¿Hubo un escape en Atucha I? (del newsletter Ambiente y Medio de Sergio Federovisky)


Pésima noticia para el gobierno, no sólo porque en sí mismo es malo que se produzca un incidente en una central atómica. También se convierte en peor noticia al conocerse semejante situación en medio del esfuerzo oficial por ofrecer a la energía nuclear como opción válida para salir en el futuro de la crisis de generación de electricidad que tiene el país.

Justamente, hace apenas dos semanas, y sin que nadie se sonrojara de anunciarlo en el mismo año en que se cumplen dos décadas de la catástrofe de Chernobyl, el gobierno informó del lanzamiento de un nuevo plan nuclear o del relanzamiento del histórico, que naufragó en la incompetencia, la corrupción y la mala imagen que tiene esta opción energética. Algunos dicen que el gobierno escucha demasiado a Aldo Ferrer, un adalid de un desarrollismo sesentista que hoy se revela negador de la globalización, ingenuo e inoperante. Días atrás, Ferrer decía que no había crisis energética y que se solucionarían los problemas coyunturales con la incorporación de más centrales nucleares (la finalización de Atucha II, monumento a la corrupción atómica), el alza de la cota de Yacyretá y más centrales de ciclo combinado a combustible fósil, es decir todas opciones que eran válidas hace cuarenta años porque suponían independencia tecnológica pero que hoy son desaconsejadas –ambiental y económicamente- por todos los organismos internacionales.

En ese contexto, aparece la información preocupante. Primero, que Atucha I había salido de servicio, lo que implicaba una baja del 3 por ciento de la generación de energía eléctrica, cosa de por sí inquietante a poco tiempo del verano y con las versiones de crisis energética circulando por doquier. Como si se tratara de un secreto militar –o quizás como resabio de esa cualidad inédita e incalificable de la energía atómica en la Argentina- se mantuvo en secreto durante días la salida de servicio de Atucha I y cuando se conoció casi ningún diario, los mismos que días antes se preguntaban por la crisis energética, se atrevió a publicarlo claramente.

Luego, circuló fuertemente la versión de que el desperfecto que finalmente condujo a la detención y salida de servicio de la central atómica fue producto de la vetustez de la planta y significó una pérdida de material radiactivo. Un escape pequeño pero escape al fin.

La empresa Nucleoeléctrica Argentina S.A. (de sigla pomposamente igual a la NASA) le habría ocultado al ministro de Planificación Julio De Vido el desperfecto durante el martes pasado. El problema, según lo que la empresa Nucleoeléctrica Argentina habría admitido finalmente, habría sido causado por micro escapes en los dispensores de temperatura por falta de mantenimiento.

Una fuente vinculada a la energía atómica, insospechada de ser antinuclear o militante de Greenpeace, le dijo al autor de este informe que sin ninguna duda el desperfecto se produjo en cañerías que llevan treinta años de uso, el tiempo aproximado a la vida útil de la central. Indudablemente, ni el gobierno ni los ingenieros de la Comisión Nacional de Energía Atómica admitirán que la situación encarna un riesgo de desastre nuclear ni mucho menos. Para ellos, desde la mirada de que una central nuclear es algo similar a una usina térmica, que sólo puede observarse como un ámbito de producción de electricidad, es apenas un desperfecto que habrá que reparar.

Sin embargo, cabría preguntarse si los 500 millones de dólares que el gobierno acaba de destinar a la NASA están bien invertidos. Y si corresponde proponerse la culminación de Atucha II (con un costo total de 4000 millones de dólares) y la construcción de una cuarta central atómica en un país que no puede garantizar el funcionamiento de la actual.

Recordemos en ese sentido lo ocurrido en la Central nuclear de Embalse en Córdoba, según los documentos de la Fundación de Defensa del Ambiente: “La central nuclear de Embalse (Córdoba), provista con un reactor canadiense Candú, estuvo cerca de tener un gravísimo accidente al comenzar sus operaciones en junio de 1983. En septiembre de 1989 sufrió una pérdida de agua pesada al lago de Embalse. En diciembre de 1989 dejó de funcionar por problemas en sus válvulas. En diciembre de 1995 registró daños en tubos de presión y pérdida de agua pesada. La central alcanzó un accidente grado 2 en la escala del INES. Además, en octubre de 2003 Embalse tuvo un problema en uno de los generadores de vapor y se produjo fuga de agua pesada al lago de Embalse”.

¿Tiene sentido?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *