Subte D

Por Sandra Russo

Subte D, viernes, ocho de la noche. No mucha gente. Ya pasó la hora pico. Todos los asientos están ocupados, pero no son tantos los que van parados. Entre ellos hay un pequeño grupo de turistas norteamericanos muy jóvenes, cuatro o cinco. Hablan muy fuerte su lenguaje gomoso que parece extraído de HBO.

En la estación Tribunales suben tres nenas pobres y desarregladas, aunque a ninguna de las tres les faltan sus trenzas. ¿Qué querrá decir una trenza en la cabeza de una nena pobre? ¿Qué mano y con qué propósito la habrá hecho? ¿A qué hora? ¿Habrá, esa mano, acariciado esa cabeza después de terminar de hacer la trenza? Dejan este tipo de dudas estas nenas. Una de ellas empieza a cantar una canción de Ricky Martin. Canta muy mal, pero su voz aflautada llena el vagón y, apenas termina, comienza su recorrido para recolectar monedas.

Las otras dos nenas la siguen, como excéntricos guardaespaldas. La nena estira la mano ante un oficinista con cara de agotado. El mete la mano en el bolsillo y extiende cincuenta centavos. La nena agarra la moneda, pero en lugar de embolsarla y seguir su recorrido, agarra también la mano del oficinista, que se pone ligeramente en guardia. La nena se estira hacia la mejilla de él. Estampa un beso ahí. El oficinista sonríe. Dice: “De nada”, porque la nena después del beso le dijo: “Gracias”. La nena sigue el recorrido en la misma fila de asientos. Todos los pasajeros dan monedas y con todos se repite el rito. Gracias, de nada, beso.

“Increíble”, dice uno de los norteamericanos. No les resulta increíble la pobreza, ni la mendicidad infantil, sino el contacto físico al que ninguno de los pasajeros de ese asiento se ha resistido. Les resulta increíble que mejillas oficinistas, tribunalicias o universitarias –ya vamos por la estación Facultad de Medicina– se ofrenden para esa ceremonia que, a juzgar por las caras de todos, les resulta, se diría, hasta reconfortante.

“¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”, le dice Caín a Dios. El filósofo Emmanuel Lévinas, en Filosofía, justicia y amor, analiza esa frase. “No hemos de interpretar la respuesta de Caín como si él se burlase de Dios, o como si respondiese como un niño: ‘No he sido yo, ha sido otro’. La respuesta de Caín es sincera. En su respuesta falta únicamente lo ético; sólo hay ontología: yo soy yo y él es él. Somos seres ontológicamante separados.”

El sociólogo Zygmunt Bauman, en Etica posmoderna, toma a Lévinas para explicar cuáles son los supuestos que tras la caída de la modernidad unen a las personas, y cuáles son los lazos ante los que presuponemos debe emerger cierto tipo de responsabilidad. La nena es la nena, el oficinista es el oficinista. Ontología pura. “¿Dónde está tu hermano?”, le preguntó Dios a Caín. “¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”, es una respuesta que no da cuenta de ningún lazo, de ningún contrato, de ninguna responsabilidad. Dice Bauman: “La filosofía es una ética… la ética es antes que la ontología… la relación moral es antes que el ser”. La ética, en otras palabras, implica “descomponer identidades”, implica que Caín sea menos Caín, no tan Caín. La ética implica superar el ser hasta llegar a un mejor ser: la ética, en fin, implica sentir cierta responsabilidad por el prójimo, implica emparentarse incluso con una nena pobre que canta una canción de Ricky Martin en el subte.

La responsabilidad hacia el otro es, de acuerdo con estos filósofos de la ética, no el producto de un compromiso ni de una decisión personal sino más bien una convicción y una disposición al acto que nos viene de lo más profundo de esa identidad que se descompone. Se descompone el individuo para dejar aflorar lazos entre individuos. “La responsabilidad ilimitada en la que me encuentro proviene del otro lado de mi libertad”, dice Lévinas.

Los filósofos hablan difícil. Creo entender, esta noche en el subte, que la mejilla del oficinista puesta en contacto directo con la mejilla de la nena pobre dice algo sobre la parte blanda de la condición humana. La piel tempranamente áspera de la cara de la nena ha encontrado en el roce rápido contra la mejilla del oficinista un eco perdido de una respuesta que no es la de Caín sino la de alguien que de alguna manera vaga y misteriosa se siente responsable de su hermano.

JESÚS CONTRA EL IMPERIO ROMANO

El anuncio de Jesús sobre la inminencia del Reino de Dios debía necesariamente chocar con el reino establecido y dominante, el imperio romano. Este enfrentamiento queda, en los evangelios, en las sombras. Una primera lectura nos pone siempre en el enfrentamiento que Jesús tiene con el templo, con los escribas, con los fariseos, con los sacerdotes y los herodianos Incluso, en las narraciones sobre la pasión y muerte de Jesús da la impresión de que el imperio es exculpado pues Pilato intenta inútilmente dejarlo libre.

Jesús frente a Poncio Pilatos
Jesús frente a Poncio Pilatos

Es, por otra parte, evidente que esta narración no puede responder a la realidad histórica. No es concebible que un funcionario de la burocracia imperial como Pilato —el que, por otras fuentes lo sabemos, además era cruel— se preocupe por la suerte de un campesino galileo que anda agitando a los marginados de una oscura región. Leyendo a Marcos creemos descubrir la línea antiimperial que, no dudamos, debe de haber sido la de Jesús. Trataré de mostrarla en los pasajes más significativos.

Las buenas noticias vienen del campesino Jesús

Marcos comienza su narración de la siguiente manera: “Principio del evangelio de Jesu-Cristo”. “Evangelio”, como se sabe, del griego eu-angélion, significa buena nueva, buena noticia, buen mensaje. Marcos no inventa el término, sino que le da un significado específico y, precisamente, antiimperial.

Efectivamente, evangelio era “término técnico para las novedades de victoria”, o sea, para el anuncio de las nuevas victorias de las tropas imperiales romanas. “(La deificación del emperador) da a evangelion su significación y poder, porque el emperador es más que un hombre común, sus ordenanzas son mensajes de espada y sus órdenes son escritos sagrados. Él proclama evangelia mediante su aparición… el primer evangelium es la noticia de su nacimiento” (Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, 2:724).

De modo que el evangelio se encuentra en el centro de la política imperial. Las buenas noticias eran tanto la noticia del nacimiento de un nuevo emperador como de las victorias que las tropas imperiales habían obtenido sobre el enemigo. Formaba parte de la ideología imperial.

Teniendo esto en cuenta, que un escritor en el año 71 de nuestra era se atreva a denominar evangelio al mensaje transmitido por un campesino marginado en su propia sociedad que era, a la vez, una oscura y pequeña región dominada por el imperio era absolutamente subversivo. Las buenas noticias sólo las podía dar el poder, el máximo poder que se encontraba en Roma.

Además de subversiva esta proclamación era absurda. Bien lo expresaría Natanael, según nos relata Juan: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Era una concepción muy expandida, perteneciente a la ideología del dominador y devenida “sentido común de los dominados”. Nada bueno puede salir de los pobres, de los marginados, de las regiones marginadas.

Las buenas noticias no provienen de arriba sino de abajo, no del poder imperial sino de los marginados por ese poder. Proviene de los márgenes del imperio, de la pequeña Palestina, de los márgenes de palestina, de la oscura Galilea, de los márgenes de Galilea, del desierto y de los campos.

Jesús no puede entrar en las ciudades. Sólo entró en dos, en Cafarnaúm, al principio, y en Jerusalén, al final, donde lo aprehenden y asesinan. Desde abajo, desde el no-poder que, vamos a ver, genera un nuevo poder, un poder de liberación como servicio, es desde donde se anuncia el evangelio, la buena noticia. El primer y principal enemigo del Reino de Dios denunciado por Marcos es el imperio romano.

El imperio es el enemigo principal

 

Después de narrar una serie de escenas en las cuales Jesús va mostrando su mensaje liberador, al mismo tiempo que enfrenta a los enemigos internos del evangelio, Marcos nos presenta al enemigo principal. Lo hace en forma quiásmica:

A) “Y viene a casa: Y se aglomera otra vez la multitud, de suerte que no podían ni siquiera comer pan. Al enterarse los de su casa salieron a apoderarse de él, pues decían: “está loco” (fuera de sí).

B) “Los escribas, que habían bajado de Jerusalén, decían: ´Tiene a Belezebul´ y también: ´Por el príncipe de los demonios echa afuera a los demonios´”.

C) “Llamándoles la atención con parábolas (Jesús) les decía: ´¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, no puede subsistir. Si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir y llega a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear sus bienes, si primero no ata al fuerte”.

D) “En verdad les digo que todo se perdonará a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por más que blasfemen, pero cualquiera que blasfeme contra el espíritu santo, no tiene perdón por los siglos, sino que es reo de eterno pecado. Porque decían: ´Tiene espíritu impuro´”.

E) “Vienen su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, le mandaron a llamar. El pueblo estaba sentado a su alrededor y le dicen: ´Allí están tu madre y tus hermanos afuera y te buscan´. Respondiendo, les dice: ´¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, dice: ´¡Aquí están mi madre y mis hermanos!. Pues cualquiera que haga la voluntad de Dios, éste es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mc 3, 20-35).

Se sabe que el quiasmo dispone las partes del discurso de tal manera que el mensaje central quede en el centro. El texto presenta una cierta síntesis de los enemigos del Reino. De los menos peligrosos a los más peligrosos. Primero los parientes, luego los escribas y finalmente, en el centro, el fuerte –isjyrós-.

En la interpretación de este texto generalmente se ha pasado por alto, o se ha minimizado, la enemistad de los parientes de Jesús, entre los cuales se encuentra su madre. Es absolutamente comprensible que tanto María como sus hermanos se preocuparan por el rumbo que tomaba la práctica de Jesús, enfrentado ya con todos los poderes de la sociedad.

La enemistad de los escribas es conocida; si bien, como se sabe, en el evangelio se refleja más el enfrentamiento entre los escribas y la comunidad de Marcos que entre los escribas y Jesús, pero no se puede negar que un mensaje como el de Jesús debía encontrar oposición en un cuerpo de escribas que ostentaban el poder que daba el saber en una sociedad analfabeta.

Pero hay dos temas que la interpretación generalizada no ha visto correctamente. Me refiero a los temas del fuerte y los pecados y blasfemias contra el espíritu que no tienen perdón por los siglos. Ambos están unidos.

Se trata de los enemigos del Reino. El enemigo principal, el más peligroso y temido es, naturalmente, el que se encuentra en el centro del quiasmo, es decir, el fuerte. ¿Quién es este fuerte? No puede ser sino aquél contra el cual se anuncia el eu-angélion, es decir, el imperio romano. Éste es el fuerte, el poderoso, el opresor cuya casa debe ser “saqueada”. El verbo utilizado diarpádsein significa precisamente saquear, devastar, robar, desgarrar.

Se trata de entrar en su casa y saquearla. Pero ello es imposible si primero no amarra al fuerte. La figura utilizada es la de un hombre fuerte, poderoso en su casa. Es necesario amarrar al hombre fuerte y luego saquear la casa. Es evidente que para amarrarla se requerirá toda una estrategia. Es la que Jesús está elaborando, es lo que está proponiendo.

 

Pero resulta que esa tarea se encuentra obstaculizada, entre otros, por los escribas que esgrimen argumentos teológicos. Citan a Beelzebul, con quien Jesús habría hecho un trato. Demonizar de esta manera los anuncios del Reino y las prácticas de liberación que a él conducen es una malicia imperdonable. Se utilizan argumentos religiosos, teológicos en contra de la obra liberadora.

Es el pecado teológico, el de utilizar malignamente la teología para oprimir, para esclavizar, para dominar, para desacreditar a quienes trabajan por el Reino que no tiene perdón por los siglos. Es ese mismo pecado el que en el Apocalipsis es presentado como la bestia que surge de la tierra. Efectivamente son las religiones orientales y sus respectivas teologías que apoyan al monstruo que surge del mar, es decir al imperio romano.

El verdadero demonio es el imperio

Después de esta escena Marcos presenta una colección de parábolas mediante las cuales Jesús preparaba al pueblo y a sus discípulos para la gran tarea de apresurar el Reino. En ellas se siguen apuntando al enemigo y dando indicaciones sobre las acciones a llevar a cabo. Exhorta, por medio de la parábola de “la semilla que crece por sí sola….” (Mc 4, 26-29) a ejercitar la paciencia revolucionaria , y por medio de la del “grano de mostaza” (Mc 4, 30-32), a la acción revolucionaria.

La travesía del lago (Mc 4, 35-41) por su parte llama la atención sobre los vientos que se oponen al proyecto del Reino. La barca, símbolo, de la comunidad de Jesús, el pueblo, de la comunidad de Marcos, corre serios peligros. Son los vientos de los enemigos. Pero allí está Jesús para calmarlos.

Con ello entramos en un nuevo terreno, en el que las legiones romanas realizan sus tropelías. Jesús llega a enfrentarlas. Así presenta Marcos la escena:

“Llegaron al otro lado del mar, a la región de los Gerasenos. Al salir él de la barca, inmediatamente vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo que tenía la habitación en los sepulcros; nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadena: porque él muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero las cadenas y los grillos eran destrozados por él, y nadie podía dominarlo.

Al ver a Jesús desde lejos, corrió y se postró ante él. Y habiendo gritado con voz potente, dice: ´¿Qué a mí y a ti, Jesús, hijo del Dios altísimo? ¡Conjúrote por Dios, no me atormentes!´. (Jesús) , en efecto, le había dicho: ´Sal, espíritu inmundo, de ese hombre´. Y le preguntaba: ´¿Qué nombre tienes?´. Y le dice: ´Legión es mi nombre´, porque somos muchos!´. Y le suplicaba mucho que no los enviara fuera de la región.

Había allí, al pie del monte, paciendo, una piara grande de cerdos. Le suplicaron diciendo: ´Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos. Se lo permitió. Luego que salieron los espíritus inmundos, entraron en los puercos, y se arrojó la piara hacia abajo por el despeñadero al mar, como unos dos mil, y se ahogaron en el mar. Los que los apacentaban huyeron y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Entonces vinieron a ver qué era lo sucedido.

Y vienen a Jesús , y miran al endemoniado sentado, vestido y en su sano juicio, al mismo que la legión había tenido encadenado. Y tuvieron miedo. Los que habían visto les contaron cómo le había sucedido al endemoniado y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus confines.

Él subió a la barca y el endemoniado le pidió que lo dejase estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: ´Ve a tu casa, a los tuyos y cuéntales cuantas cosas el Señor hizo contigo y cómo se compadeció de ti´. Se fue y comenzó a publicar cuán grandes cosas hizo Jesús con él, y todos se asombraban” (Mc 5, 1-20).

Está por demás claro que el tema sigue siendo el del fuerte que debe ser amarrado o destruido. Efectivamente, al endemoniado en cuestión nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Ya se había intentado hacerlo repetidas veces, pero todo resultaba inútil. Rompía las ataduras, cualesquiera ellas fueran. Es la fuerza y prepotencia del imperio que había derrotado una y otra vez los intentos de liberarse de él.

La fuerza no pertenece al endemoniado sino al demonio, es decir, al imperio. Es éste el que utilizando al mismo endemoniado rompe cuantos intentos de liberación se producen. Son los mismos ejércitos, policías y, en general, fuerzas de represión de los países dominados los que ejercen la fuerza que les da el imperio o los grandes centros de poder.

Por otra parte, el endemoniado en cuanto persona tiene el comportamiento desequilibrado, distorsionado, esquizofrénico, propio de los habitantes de países dominados. El mejor comentario de este comportamiento es el descripto por Franz Fanon en Los condenados de la tierra. El dominado introyecta la dominación y se desequilibra completamente.

Cuando el demonio se siente conminado por la fuerza superior de Jesús a decir su nombre, manifiesta su identidad sin vuelta de hoja: legión. Es la legión romana, el ejército romano, instrumento de opresión del imperio. Jesús, es decir, su mensaje, su proyecto, derrota al poder de la legión, la cual busca refugio en los cerdos, en lo despreciable, y es precipitada en el abismo de las aguas del mar.

Después de tamaña batalla no es de extrañar el miedo de los gerasenos. Pelear contra el poder de dominación y derrotarlo puede traer aparejada una terrible represión. Los gerasenos le ruegan a Jesús que se vaya. Ellos aceptan la dominación. La lucha por la liberación les produce miedo. El que ha sido liberado deberá quedarse para revertir la situación.

El imperio asesinó a Jesús

Como puede verse, todas las referencias al enfrentamiento de Jesús con el imperio, Marcos las hace mediante símbolos, nunca directamente. Podríamos citar la última, es decir, la que se refiere al tributo debido al César (Mc 12, 13-17). La interpretación tradicional que sostiene que Jesús dice que hay que pagar el tributo al César y no mezclar esa acción perteneciente al ámbito político y económico con el ámbito religioso, porque es necesario dar a Dios lo que le corresponde.

En realidad Jesús afirma lo contrario: No hay que pagar el tributo. La respuesta, nuevamente, se expresa a través de símbolos, el del denario mediante el cual se pagaba el tributo y el del pueblo como viña perteneciente a Dios. El denario que tiene la inscripción del emperador y la inscripción Ti(berius) Divi Aug(usti) F(ilius) Augustus (Tiberio Augusto, César, hijo del divino Augusto) debe ser devuelto al César, a su dueño. El verbo utilizado apó-dídomi significa “devolver”.

Aceptar el tributo era aceptar la divinidad del emperador romano. Jesús dice que no se lo puede aceptar. Por otra parte, afirma que es necesario dar el pueblo a Dios. El pueblo se presenta como la viña, de la que se hablo en el pasaje anterior (Mc 12, 1-12). Devolverla a Dios significa cuidarla, cultivarla, es decir, practicar la justicia.

Entonces ¿por qué ese intento de exculpar a Pilato? Es lo más probable que se deba a la necesidad de resguardar a las comunidades que comienzan a ser perseguidas. Mientras para los cristianos que saben interpretar los símbolos queda claro el enfrentamiento de Jesús con el imperio, para los enemigos esto queda oculto. Si Pilato no encontró a Jesús peligroso, no hay motivo para que las comunidades sean consideradas en ese sentido. Esto requiere un fundamentado desarrollo que será motivo de otro artículo.

Rubén Dri

Los responsables de la revista Barcelona insisten: "no somos humoristas"

Pablo Marchetti, Ingrid Beck y Mariano Lucano aparecieron anoche en la TV. Los creadores de una de las revistas más ácidas y originales del mercado hablaron del humor, el atrevimiento y los límites.

Guadalupe Diego. De la Redacción de Clarín.com.

Siguiendo desde aquí con la ausencia total de novedades y primicias, mantendremos la línea mencionando en este caso la aparición de la revista Barcelona, una publicación que, si bien para muchos es todavía novedosa y otros ni siquiera saben que existe, llegó a los kioscos porteños en abril 2003.

Es decir, la revista ya tiene su buen tiempo de vida. De todas formas, el acontecimiento destacable –siempre hay que tratar de encontrar un hecho medianamente noticioso y que haya ocurrido en la TV– fue la presencia televisiva de los sujetos, digamos, responsables. Responsables al menos de la revista Barcelona.

Ellos son Pablo Marchetti (el director), Ingrid Beck y Mariano Lucano, anoche entrevistados por Marcelo Zlotogwiazda y Ernesto Tenembaum para el programa “Periodistas, la era del hielo” (domingo 22 hs, Plus Satelital).

Quienes alguna vez hojearon, ojearon, o incluso hasta leyeron Barcelona habrán visto con buenos ojos –y con los únicos que tienen- la posibilidad de conocer, por fin, los caretos de estas plumas lisérgicas. Tampoco podríamos asegurar que a sus lectores esto les quitara el sueño, pero lo cierto es que daban ganas de saber quiénes eran los que estaban y están detrás de esto. ¿Qué es esto? Esto es básicamente una revista de humor, de política y de actualidad.

Es de humor porque su lectura necesariamente invita a la carcajada (aunque inmediatamente después, y seguramente por tanto realismo, invita a cierta depresión); y es de humor a pesar del trío entrevistado, que anoche no lo dudó ni un instante: “no somos humoristas -dijeron-; nos ofende que nos digan humoristas”.

Estuvo bien la salvedad. Ellos no se ríen de los tópicos que los políticos dejan en bandeja a los humoristas (peluquines o picaduras de avispas, por caso) sino que se ríen, en general, de la más absoluta realidad. Y por eso la incomodidad que provoca muchas veces su lectura. Eso por un lado.

Por el otro, el zarpe, los límites. O la ausencia de límites, mejor dicho. Y aquí estuvo interesante otra reflexión que se escuchó al respecto, que los distinguía de cualquier otro “humorista profesional”, y fue el hecho de asegurar, una y otra vez, que el humor no tiene límites, que no hay tema posible que por no herir susceptibilidades o por respeto pudiera quedar fuera de Barcelona.

En este sentido se podría mencionar ahora más de una tapa (y más de una contratapa) que ha sacado la revista; o repasar ciertos temas y chistes que, además de graciosos o creativos, impresionarían por su atrevimiento y osadía. Pero es como casi todo: contarlo no es lo mismo. Mejor en todo caso es darse una pasadita por su sitio web. Ahí se publican las tapas de Barcelona.

Para ver las contratapas, les recomendaríamos la muestra en el Palais de Glace; pero acaba de terminar, así que ni modo.

Finalmente, y para darse una acabada idea del contenido de la revista (que salió sola, que salió luego con la revista TXT y que volvió a salir otra vez sola; que se parece mucho a un diario, que titula mejor –y con igual fórmula- que muchos periódicos y que hasta es más honesta que muchos matutinos) podríamos ahora compararla con la revista Humor o Satiricón.

Y lo haríamos; pero para qué si otros ya lo hicieron antes; y hasta incluso generaron buen debate. A ellos entonces nos remitimos, reforzando así lo que ya va siendo nuestro rasgo característico más potente: la ausencia total de cualquier primicia.

Destino inexorable, por otra parte, para estas crónicas; ya que todo lo que pueda aquí leerse se ha visto antes -con seguridad, diría Cacho Fontana- en la TV.

Argentina – Espiados por decreto

Desde el pasado 8 de noviembre, por decreto presidencial, los servicios de inteligencia están autorizados a scanear nuestras comunicaciones privadas (mails, chats y lllamados que se realicen por Internet). La medida se tomó a pedido del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que el 31 de julio del año pasado envió a nuestro país dos delegados, junto con los proveedores que vendían los programas espías, para instruir a las autoridades sobre esta técnica “antiterrorista”. Se trata de lo que en el mundo se conocen como Echelon o Gran Oreja, un sistema de espionaje electrónico que en solo media hora puede scanear mil millones de mensajes. Eso sí: ya fue usado en la Argentina. Fue en 1999 cuando los servicios norteamericanos interceptaron los teléfonos del entonces ministro de Economía, José Luis Machinea, en plena renegociación de la deuda.

Se trata de lo que en el mundo se conocen como Echelon o Gran Oreja, un sistema de espionaje electrónico. Las computadoras de este programa permiten reconocer palabras, teclas, números y hasta timbres de voz, de comunicaciones telefónicas, de fax o de correo electrónico a través de Internet. Este decreto destruye los derechos civiles garantizados por la Ley de Protección de Datos Personales, entre otras graves consecuencias.

Echelon fue desarrollado en el marco de un acuerdo de espionaje entre Estados Unidos y Gran Bretaña en 1948, al que más tarde se unieron Australia, Nueva Zelanda y Canadá. La existencia de este acuerdo, bautizado UKUSA, fue reconocida en marzo de 1999 por el gobierno de Australia.

También Francia y Alemania, pero en menor medida, tuvieron participación en el programa espía. La “Gran Oreja” fue programada para alertar cuando en una comunicación se detectan palabras “peligrosas” para la seguridad nacional de los Estados Unidos o de los otros países participantes en el proyecto.

Las grandes cantidades de datos recogidos por el sistema son luego filtradas por potentes computadoras.

El programa permite interceptar en sólo media hora hasta cerca de mil millones de mensajes, que luego son filtrados para extraer los datos de interés para cada país.

La lección de catch

Por Sandra Russo



En la Escuela Nº 8 de Clorinda, Formosa, a cada uno de los 970 alumnos le corresponden diez centavos por día para comer. No nos atreveríamos a darle diez centavos de propina al chico del delivery que nos trae la pizza el domingo a la noche, ni le dejaríamos diez centavos al mozo del bar de la esquina. Pero con una moneda como ésa, de una insignificancia insultante, es que deben alimentarse cada uno de los 970 alumnos de la Escuela Nº 8 de Clorinda.




Tal vez se trate de un tic del oficio periodístico pero, para abordar aunque sea de costado un tema como “las marcas sociales del mal”, necesito un disparador que sacuda esa construcción abstracta y que la haga emerger en una imagen en la que sea posible activar la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato. Me entero de que en una escuelita formoseña cada chico cuenta con diez centavos por día para comer. Comienzo a escribir. Cuando lo escribo, intento ponerme en el lugar de lo que escribo. Me llega el gusto a bilis de una boca con hambre. Escucho el sonido hueco de un estómago chiquito. Huelo el vapor confuso de un pastiche revuelto con un hueso de vaca como único estandarte nutricio. Toco una puerta que no se abre. Veo, entonces, algo que está mal.

Y abandono por ahora, con esa imagen de los chicos de Clorinda, la diferencia entre el mal y lo que está mal. Podría decirse, de una manera provisoria, que el mal es, entre otras cosas, el miriñaque que sostiene erguido y estable lo que está mal. Porque lo que hace que el mal se encarne en sufrimiento es precisamente esta estrategia de organizarse en el intestino de lo social, de camuflarse en el sentido común de millones de personas que aceptan, como si fuera natural, que otros millones de personas vivan malas vidas. La inequidad es una de las grandes obras maestras del mal. Las grandes luchas y las ínfimas luchas, que se han librado siempre en la historia o en la vida cotidiana entre el Bien y el Mal, tienen que ver precisamente con eso: con la distribución de los bienes escasos, que según algunos es la esencia de la política.

Cuando estudiábamos en el secundario nos decían que la política tenía por objeto el bien común. Me pregunto si acaso no deberíamos pensar en cómo se construye el mal común. Cómo toma cuerpo y forma ese mal que construimos en conjunto, consintiendo el sufrimiento ajeno.

En un ensayo de 1954, Roland Barthes analizó una de las luchas entre el bien y el mal que se desarrollaba como espectáculo de masas, en un código absolutamente popular tanto en Europa como en Estados Unidos. Una década más tarde, ese espectáculo llegó a la Argentina. Me refiero al catch, y a Titanes en el Ring. La emoción básica que proponía el catch era, lisa y llanamente, la adoración del perfecto canalla. El catch permitía al público socializar una emoción que siempre fue políticamente incorrecta, aun antes de que esa noción que hoy se vuelve un nuevo corset llegara a ser formulada. La emoción del catch estaba ligada a la fascinación por lo amoral. Pantomima del deporte, que siempre fue un paradigma del reglamento, el catch surgió como neto espectáculo. Es decir, como ficción.

El espectador de catch siempre supo que presenciaba una representación. Con esa confianza en que lo que sucede no sucede, es que uno va al teatro.

Los luchadores de catch exhiben una gestualidad ritual. Quien cae, no se levanta de inmediato como lo haría cualquiera que se cae en la vereda. Se queda exageradamente en el piso. El luchador caído no disimula, más bien exaspera la máscara del dolor.

En la vida real impera el slogan de “Levántate y anda”, o los más aggiornados de Nike o de Adidas: “Tú puedes”, o “Nada es imposible”. En el catch, el luchador caído se ofrece como la contracara de esos esfuerzos anónimos e inútiles, y por medio de esa ficción da cuenta de una verdad: le gustaría levantarse y seguir peleando, pero alguien lo está pisando. La mirada de los espectadores se llena con la visión intolerable de la derrota. El catch opera entonces como el espectáculo que transparenta la intimidad del ofendido.

Pero no es el caído el que enfervoriza al público. El catch es un espectáculo de identificaciones cruzadas. El héroe, en este ring, es el canalla. Para hacer andar su mecánica moral, el catch tiene herramientas. Una de ellas es la toma. Mediante una toma, el débil es dominado. El fuerte y tramposo sujeta y vence al débil que respeta las reglas.

Después, en el transcurso del combate, se invertirán los roles. El débil tendrá su oportunidad y vencerá al canalla, pero solamente cuando siga las instrucciones del público, que lo alentará para que sea él quien viole las reglas y quien haga las trampas. La mecánica moral del catch hará que el débil se vuelva fuerte cuando acepte convertirse él mismo en el canalla. ¿Qué es un auténtico canalla para ese público? Esencialmente, el canalla es “un inestable que sólo admite las reglas cuando le son favorables. Se refugia detrás de la ley cuando juzga que le es propicia, y la traiciona cuando le es útil hacerlo”.

Finalmente, en la vida que compartimos socialmente, lo único que tenemos son reglas. Lo que llamamos civilización no es otra cosa que una convención. Las contravenciones a los contratos sociales son las que hacen tambalear este artificio que nos contiene a todos. Si alguien con hambre, con sed o con frío no toma los alimentos, las bebidas o el abrigo que necesita, salvo que tenga el dinero para pagarlos, es porque reclamamos que incluso los que no tienen nada se atengan a la convención. ¿Pero por cuánto tiempo y con qué derecho puede reclamársele a alguien que se atenga a un contrato que fue redactado en su contra?

Vuelvo a la escuela de Clorinda. Para que haya chicos que deban alimentarse con diez centavos por día, muchas reglas han sido violadas, y no en secreto. Y mientras sigamos sosteniendo el miriñaque que hace que el mal se encarne en lo que está mal, seguiremos aceptando que haya débiles caídos con fuertes pisándoles la espalda. No deberíamos escandalizarnos tanto cuando después esos débiles violan la ley. Como en el catch, eso forma parte de este espectáculo.

TURISTAS (O el Famoso cuento Chino)

Pirulo de Página 12.

Quizá sea conveniente moderar el entusiasmo ante la futura llegada de oleadas de turistas chinos. Uno de ellos, Zhu Zhaorui, se ha convertido en una celebridad al publicar su libro La vuelta al mundo con 3000 dólares. En él, relata su viaje de 77 días por 28 países alrededor del globo, en los que gastó sólo 682 dólares en pasajes aéreos.

Su hazaña amenaza repetirse: desde que salió su libro, recorre todas las universidades chinas para compartir con miles de compatriotas el secreto de su ahorro.

Guerra de weblogs en los EE.UU.: pedir perdón o festejar el triunfo de Bush, esa es la cuestión

El mundillo online sigue conmocionado por el resultado de las elecciones. Republicanos y demócratas continúan la batalla en la red, aunque en el mundo real, ya hubo un ganador.

Todo comenzó con James Zetlen, un joven de 20 años que se deprimió profundamente cuando ya era un hecho que George Bush se quedaba en la Casa Blanca. “Pasé de la pena, a la negación, la furia, la lastima, la resignación y la aceptación, en ese orden y muy rápido”, dijo. Acto seguido, abrió un sitio web, www.sorryeverybody.com , para pedirle disculpas al mundo por no impedir la victoria de Bush.

“Mucha gente sentía que tal vez podría haber hecho algo más para evitar el triunfo de Bush y se sentía responsable, ante el resto del mundo, por el resultado de la elección”, dijo. El resto es asunto conocido: publicó una foto de él mismo sosteniendo un papelito que decía: “Lo siento, mundo, lo intentamos –firmado: la mitad de Estados Unidos” e invitaba a otros norteamericanos a hacer lo mismo.

Mitad en broma, mitad en serio, la idea prendió rápidamente. Dos semanas, 50 millones de hits y más de 15.000 imágenes después, el proyecto resultó ser tan exitoso que ahora James está pensando en convertirlo en un grupo de lobby político.

“Tenemos que tener cuidado. No queremos usarlo para beneficio personal”, dijo el joven, un estudiante de neurociencia de la Universidad de Southern California. “Pero estamos pensando en transformarlo en un comité de acción política o en una entidad de caridad para intentar promover un discurso más civil”.

A juzgar por las respuestas que tuvo el sitio, James tiene mucho trabajo por delante. Más de las dos terceras partes de las imágenes que se recibieron, algunas de republicanos, fueron rechazadas por ser demasiado ofensivas. Otras eran de demócratas acusando a los votantes de Bush de ignorantes. “Hay mucha furia, la gente está muy agresiva, pero no vamos a aceptar presentaciones que resulten ofensivas”, dijo.

Como casi todo en la política norteamericana, una iniciativa política inevitablemente genera consecuencias a favor y en contra. En respuesta a Zetlen, nacieron varios sitios web a favor de los republicanos: notsorryeverybody.com, sorryeverybodymyass.com, kissmyamericanass.com y wearenotsorry.net, son algunos de ellos. Paralelamente surgieron un puñado de sitios web que apoyan la iniciativa de Zetlen, como apologiesaccepted.com. “La verdad es que estoy muy sorprendido”, dijo el joven. “Esperaba que lo usaran mis amigos, pero hubo gente que nos mandaba fotos y mensajes de todo Estados Unidos, del polo sur, de Sudáfrica, de China, de todas partes. Los mensajes del exterior, en general, nos apoyaban”.

Jay Rayner, un periodista británico y autor de la novela “The Apologist” (El que pide perdón), no se muestra tan sorprendido. El creó un sitio web, the-apologist.co.uk, para promover su libro sobre un hombre que se disculpa por todo lo que hizo mal y es nombrado el principal “pedidor de disculpas” de las Naciones Unidas. Su sitio generó más de 8.000 disculpas. “Internet es, verdaderamente, un vehículo único para pedir perdón”, dijo Rayner. “El sitio se convirtió en una especie de confesionario masivo donde todos escriben sin importar si la persona ala que uno le está pidiendo disculpas lee el texto o no”.

Sorryeverybody es uno de los muchos sitios que los demócratas abrieron en un intento por levantar la autoestima desde la derrota electoral. Uno tiene un “sello oficial” falso del partido demócrata con la cara de un bebé que llora. E otro varios canadienses le proponen matrimonio a los norteamericanos que quieran huir hacia el norte durante el segundo mandato de Bush. En una página típica de sorryeverybody.com los usuarios pasan de la beligerancia a la risa. A un hombre se lo ve sosteniendo un cartel que dice: “Perdón a todos. El centro de Mississippi no es todo rojo. Yo soy uno entre el 40 por ciento que votó por Kerry. Por favor, perdónennos”.

© The Guardian.

Traducción de Claudia Martínez.

BitTorrent, el mayor servicio P2P de Internet

Con el 35% de todo el tráfico de Internet, BitTorrent es, con amplio margen, la mayor red global P2P de intercambio de archivos.



Según cifras de la consultora británica CacheLogic, BitTorrent concentra más de una tercera parte de todo el tráfico de Internet, independientemente del contenido o categoría. Por medio de BitTorrent, los usuarios consiguen películas, música, juegos y software.



Todo el mundo sabe que la mayor parte del material es pirateado, aunque también se distribuyen archivos legítimos, en especial software de código abierto.



En gran medida, BitTorrent ha ocupado el lugar que anteriormente ocupaban Napster, Kazaa, Emule o Edonkey. Al contrario que tales servicios, BitTorrent no usa una administración central que pueda ser demandada o servidores que puedan ser bloqueados.



La red está estructurada exclusivamente en torno a los propios usuarios, y existen relativamente pocas posibilidades de que sean descubiertos por las industrias discográfica o cinematográfica en caso que intercambien archivos ilegales.



John Malcolm, portavoz de MPAA, declaró a la agencia Reuters que BitTorrent, es un sistema muy eficaz para el intercambio de grandes archivos, y que muchos usan y abusan, para intercambiar material ilegal.



MPAA se encuentra estudiando las posibilidades de que dispone para poner fin a este uso indebido de material con derechos reservados.Podemos obtener más información pulsando aquí.

La resistencia y la izquierda

Por Naomi Klein



La primera vez que me topé con el ejército Mahdi de Muqtada al-Sadr fue el 31 de marzo en Bagdad. El jefe de la ocupación de Estados Unidos, Paul Bremer, acababa de enviar hombres armados para cerrar el periódico del joven clérigo, Al Hawza, acusando que en sus artículos se comparaba a Bremer con Saddam Hussein e incitaban a la violencia en contra de los estadunidenses. En respuesta, Sadr convocó a sus partidarios a protestar ante las puertas de la zona verde, exigiendo la reapertura de Al Hawza.

Cuando supe de la protesta, decidí ir, pero existía un problema: había estado visitando fábricas estatales todo el día y no iba vestida adecuadamente para una muchedumbre de fieles Chiítas. Pero, razoné, ¿no se trata acaso de una demostración en defensa de la libertad de prensa? ¿Rechazarían realmente a una periodista en pantalones flojos? Me eché una mantilla encima y me puse en marcha.

Los manifestantes habían escrito pancartas en inglés que decían: “dejen a los periodistas trabajar sin terror” y “dejen a los periodistas hacer su trabajo”. Qué bueno, pensé, y me puse a trabajar. Sin embargo, un miembro del ejército Mahdi vestido de negro enseguida me interrumpió: quería hablar con mi traductor acerca de mi vestuario. Un amigo y yo bromeamos que íbamos a hacer nuestra propia pancarta diciendo: “dejen a los periodistas usar pantalones”. Pero la situación en seguida empeoró: Otro soldado de Mahdi agarró a mi traductor y lo empujó contra una pared de concreto, lastimando su espalda gravemente. Mientras tanto, una amiga iraquí llamaba para avisar que estaba atrapada dentro de la zona verde y no podía salir: había olvidado traer una mantilla y tenía miedo de toparse con una patrulla Mahdi.

Fue una lección ejemplar sobre quién es realmente Sadr: no un liberador antimperialista, como alguna gente de la izquierda lo califica, sino que él desea expulsar a los extranjeros para subyugar y controlar él mismo a gran parte de la población Iraquí. Pero Sadr tampoco es el bandido unidimensional que muchos describen en los medios, una representación que ha permitido que muchos liberales permanezcan callados cuando a aquel se le excluyó de participar en los comicios y hacen la vista gorda mientras Estados Unidos bombardea cada noche la población civil de Ciudad Sadr, donde un reciente ataque produjo un apagón durante un brote de hepatitis tipo E.

La situación requiere una actitud más ecuánime. Por ejemplo, los reclamos de Muqtada al-Sadr por una libertad de prensa pueden no incluir la libertad de cobertura para mujeres periodistas. Sin embargo él tiene derecho de publicar su periódico político, no porque él crea en la libertad sino porque supuestamente nosotros lo hacemos. Paralelamente, las peticiones de Sadr exigiendo elecciones justas y un fin a la ocupación exigen nuestro apoyo incondicional; no porque estemos ajenos a la amenaza que él plantearía si realmente lo eligieran sino porque el concepto de autodeterminación dictamina que los resultados de la democracia no se deben manipular.

Estos tipos de matizadas distinciones son comunes en Iraq: mucha gente que he conocido en Bagdad condena fuertemente los ataques contra Sadr, lo cual evidencia que Washington nunca se propuso defender la democracia en el país. El público apoya el reclamo de Sadr por el fin de la ocupación y elecciones inmediatas. Pero cuando se les pregunta si votarían por él en tales elecciones, la mayoría de la gente simplemente se ríe.

Sin embargo aquí en Norteamérica, la idea de que es posible apoyar el reclamo de Sadr sin apoyarlo como futuro primer ministro de Iraq ha resultado más difícil de asimilar. Por plantear dicha alternativa, Nick Cohen, en el London Observer, me ha acusado de “inventar excusas para los teócratas y misóginos”. Frank Smyth, en Foreign Policy in Focus ha escrito que “he sido víctima de la ingenuidad a favor del ejército de Al-Mahdi”, mientras que Christopher Hitchens, en la revista electrónica Slate, me califica como una “socialista-feminista que ofrece un incondicional apoyo a los teócratas fascistas”.

Toda esta varonil defensa por los derechos de la mujer basta para que una muchacha se ruborice. Pero antes de que Hitchens se lance al rescate, es digno recordar la manera cómo él racionalizó su apoyo a la guerra, lo cual arruinó su reputación: aunque las fuerzas estadunidenses realmente estuvieran allí para acaparar el petróleo e instalar bases militares, escribió, la liberación del pueblo iraquí conlleva un efecto secundario tan espléndido que los progresistas en todas partes deberían aplaudir los misiles. Mientras que el feliz desenlace de la liberación continúa siendo una broma cruel en Irak, Hitchens ahora propone que la actual Casa Blanca, con sus preceptos en contra de la mujer y de la homosexualidad, es la mejor alternativa con que cuenta el pueblo iraquí, en comparación con el fanatismo religioso de Sadr y sus preceptos en contra de la mujer y de la homosexualidad. Una vez más se nos sugiere festejar el paso de los Bradleys, apretarnos las narices y elegir el mejor de dos males.

