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OBSCENO

“Es un poco obsceno lo que pasa con Estados Unidos. Intentan decirnos que las especificidades no importan, que nos adaptemos a su lenguaje.
Negociar con ellos es realmente difícil porque son muy brutos. Si fueran inteligentes podríamos hablar y llegar a acuerdos, pero las ideas que mueven el poder son de otra naturaleza.”
(De Fito Páez al diario El País, sobre los efectos de la globalización.)
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Sana paranoia
Por Sandra Russo
El ministro de Defensa dijo –que indague quien corresponda por qué lo dijo– que este país “se está volviendo inseguro”. Mariano Grondona, después de esa payasada digna de Titanes en el ring que fue montar un debate entre Raúl Castells y Carlos Escudé amparado en la escenografía de las “barbas simétricas”, convocó a su audiencia a participar de la encuesta que está llevando adelante Infobae, cuya pregunta es la siguiente: “¿Está usted de acuerdo en que este país se está volviendo inseguro, como dijo el ministro de Defensa?”.
El zapping condujo, a la misma hora, a América, donde Luis Majul fue cacheteado verbalmente por el padre de Diego Lucena, el chico asesinado en La Matanza, después de un editorial en el que el conductor clamó por orden y racionalidad, sugiriendo que al orden y a la racionalidad los que se le oponen son los amigos y vecinos de Lucena que incendiaron un patrullero. Arrancado, el padre de Diego Lucena le preguntó: “¿Nos habría invitado esta noche si no se hubiese incendiado el patrullero?”. Dijo Majul que se quedó pensando. El debate posterior sobre “la creciente ola de violencia” también fue bizarro, y es que parecen buscarse resultados bizarros. Los debates que propone la televisión de aire no buscan clarificar conceptos ni analizar fenómenos sino replicar los exabruptos que antes encarnaban las chicas Coppola. Patricia Bullrich y un dirigente de Quebracho, qué debate.
En los diarios Clarín y La Nación, sorprendente, impunemente, las producciones periodísticas del fin de semana siguieron la inercia Radio 10, convertida ya en una suerte de soporte de intelectuales orgánicos invertidos.
La “violencia” siguió siendo asimilada al “fenómeno piquetero”, los “cortes de rutas” y la “toma de la comisaría”, como si una muerte de grado menor, una muerte minúscula, coyuntural y sosa hubiese hecho su horrible reingreso en la Argentina. La Nación desplegó profusos artículos para dar cuenta del “borde quebrado” que significó el viernes la “toma de la comisaría” (hay cierto goce en el uso de la palabra “toma”: ella sola reenvía las connotaciones por las que brinda la derecha), pero no abundó en el crimen de Cisneros. Clarín, en su edición del lunes, publicó una página entera con opiniones de políticos y empresarios sobre el “fenómeno piquetero”. Se supone que fueron consultados después del asesinato de La Boca –la edición no dice nada al respecto–, pero sin embargo ni uno solo de ellos hace referencia a la muerte de grado menor, esa muerte minúscula, coyuntural y sosa que se llevó la vida de Cisneros.
Por el contrario, en esa producción aparece Elisa Carrió respondiendo a la pregunta “¿Cómo evalúa los últimos hechos que tienen a los piqueteros por protagonistas?”. Y dice: “En principio, pareciera que se trató de un ajuste de cuentas entre sectores piqueteros”. Su compañero de página, Mauricio Macri, responde a su turno: “Es preciso poner claramente los hechos en palabras. Un grupo de piqueteros, una vez más, se adueñó de la ciudad porque dice estar en contra del Gobierno. Otro grupo tomó una comisaría porque dice estar a favor del Gobierno. La conclusión es clara: tenemos montones de piqueteros, pero el Estado y la ley brillan por su ausencia”.
¿De qué están hablando? ¿Cómo se puede obviar con tanto desparpajo, con tanta sorna, la muerte de un hombre? ¿Qué borde terrible, oscuro y final hay que cuidarse de no pasar en este país si no es precisamente el que separa la vida de la muerte? ¿Por qué mirilla angosta y miserable se puede enfocar la realidad para saltearse, en el análisis de los últimos días, la muerte de Cisneros?
El gran aparato del poder de siempre aparece, esta última semana, dando señales de recuperación, después de un año de zozobra. Confluyen en él nombres y apellidos conocidos y otros que con sus purismos maníacos le vienen al pelo. Confluyen en él los grandes medios de comunicación, desmantelados esta temporada de tanques pensantes y predispuestos para banalizar todo. Un debate entre Castells y Escudé, qué divertido.
¿El Oso Cisneros estaba hecho de otro material que Axel Blumberg? Un asesinato, cualquier asesinato, escandaliza, ¿o hemos sido amaestrados para que sólo nos escandalicen los muertos de los asaltos y de los secuestros extorsivos? La sombra de un asesinato político no parece conmover al Gran Aparato, posiblemente porque el Gran Aparato está despejando el terreno para sigan ocupando las primeras planas los secuestros extorsivos, y sigan ocupando escasas líneas las muertes dudosas. Y esto es escalofriante, toda vez que si esto es cierto, significa que habrá más muertes dudosas.
