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feb
28

Greenpeace Argentina busca un "Asistente de Campañas"

Por Hernan  //  Uncategorized  //  Comentar

Greenpeace Argentina busca un/a activista joven, emprendedor/a, creativo/a, con espíritu de sacrificio y muchas ganas de aprender sobre nuestras campañas.

Es necesario contar con muy buen inglés y disponibilidad para viajar por períodos cortos.Trabajará a tiempo completo dentro de nuestros equipos de campaña integrando un equipo con el Coordinador de Campaña y deberá resolver con autonomía actividades que se le deleguen.

Participará activamente de las discusiones sobre estrategias de las campañas de Greenpeace Argentina y aportar propuestas y conocimiento para el desarrollo de las mismas.

Enviar curriculums a jvillalo@ar.greenpeace.org hasta el 31/3/05.

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feb
24

Inspiraciones y Dudas

Por Hernan  //  Uncategorized  //  5 Comentarios

Uno se motiva y se deja llevar.
Al rato, duda y vuelve a sus ideas originales, que a cierta altura ya no se sabe cual son.
Encontrar el equilibrio, siempre es el ideal, pero a tipos como yo, les resulta casi imposibles.
La Pasión con la vida, el extremismo de mis sentimientos y la radicalidad de mis actos.
Sé que debería ponerle más frenos, pero no se puede ir contra la esencia. Cosas del Escorpión, ¿vió?

La libertad y el compromiso.
Parecen Opuestos.

Disfrutar las presencias.
Estar.
Reconocerse en las letras y en las miradas.

Placer.
Temor.
Besos.

Esperas.
Aguantar el verse para disfrutar el reencuentro.

Volar, despegarse y volar.

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feb
23

Recuperar mi humanidad

Por Hernan  //  Uncategorized  //  Comentar

Recuperar mi humanidad
Camilo Mejía


Fui enviado a Irak en abril de 2003 y en octubre regresé a Estados Unidos con licencia por dos semanas. Retornar a casa me dio la oportunidad de poner mis pensamientos en orden y escuchar lo que mi conciencia me decía. La gente me preguntaba por mis experiencias de la guerra y al responder volvía a vivir todos los horrores: los tiroteos, las emboscadas, la vez que vi cómo arrastraban por los hombros a un joven iraquí sobre un charco de su propia sangre o cuando el fuego de nuestras ametralladoras le arrancó la cabeza a un inocente.

La vez que presencié el derrumbe emocional de un soldado porque había matado a un niño, o cuando un anciano cayó de rodillas y gritaba levantando los brazos al cielo, como preguntando a Dios por qué nos habíamos llevado el cuerpo sin vida de su hijo.

Pensé en el sufrimiento de un pueblo cuya patria estaba en ruinas y encima era sometido a nuevas humillaciones por los allanamientos, las patrullas y los toques de queda de un ejército de ocupación.

Y caí en cuenta de que ninguna de las razones que nos dieron para estar en Irak era cierta. No había armas de destrucción masiva. No había vínculo entre Saddam Hussein y Al Qaeda. No ayudábamos al pueblo iraquí y ese pueblo no nos quiere tener allá.

No prevenimos el terrorismo ni hacemos más seguro a nuestro país. No pude encontrar una sola razón para haber estado allá, disparando contra personas y siendo blanco de disparos.

Venir a casa me dio claridad para ver la línea entre el deber militar y la obligación moral. Me di cuenta de que formaba parte de una guerra que me parecía inmoral y criminal, una guerra de agresión, una guerra de dominación imperial. Me di cuenta de que actuar según mis principios resultaba incompatible con mi función en el ejército, y concluí que no podía volver a Irak.

Al deponer mi arma escogí reafirmarme como ser humano. No he desertado del ejército ni he sido desleal a los hombres y mujeres del ejército. No he sido desleal a una patria. Solamente he sido leal a mis principios.

Cuando me entregué, con todos mis temores y dudas, no lo hice únicamente por mí. Lo hice por el pueblo de Irak, incluso por los iraquíes que me dispararon: ellos sólo estaban del otro lado de un campo de batalla en el que la guerra misma es el único enemigo. Lo hice por los niños de Irak, que son víctimas de las minas y del uranio empobrecido. Lo hice por los millares de civiles desconocidos
que han muerto en la guerra. El tiempo que dure en prisión es un precio pequeño comparado con el que iraquíes y estadunidenses han pagado con su vida. Un precio pequeño comparado con el que la humanidad ha pagado por la guerra.

Muchos me han llamado cobarde, otros me dicen héroe. Creo que se me puede encontrar en algún punto medio. A quienes me han dicho héroe les digo que no creo en los héroes, pero sí creo que personas ordinarias pueden hacer cosas extraordinarias.