No existe duda alguna que los iraquíes enfrentan un caso extremo de fanatismo religioso, pero las fuerzas de Estados Unidos no lograrán proteger a las mujeres iraquíes ni a las minorías de tal amenaza, tomando en cuenta su notorio papel en Abu Ghraib y los bombardeos en las ciudades de Faluja y Sadr. La liberación nunca derivará de esta invasión ya que su objetivo fue siempre la dominación. Aun considerando el desenlace más propicio, la actual coyuntura en Iraq no radica en elegir entre el peligroso fundamentalismo de Sadr y un gobierno laico y democrático compuesto por sindicalistas y feministas. La elección es entre elecciones libres (con el el riesgo de conceder el poder a los fundamentalistas, pero permitiendo que las fuerzas laicas y religiosas moderadas se organicen) y unas elecciones fraudulentas diseñadas para otorgar el poder a Iyad Allawi y sus secuaces entrenados por la CIA y el Mujabarat, completamente subordinado a Washington en cuestiones financieras y de poder.

Esta es la razón por la cual se está buscando a Sadr, no porque él sea una amenaza a los derechos de la mujer, sino porque él es la única y la mayor amenaza al control militar y económico de Estados Unidos en Iraq. Incluso después de que el gran ayatola Alí Al-Sistani, temiendo una guerra civil, echara marcha atrás en su lucha contra los planes del traslado de poder, Sadr continuó desafiando la constitución dictada por Estados Unidos, continuó exigiendo el retiro de las tropas extranjeras y continuó impugnando los planes de Estados Unidos de designar un gobierno interino en vez de llamar a elecciones. Si se resuelven las exigencias de Sadr y se deja en verdad el futuro del país en las manos de la mayoría, las bases militares de Estados Unidos en Iraq estarán en grave peligro, así como todos los estatutos impulsados por Bremer en favor de la privatización.

Los progresistas deberían oponerse a los ataques de Estados Unidos en contra de Sadr, ya que no constituyen una ofensiva en contra de un hombre, sino en contra de la posibilidad de un futuro democrático para Iraq. Existe también otra razón para defender los derechos democráticos de Sadr: es la mejor manera de luchar contra el auge del fundamentalismo religioso en Irak.

Lejos de reducir la atracción del extremismo, las agresiones de Estados Unidos en contra de Sadr lo han consolidado ampliamente. Sadr se ha cimentado hábilmente no como un austero portavoz de los Chiítas radicales sino como un nacionalista iraquí que defiende su país entero contra el invasor extranjero. Por eso, cuando el ejército estadunidense lo atacó con ferocidad y él se atrevió a defenderse, se ganó el respeto de millones de iraquíes que viven bajo la humillación y la brutalidad de la ocupación.

Los brutales intentos de subyugar a Sadr también han servido para confirmar los peores temores de muchos Chiítas: que están siendo traicionados una vez más por los estadunidenses, los mismos estadunidenses que apoyaron a Saddam durante la guerra de Irán contra Irak, que costó las vidas de más de cien mil iraquíes; los mismos estadunidenses que los incitaron a la insurgencia en 1991, para luego abandonarlos a su suerte. Ahora, de nuevo bajo sitio, muchos se están refugiando bajo las certezas del fundamentalismo y acuden a recibir servicios sociales de emergencia en las mezquitas. Algunos incluso conjeturan que hace falta un caudillo feroz y fundamentalista que haga frente a los otros cabecillas que intentan controlar Iraq.

Tal cambio de actitud es evidente en todas las encuestas. Una encuesta de la Autoridad Provisional de la Coalición en mayo, después del primer embate estadunidense en Nayaf, demostró que la opinión sobre Sadr había mejorado entre el 81 por ciento de iraquíes sondeados. Una encuesta del Centro para la Investigación y Estudios Estratégicos de Iraq calificó a Sadr, un protagonista marginal apenas seis meses antes, como la segunda figura política de mayor influencia en Iraq después de Sistani.

Lo más alarmante es que los ataques parecen aumentar la prominencia no solamente de Sadr personalmente sino de la teocracia en general. En febrero, un mes antes de que Paul Bremer cerrara el periódico de Sadr, una encuesta de Oxford Research International encontró que la mayoría de los iraquíes deseaba un gobierno laico: solamente 21 por ciento de los encuestados declararon preferencia por un “estado islámico” y solamente 14 por ciento se alinearon en apoyo de “políticos religiosos” como sus favoritos.

Volviendo a agosto, con Nayaf bajo sitio por las fuerzas estadunidenses, el Instituto Republicano Internacional (IRI) divulgó que un alarmante 70 por ciento de los iraquíes desean que el Islam y la Shariah (Ley Islámica) constituyan las bases del Estado. La encuesta no distinguió entre la interpretación inflexible de la Shariah de Sadr y otras versiones más moderadas practicadas por otros partidos religiosos. Con todo, está claro que algunas de las personas que me dijeron en marzo que apoyaban a Sadr pero nunca votarían por él están comenzando a cambiar de opinión.

Naomi Klein es autora de No Logo y Vallas y Ventanas


Una de mis poesias

Culpame

Culpame si querés

por resistirme al deseo

y por el temor absurdo,

a un irreverente amor.

Por no arriesgar

al encuentro de las pieles,

y al más profundo,

de las almas.

Por permitir al tiempo,

tirano destructor,

corromper nuestro juego

de pasión y seducción.

Pero por mirarte

como te miro,

no me culpes.

Por disfrutar tu presencia,

por gozar de tus sonrisas,

y de intentar despertar

algo mío en vos.

Por no querer nadie cerca

cuando estás vos.

Por soñar con un beso,

y un minuto de locura.

Por intentar reconstruir

lo que sabemos imposible,

te pido, Maga,

no me culpes.

Hernán

La fría noche del 1 de Junio de 2002

Alejandro Dolina: reflexiones sobre la radio, los oyentes y los silencios

El escritor, músico y conductor radial fue anoche el protagonista de la entrevista en Radionauta. La charla, centrada en la temática radiofónica, fue rica en anécdotas e ideas conceptuales.

Guadalupe Diego. De la Redacción de Clarín.com.

gdiegotv@claringlobal.com.ar

Radionauta, el programa de Patricio Barton en Canal á, tiene un objetivo sencillo, casi modesto si se quiere: la idea es que el televidente conozca más acerca del mundo de la radio. No existen mayores pretensiones más allá de esta, casi didáctica, propuesta; que, acaso ayudada por este destino definido y limitado, suele llegar a buen puerto.

Para el televidente, la empresa posiblemente será más o menos provechosa a partir del personaje –siempre un hombre de radio, o también de radio- seleccionado para la ocasión; ya que es él y no otro quien se lleva la mayor parte de la entrega. Y lo cierto es que, en líneas generales, hay una acertada selección al respecto. Por ahí ya pasaron, entre otros, Lalo Mir y Pepe Eliaschev y, por estos días, quien anda diciendo lo suyo en la pantalla de Canal á es Alejandro Dolina, un tipo que ya pasó cómodamente la década frente al micrófono. Es más, tan cómodo la pasó que anda más cerca de la segunda que de la primera.

Interesante el entrevistado e interesante también el cuestionario. El temario repite la naturaleza jurídica de la propuesta toda y vuelve a ser algo sencillo, limitado y concreto. ¿Qué tenemos a cambio?, respuestas meditadas, con tiempo para la reflexión para quien contesta y material provechoso para quien escucha.