Hemos llegado a una curva del camino en la que es necesaria tanto la prudencia y la racionalidad como una cuota de sana paranoia. Este país nos habilita para ejercerla con todo derecho.
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Un buen artículo de Washington Uranga
Un excelente artículo a favor de la vida escrito por el periodista argentino Washington Uranga en el diario Pagina 12 de hoy.
Para verlo hacé click aquí.
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Hoy texto.
No es una pálida. Ya van varios post con quejas, puteadas y denuncias. En este caso, para los masoquistas que me pidieron que manden algo mío, aquí va un cuento que escribí hace unos años. El próximo post volveré con lo habitual. Por hoy, un descanso.
Saludos,
Hernán Pablo Nadal (Tao)
msn: hernannadal@hotmail.com
Nocturno Porteño
I
Tres horas había caminado por la noche porteña. Saliendo de su departamento de Corrientes y Esmeralda notó que la avenida ya no era como antes. Su antiguo esplendor transformado en una triste soledad.
Parejas saliendo de teatros, grupos de amigos comiendo en algún restaurante habían mutaron en vagabundos pidiendo limosna y cartoneros juntando en cada esquina papeles y cajas.
Sobre una de las paredes, un cartel medio despegado mostraba la sonrisa ensayada de aquel que antes pedía que lo sigan y ahora, a pesar de haber despedazado el país, insistía con que lo voten para su tercer período.
Ya no había marquesinas, ni luces, ni risas. Corrientes opaca y triste no hacía sino reflejar la desaparición de la alegría de la ciudad.
- Estamos matando a Buenos Aires – pensó, consolándose de compartir, al menos, sus sentimientos con la ciudad.
Después de tanto deambular sin rumbo fue a parar a ese bar. Nunca había estado allí, pero el cartel lo invitó a entrar: “Los mareados”, decía. Su tango preferido como nombre de un café.
Entró serenamente al lugar. Eligió una de las tantas mesas desocupadas y se sentó. Los murmullos de rigor y los acordes de una milonga saliendo de un viejo Winco.
Se acercó el mozo. Vestido de blanco, con un repasador colgado de su brazo, le preguntó que se iba a servir. Siempre que salía con ella tomaba lo mismo. Como no podía ser de otra manera, pidió una ginebra.
La mesa elegida daba cuenta del pasado. Sus anteriores visitantes habían dejado escritos sobre ella algunas declaraciones de amor, escudos de fútbol, símbolos políticos y hasta algún chiste.
Pocas mesas ocupadas, y un tipo que lo miraba sin mucho interés.
Sacó un paquete de cigarrillos, tomó el único que quedaba y lo encendió. Disfrutó cada una de las pitadas, que fue turnando con tragos a la ginebra que le habían servido. Pidió dos más. Aún con la cabeza perdida en alcohol no podía dejar de pensar en la charla con Pamela que había tenido esa tarde.
- Basta. No te quiero más. ¿No entendes? No me jodas. No te quiero volver a ver.
No.
No entendía. Miró su reloj. Las tres de la madrugada. Se dio cuenta que había estado sentado por más de dos horas. Metió la mano en el bolsillo y lo vació sobre la mesa. Unos billetes, un peine y un anillo.“Sobre tus mesas que nunca preguntan lloré una tarde el primer desengaño”. Cansado, dejó caer su cabeza contra la madera gastada. Cerró sus ojos y se durmió.
A pesar de la situación alcanzó a soñar algo.
El mozo lo despertó. Sólo recordó parte de un sueño: la cara de Pamela al momento de rechazarle el anillo de compromiso.
El bar cerraba y era él, el último en irse.
Estaba amaneciendo y le dolía la cabeza.
II
Paró en una farmacia a comprar aspirinas. Compró un paquete, masticó tres y guardó el resto. Siguió caminando. Ahora con un destino: la casa de Pamela
Sus pies pesaban y su frente le dolía. Metió las manos en los bolsillos de su gabán y siguió. Al pasar frente a una vidriera descubrió que el reflejo que su rostro no difería mucho del de los pordioseros de Corrientes.
Pensaba una y otra vez en lo que iba a decir. Imaginó mil respuestas frente a cada una de las posibles preguntas y reproches de Pamela. Ensayando conversaciones, llegó a la esquina de la casa y lo que vio lo detuvo.
Pamela estaba en la puerta, besándose con un hombre. No podía ver sus caras, pero estaba seguro que era ella. Lentamente, fue saliendo de su inmovilidad. Y caminó hacia ellos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para hacer notar su presencia, dejaron de besarse y se miraron.
Ella trató de hablar, pero el hombre se le adelantó. -¿Qué haces acá?- preguntó. Era Sebastián, su mejor amigo. El que lo llamaba hermano.
-¿Qué haces hijo de puta?- Contestó.
Todos callaron. Observó a Sebastián y Pamela tomados de la mano. Sintió ganas de vomitar. De su bolsillo sacó las aspirinas. Estiró el brazo y se las ofreció a Sebastián.
-Tomá gil, agarralas. Las vas a necesitar.
Cerró su campera y se fue cantando:
“los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se me ha pasado
a la cuenta del otario que tenés se la cargas”.



