñ y es un análisis de un cuento en el que opero como si escribiera para lectores especializados.

Un increíble sol pega sobre la ordenada biblioteca: de un lado, ficción argentina del siglo XX. Del otro, teoría. En otra biblioteca, ficción de mujeres. “Si no las separara, no las vería. En poesía seguro que hay mujeres en primera fila, como Juana Bignozzi o Diana Bellessi. Pero en ficción tengo más dudas. Las separo para no olvidarme; si no lo hiciera, no las vería”.

— ¿Alguna vez escribió ficción?

—No, nunca escribí ficción ni creo que vaya a hacerlo, por lo menos en términos literarios. He participado en proyectos que tenían que ver con cine, con teatro. Pero literatura no voy a hacer. Ya pasé demasiado tiempo con la crítica como para hacer una exposición de ese tipo.
— ¿Por qué?

No debo tener talento para eso.

—Tampoco deseo…

De nuevo: una vez que pasás demasiados años constituyéndote como crítica, el deseo viene a estar muy acotado por las previsiones, por no hacer lo que hizo éste o no escribir de tal modo y entonces ya el deseo está completamente gobernado por la prohibición. O sea que no.

— ¿El crítico es censor del escritor?

No. Hay escritores que son excelentes críticos, como Ricardo Piglia o César Aira. La crítica que a mí me gustaría ser es aquella que se da cuenta de cómo están hechas las cosas y puede contárselo a los demás.
En la práctica, la crítica que Beatriz Sarlo es está a favor de tener “una opinión fuerte”. Y en este libro aparecen sus opiniones, en algunos casos con una agresividad que no está de moda. Como cuando escribe sobre la novela Kerés cojer? de Alejandro López. Y dice cosas como: “Si Puig era el pop, López es la televisión de estos años: programas donde todos son más estúpidos de lo necesario”.

—Últimamente no se ve mucha crítica que critique…

Cuesta criticar y uno de los motivos es que falta una diferenciación entre géneros diversos. Hay géneros que no son géneros literarios sino editoriales. Uno es el género histórico: una editorial convoca a un escritor y le dice: “Bueno, están estos documentos de la segunda amante de no sé qué jefe de la independencia”. Y sobre esto se arma una novela. No es un género literario porque tiene el mercado como primer interlocutor. Aunque con estos géneros también se cometan equivocaciones: la gente se puede aburrir de leer novelas de las segundas amantes de los coroneles de la independencia. Y habrá que pasar a otra cosa.

— ¿Otro “género editorial”?

Son las novelas con fondo de no ficción. Se hace una investigación como se haría para un libro periodístico y se le pone una tenue ficción. Y cuentan el mundo de las azafatas, de los bancos, del poder… es el best seller clásico que los norteamericanos vienen haciendo desde la década del 50.

Por supuesto, hay grandes nombres en la biblioteca de Beatriz Sarlo. Pero no solamente. También hay libros de escritores jóvenes, publicados por pequeñas editoriales. “Los novelistas argentinos hoy salen de la universidad”, diagnostica.
“Pienso en Martín Kohan, en Daniel Link, en Damián Tabarovsky, en Juan Terranova, en Sergio Chejfec, en Alan Pauls. Uno ve la destreza con la cual se escribe ficción hoy y se da cuenta de que ese escritor no va a cometer equivocaciones banales, esa destreza tiene que ver con una formación sólida en literatura.”

— ¿Y eso no nos llevará a una literatura “entre nos”?

Yo no diría eso. Diría que se ve la incidencia de las credenciales universitarias en campos donde antes no sabíamos que la tenían. La novela puede no ser interesante, pero no se cometen errores de procedimiento.

—Puede no pasar nada…

O que haya muy buenas novelas de gente muy joven que se entrenó desde los 18 años.

La enumeración de jóvenes es larga. Sarlo habla de Romina Paula (1979), autora de ¿Vos me querés a mí?. De Gonzalo Castro (1972), autor de Hidrografía doméstica. Y de Iosi Havilio (1974), autor de Opendoor. “Ahí está lo que va a ser la literatura en los próximos 10 años. Novelas que son el registro de la cotidianeidad. O novelas que están muy sensibilizadas hacia las formas textuales de las nuevas tecnologías, como el chat”.

— ¿Eso qué produce?

Antes la novela estuvo sensibilizada hacia el folletín o el periodismo. A comienzos del siglo XXI, la novela encuentra en cierta tecnología —básicamente de Internet, como el blog y el chat— un tipo de discursividad que no estaba en la ficción.

—Pero la novela sigue siendo sobre papel y continua.

Pero puede comenzar en un blog. De todos modos, no le anuncio ninguna catástrofe a la novela sobre papel. El libro como destino último del texto, tecnológicamente todavía es imbatible.

— ¿Todavía la sorprende un libro?

¡Sí! Vivo pensando que mañana va a aparecer el libro que me va a capturar absolutamente. Mantener una relación activa con la literatura que se está produciendo es la única manera de mantener una relación activa con la literatura del pasado.

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