Entre los temas tratados en esta especie de “filosofía sobre la radio” que es la charla en Radionauta, el papel del oyente y la importancia del silencio –una idea recurrente en Radionauta- fueron anoche dos de los pasajes más ricos de la conversación. El primero de ellos sirvió para dividir aguas: una cosa es la presencia del público en el estudio (un interesante pelotón de público se da cita cada noche en El Tortoni para “ver” La venganza será terrible) y otra distinta es la intervención del oyente en el programa de radio propiamente dicho (y aquí Dolina advirtió sobre la exagerada costumbre, hoy casi convertida en norma, de hacer programas de radio casi exclusivamente a partir de lo que dicen al aire los oyentes; algo que encontró bastante desafortunado)

El otro tema, el silencio, fue, como lo ha sido por otros entrevistados, reivindicado por nuestro invitado (imaginamos que la reivindicación del silencio lo será hasta cierto límite, porque si resultara el protagonista absoluto de las noches de Continental, nos quedaríamos sin programa). En ambos ejes, por supuesto, no faltaron anécdotas y episodios para la risa.

Finalmente, también llegó la comparación ineludible: la diferencia que existe entre la radio y la televisión. Aquí Dolina se corrió del clásico “la radio es mejor porque como el que escucha no ve, lo que no ve lo imagina” y planteó, en cambio, un análisis algo más elaborado y que tuvo que ver con las cuestiones que aparecen en cada uno de los soportes (urgencias / tiempos / dinero / presiones / rating / posibilidades de ensayo / de arriesgue). “Si algo fuera bueno por la ausencia de elementos (porque no se ve, en el caso de la radio), la mejor obra artística sería aquella basada en una ausencia total de elementos; la que no existe en absoluto”, dijo. Algo que sonó, después de todo, tan absurdo como atinado: tal vez alguna que otra propuesta radial o televisiva sí mejora si desaparece.

¡Qué buen spot compañero Marx!

Por Umberto Eco

No se puede sostener que algunas bellas páginas puedan solas cambiar el mundo. La obra entera de Dante no logró restituir el sacro Emperador romano a las comunas italianas. Sin embargo, el Manifiesto del Partido Comunista, publicado por Marx y Engels en 1848, y que ciertamente ha influido en los acontecimientos de dos siglos, debe ser releído desde el punto de vista de su calidad literaria, o por lo menos, de su extraordinaria estructura retórico-argumentativa.

¡Qué buen spot compañero Marx!
¡Qué buen spot compañero Marx!

En 1971 apareció el pequeño libro de un autor venezolano, Ludovico Silva, El estilo literario de Marx, publicado en Italia en 1973 por Bompiani. Creo que está ya agotado, y valdría la pena reeditarlo.

Refiriéndose a la historia de la formación literaria de Marx (pocos saben que escribió también poemas, muy malos en la opinión de los que los leyeron), Silva analizó toda la obra marxiana.

Curiosamente, dedicó sólo pocas páginas al Manifiesto, quizás porque no es una obra estrictamente personal.

Es una lástima: se trata de un texto formidable que alterna tonos apocalípticos e ironía, eslogans eficaces y explicaciones claras, y que —si realmente la sociedad capitalista quiere vengarse de los fastidios que estas no muy numerosas páginas le han causado— debería ser religiosamente analizado hoy en las escuelas para publicistas.

Reléanlo, por favor. Empieza con un formidable golpe de timbal, como la Quinta de Beethoven: “Un fantasma recorre Europa” (no olvidemos que estamos cerca ya del comienzo prerromántico de la novela gótica, y los espectros son entidades que se deben tomar en serio).

Sigue inmediatamente después una historia a vuelo de pájaro de las luchas sociales, desde la antigua Roma hasta el nacimiento y desarrollo de la burguesía, y las páginas dedicadas a las conquistas de esta nueva clase “revolucionaria” constituyen su poema fundador, todavía válido para los sostenedores del liberalismo.

Se ve (quiero decir exactamente “se ve”, en sentido casi cinematográfico) esta nueva fuerza irrefrenable que, impulsada por la necesidad de nuevas salidas para sus mercancías, cruza todo el orbe terráqueo (y a mi parecer aquí el judío y mesiánico Marx piensa en el inicio del Génesis), trastorna y transforma países lejanos porque los bajos precios de sus productos son una especie de artillería pesada con la que derrumba cualquier muralla china, hace capitular a los bárbaros más endurecidos en el odio contra el extranjero, instaura y desarrolla las ciudades como signo y fundamento de su propio poder, se multinacionaliza, se globaliza, hasta inventa una literatura ya no nacional sino mundial…

Al final de esta apología (que convence porque es sinceramente sentida) llega de improviso el viraje dramático: el nigromante se halla impotente para dominar las fuerzas subterráneas que ha evocado, el vencedor se ahoga en su propia sobreproducción y genera en su propio regazo, de sus mismas entrañas, a sus sepultureros, los proletarios.

Entra ahora en escena esta nueva fuerza que, en un primer momento dividida y confusa, se empeña con furia en la destrucción de las máquinas y se deja usar por la burguesía como masa de choque, obligada a luchar contra los enemigos de sus propios enemigos, y absorbe gradualmente la parte de los adversarios que la gran burguesía proletariza: artesanos, negociantes, campesinos propietarios.

La revuelta se vuelve lucha organizada, los obreros están en contacto recíproco por medio de otro poder que los burgueses han desarrollado para su propio provecho: las comunicaciones. Y aquí el Manifiesto cita los ferrocarriles, pero piensa también en las nuevas comunicaciones de masas (no olvidemos que Marx y Engels, en La Sagrada Familia, supieron usar la televisión de la época, es decir, la novela de folletín, como modelo del imaginario colectivo, criticando su ideología pero al mismo tiempo utilizando lenguaje y situaciones que ella había popularizado).

En este punto entran a escena los comunistas. Antes de decir de manera programática quiénes son y qué quieren, el Manifiesto (con un movimiento retórico soberbio), desde el punto de vista de la burguesía, plantea que los teme y levanta algunas aterradoras preguntas: ¿pero ustedes quieren abolir la propiedad privada?,¿quieren la comunidad de las mujeres?,¿ quieren abolir la religión, la familia, la patria?

Aquí, el juego se hace sutil, porque a todas estas preguntas el Manifiesto parece contestar de manera tranquilizadora, como para ablandar al adversario, pero luego, con un movimiento repentino, lo golpea en el plexo solar y obtiene el aplauso del público proletario… ¿Queremos abolir la propiedad privada? ¡Qué va!, las relaciones de propiedad han sido siempre objeto de transformación: ¿Acaso la revolución francesa no ha abolido la propiedad feudal a favor de la burguesa? ¿Queremos abolir la propiedad privada? Que tontería, no existe, porque es una propiedad de un diez por ciento de la población en contra del 90 por ciento. ¿Nos acusan entonces de querer abolir “su” propiedad? Si, es exactamente lo que queremos hacer. ¿La comunidad de las mujeres? ¡Pero, vamos, lo que nosotros queremos es más bien quitarles el carácter de instrumento de producción! ¿Creen realmente que queremos comunizar a las mujeres? ¡Pero si la comunidad de las mujeres la han inventado precisamente ustedes, que además de usar a sus propias esposas aprovechan a las de los obreros y como mejor pasatiempo practican el arte de seducir a las de sus iguales! ¿Destruir a la patria? ¿Cómo se puede quitar a los obreros lo que no tienen? Nosotros queremos más bien que, triunfando, los proletarios se constituyan en nación…

Dos slogans memorables

Y así sucesivamente, hasta aquella obra maestra de reticencia que es la respuesta sobre la religión. Se intuye que la respuesta es “queremos destruir esta religión” pero el texto no lo dice: antes de enfrentar un tema tan delicado, que pasa por alto, da a entender que todas las transformaciones tienen un precio, pero mejor por ahora no abrir capítulos demasiado candentes…

Sigue luego la parte más doctrinaria, el programa del movimiento, la crítica a los varios socialismos, pero en este punto el lector está ya fascinado por las páginas anteriores. Y si la parte doctrinaria resultara demasiado difícil, he aquí el golpe final, dos eslogans que cortan la respiración, fáciles de retener en la memoria, destinados (me parece) a una fortuna fabulosa: “los proletarios no tienen nada que perder (…) salvo sus propias cadenas” y “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.

Además de la capacidad poética para inventar metáforas memorables, el Manifiesto permanece como una obra maestra de retórica política (y no solamente) que debería ser estudiada en las escuelas, junto con las Catilinarias y el discurso shakesperiano de Marco Antonio ante el cadáver de Julio César. Porque, dada la amplia cultura clásica de Marx, no hay que excluir que haya tenido presentes estos textos.