A quienes me llaman cobarde les digo que se equivocan y que, sin saberlo, también tienen razón. Se equivocan en creer que dejé la guerra por miedo de que me mataran. Reconozco que había miedo, pero también estaba el temor de matar inocentes, de colocarme en posición de tener que matar para sobrevivir, de perder mi alma en el proceso de salvar mi cuerpo, de perderme para mi hija, para la gente que me ama, para el hombre que antes fui, el hombre que quiero ser.

Tenía miedo de despertar una mañana y darme cuenta de que mi humanidad me
había abandonado.
Digo sin ningún orgullo que desempeñé mi cometido como soldado.
Mandé un batallón de infantería en combate y nunca dejamos de cumplir nuestra misión. Pero quienes me llaman cobarde, sin saberlo, también tienen razón. Fui cobarde no por dejar la guerra, sino por haber sido parte de ella en un principio. Oponerme a la guerra y resistirla era mi deber moral, un deber que me llamaba a realizar una acción basada en principios.

En vez de mi deber moral como ser humano opté por cumplir mi deber de soldado. Todo porque tuve miedo. Estaba aterrado: no quería enfrentar al gobierno y al ejército, temía el castigo y la humillación. Fui a la guerra porque en ese momento era un cobarde, y por eso pido perdón a mis soldados, por no
ser líder en lo que debí serlo.

También pido perdón al pueblo iraquí. A él le digo que lamento los toques de queda, los allanamientos, las matanzas. Ojalá encuentren en sus corazones ese perdón para mí.

Una de las razones por las que no me opuse a la guerra en un principio fue porque tenía miedo de perder mi libertad. Hoy, sentado tras barrotes, me doy cuenta de que existen distintos tipos de libertad, y que pese a mi confinamiento sigo libre en muchas formas importantes. ¿De qué sirve la libertad si tenemos miedo de seguir los dictados de nuestra conciencia? ¿De qué sirve si no somos
capaces de vivir con nuestros actos? Estoy confinado a una prisión, pero me siento más conectado que nunca con toda la humanidad. Detrás de estos barrotes soy un hombre libre porque escuché a un poder superior, la voz de mi conciencia.

Mientras estaba confinado en aislamiento total, me encontré un poema de un hombre que rechazó y se resistió al gobierno de la Alemania nazi. Por ello fue ejecutado. Se llamaba Alfred Hanshofer y escribió este poema mientras aguardaba la ejecución.

Culpa
La carga de mi culpa ante la ley
es ligera sobre mis hombros; conspirar
era mi deber para con el pueblo:
de no ser así habría sido un criminal.
Soy culpable, pero no en la forma que creen.
Debí haber cumplido mi deber antes, hice mal;
debí llamar al mal por su nombre,
vacilé demasiado tiempo en condenarlo.
Ahora me acuso con el corazón:
he traicionado mi conciencia demasiado tiempo,
me engañé a mí mismo y a mi prójimo.
Desde el principio supe el camino que seguía el mal,
¡mi advertencia no fue lo bastante fuerte y clara!
Hoy sé de qué fui culpable…

A quienes aún están callados, a quienes persisten en traicionar su conciencia, a quienes no llaman con claridad al mal por su nombre, a quienes no hacemos aún lo suficiente para rechazar y resistir, les digo “den un paso al frente”, les digo “liberen su mente”. Liberemos colectivamente nuestra mente, ablandemos nuestro corazón, confortemos a los heridos, depongamos las armas, y reafirmémonos como seres humanos poniendo fin a la guerra.

Camilo Mejía es hijo del legendario compositor sandinista nicaragüense Carlos Mejía Godoy (ver entrevista en Masiosare, 9/05/2004), pasó más de siete años en el ejército y ocho meses combatiendo en Irak. Durante una licencia militar solicitó estatus de objetor de conciencia y fue declarado prisionero de conciencia
por Amnistía Internacional. El ejército estadunidense lo condenó a prisión por negarse a regresar a la guerra en Irak. El pasado 15 de febrero fue puesto en libertad.

© 2005 por TruthOut.org

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feb
21

Madamme Ivonne

Por Hernan  //  Uncategorized  //  3 Comentarios

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Eduardo Gregorio
Año: 1937

Mademoiselle, Ivonne era una pebeta
en el barrio posta del viejo Montmartre.
Con su pinta brava de alegre griseta
animó las fiestas de Les Quatre Arts.
Era la papusa del Barrio Latino
que supo a los puntos del verso inspirar,
pero fue que en un día llegó un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como un sino;
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve,
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Madmoiselle Ivonne hoy es sólo “Madame”,
la que al ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán…
Ya no es la papusa del Barrio Latino;
ya no es la mistonga florcita de lis…
Ya nada le queda de aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París.

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