Casi el 15% de los emails infectados por algún virus

Según ha indicado el Centro de Alerta Temprana sobre Virus y Seguridad Informática (CAT), el 14,8% de los mensajes analizados en la última semana contienen algún tipo de virus.

De los 5,81 millones de emails infectados, el virus Netsky fue el más popular o más presente, ya que se encontraba en un 52,8%. Otros virus también populares durante la semana pasada fueron el Bagle, ocupando un 26% del total, el Zabi.B con el 11,3% o el Mabutu, con el 1,2%.

Dentro de la aparición de nuevos virus y variantes se encuentra el troyano Citifraud.A, escrito en HTML, contiene un enlace que parece indicar que se va a enlazar con una dirección de Citibank, la entidad bancaria.

Este enlace es falso, por lo que se trata de una nueva técnica de phishing, y se persigue la obtención del usuario y clave de los usuarios de dicha entidad.

CAIDA LIBRE

Bastaron dos físicos (una experta en mecánica teórica y aplicada y un estudiante a punto de recibirse) para desenmarañar un problema que desde hace siglos no deja dormir a los hombres y mujeres de ciencia: por qué las cosas que son delgadas y planas –como una hoja de papel, por ejemplo– se elevan primero y planean luego mientras se precipitan al suelo.



Jane Wang y Umberto Pensavento (de la Universidad de Cornell, Estados Unidos) abandonaron por un instante la teoría para calcular los movimientos de una hoja de papel .



Y se llevaron algunas sorpresas: Wang cree que la subida y caída de básicamente cualquier cosa plana (como las llamadas “hojas de otoño” que acaban aterrizando muy lejos de su árbol, incluso en los días sin viento) está gobernada por el caos.



A través de técnicas de modelado por computadora, los investigadores calcularon cómo a medida que se aproxima al suelo el aire del ambiente se las arregla para arremolinarse alrededor de los bordes de las hojas, lo que hace que ondeen y den vueltas alocadamente.



Y como el flujo cambia drásticamente alrededor de los bordes agudos del papel, la teoría aerodinámica clásica no sirve para predecir la trayectoria exacta de la caída del cuerpo.



Pero el análisis financiado por la fuerza aérea estadounidense: “La fuerza que hace el aire depende mucho del acoplamiento entre los movimientos de rotación y de traslación del objeto –explicó Wang–.



Así, el efecto del ‘papel que cae’ es casi el doble de efectivo a la hora de frenar su descenso que el conocido `efecto paracaídas’, lo cual beneficia a los árboles y otras plantas que necesitan dispersar semillas hacia una cierta distancia desde el punto de origen”.



Pese a la conspicuidad de tales evidencias, aún hay quienes por los pasillos cargan en silencio a Wang y a Pensavento.



Pero no les importa: el escocés James C. Maxwell también fue seducido por el problema del “papel que cae” y antes de darse cuenta terminó de atarle el moño a la teoría que enlazó de una vez por todas electricidad y magnetismo.

Una lección norteamericana — Por Eduardo Aliverti

George Bush

Ningún periodista ni analista político pueden obviar como centro de atención lo que acaba de ocurrir en el país más poderoso de la Tierra. Aun cuando su especialidad no sea la información internacional.

La victoria de Bush deja enseñanzas (o, mejor dicho, ratificaciones históricas) que son imprescindibles para comprender y juzgar el comportamiento de los pueblos.

Una mayoría mundial, podría decirse sin dudas, asiste entre perpleja y horrorizada a la consolidación de algo que está muy por encima de la imagen encarnada por el terrorista que preside los Estados Unidos.

Porque, justamente, la figura de Bush es la representación de lo que el politólogo Federico Schuster define como “la cultura autocentrada norteamericana, que pone en primer lugar la voluntad hegemónica y se antepone a cualquier dimensión que pretenda incluir al resto del mundo más que como una comparsa turística relativamente exótica; la escenografía que rodea al imperio” (Página/12 del último jueves).

La primera pregunta es si acaso había que esperar el resultado de las elecciones para corroborar esa etiología del pueblo norteamericano, siendo que el híbrido candidato demócrata no significaba nada siquiera diferente en la concepción del ombligo imperial.

Lo que triunfó electoralmente en Estados Unidos es la más repugnante de las imágenes, no la más distinta de las propuestas. No había el Bien contra el Mal sino, y gracias, el monstruo ostensible contra el águila idéntica disfrazada de modosa.

Si se lo ve desde una mirada emocional, es comprensible lo que se siente al haber ganado el mejor vocero del diablo. Pero si se lo advierte desde la frialdad analítica, también está claro que quien perdió fue sólo la copia del original y que, como empezaron a admitirlo por lo bajo los responsables de la campaña demócrata, tomaron nota tarde de que a los tibios los vomita Dios.

Entre Bush como versión tejana de Hitler y Kerry haciendo la venia para fijar el recuerdo de sus presuntos actos de arrojo en la aventura vietnamita, lo que hay en el medio no son antagonismos ideológicos, sino diferencias de marketing imperialista.

Y demasiada gente presuntamente ducha en esto del análisis político parece haber pedido de vista que no se trata de inclinar la observación hacia cómo es posible que haya perdido el más simpático.

La comparación puede parecer bizarra, pero tienta asemejar lo sucedido con este sufragio yanqui y el argentino de 1995: el voto licuadora por Menem y la opción de lo mismo pero sin corrupción.

Cuando se dice que la elección norteamericana era en realidad un referéndum sobre la gestión de Bush, se vierte una verdad a medias. La mitad correcta es que se optaba por continuar o no con la forma en que este criminal de guerra encara las batallas contra lo que se define como el enemigo conjunto de Washington (es decir, más o menos todo el mundo).

Y la mitad ocultada es, precisamente, que no había ni hay más que una cuestión de formas. Los yanquis no votaron sobre una marcha atrás u otra adelante respecto de creerse el centro del universo a costa de lo que fuere. Votaron, divididos, acerca de cuál les parece el mejor modo para seguir siéndolo. Y la ratificación histórica consiste en que la alucinación de las masas persiste en mostrarse como hecho factible, si se conjugan determinados elementos que van desde la psicología social hasta la manipulación política.

Un imperio como el norteamericano, con rasgos crecientes de decadencia en su economía, ha recibido el respaldo del voto popular para defenderse de sí mismo contra todo el resto de la humanidad que no lo entienda así. Un país que debe el equivalente a casi el 70 por ciento de lo que produce, que se sostiene financieramente gracias al apoyo asiático, que conserva el poder de la religión del dólar en paralelo a que el dólar es cada vez más un papel pintado, que importa el grueso del petróleo que consume, necesita expandirse por el orbe por vía de su infernal maquinaria bélica.

Conquistar más recursos naturales, más territorio, más regiones. Les cuesta, porque pasaron a vivir aterrorizados. Pero votan por el terrorismo contra los demás (e inclusive a favor de un estado policíaco contra sí mismos, que es quizá la única diferencia apreciable entre republicanos y demócratas porque los segundos son algo más contemplativos de las libertades civiles y los primeros, directamente, una banda de cazadores de brujas).

También en Página/12, un ex subsecretario argentino de Asuntos Latinoamericanos, Alberto Ferrari Etcheberry, manifestó dudar de que “el pueblo alemán esté del todo recuperado de sus responsabilidades por haber llevado a Hitler al poder”, y cree que “algo similar puede pasar con el estadounidense”. En cualquier caso, es de vuelta evidente que los pueblos sí se equivocan. Y gravemente.

Que la civilización avanza y retrocede en forma cíclica y que tanto los avances como los retrocesos son producto de la correlación de fuerzas entre la conciencia de las masas, el resultado de sus luchas y la capacidad de vanguardia de sus clases dirigentes.

De tal conjunción puede dar, por ejemplo en el paraje uruguayo del Río de la Plata, que el pueblo intenta recuperar utopías de solidaridad y justicia social. Y en lo que se cree el núcleo planetario, que es capaz de retroceder hasta los estadíos más salvajes.

Que no hay destino, que nada está escrito, que el hombre choca contra la misma piedra todas las veces que le parezca, que tanto puede alguna vez no haber retorno como conseguirse un escalón superior de la comprensión humana.

Los Estados Unidos terminan de mostrar uno de los rostros más espantosos del hombre, pero eso no quiere decir que algo esté definitivamente dicho. Ningún imperio de la historia fue capaz de perpetuarse, y éste no será la excepción.